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7 months ago

La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

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muy importante. Los gobiernos no supieron ver al principio el potencial de la Red, no lo temieron como para prohibirlo, lo que luego traería consecuencias. Como ya hemos visto, la única forma real de evitar que la población la utilice es bloquear la señal en el país. Si hay Internet, hay maneras de evitar la censura. No obstante, un sistema restrictivo con suficiente eficiencia disuade a la mayoría, evitando así una masa crítica que pueda iniciar una revolución o protestas generales. Los jóvenes, más inclinados a la utilización de nuevas tecnologías, gracias a Internet consiguieron, en primer lugar, acceso a información de otros lugares del mundo. Comprobaron que existían otras sociedades y otras formas de gobierno y empezaron a pensar «¿Por qué no nosotros?». La influencia cultural occidental fue más intensa gracias a las películas, la televisión y elementos de ocio sin censurar que se descargaban, que por motivaciones políticas tradicionales. El segundo papel principal lo jugó la prensa extranjera, donde se podían formar opiniones basadas en puntos de vista prohibidos por los regímenes. El depósito estaba lleno de gasolina y solo hacía falta la chispa que la prendiera. Fueron varias. La primera, en Túnez. Desde 1987, el dictador Ben Alí gobernaba el pequeño país de poco más de diez millones de habitantes, apoyado por Estados Unidos y por la antigua metrópoli, Francia. Había sucedido al anterior presidente, el primero desde la independencia treinta años antes, y de la misma naturaleza totalitaria. El cuerpo jurídico y social del sistema se caracterizaba por el favorecimiento del capital extranjero, que poseía numerosos hoteles y negocios turísticos, y por su moderación religiosa. Fue la primera nación norteafricana en prohibir la poligamia y los tribunales tradicionales o habous. Las universidades y escuelas coránicas estaban bajo el control directo del Ministerio de Educación. Más aún, las mujeres gozaban de unos derechos no vistos en el resto del mundo islámico. En 2009 el Foro Económico Mundial consideró su economía como la más competitiva de toda África. El desempleo rondaba el quince por ciento. Por otro lado, su partido ganaba casi el cien por cien de los escaños en cada ocasión y sujetaba a los medios con mano de hierro. El Estado concedía las licencias preceptivas para prensa escrita o radio, que podían ser revocadas. No autorizaba a las que podían ser críticas con su labor. Otra forma de presión era el control de publicidad institucional, que solo era concedida a los medios afines o, al menos, dóciles. La legislación prohibía ofender al presidente del país, alterar el orden público o difundir noticias falsas —desde el prisma gubernamental— lo que, en la práctica, representaba la imposibilidad de contar todo lo que resultase molesto a las autoridades. La vigilancia de Internet era exhaustiva. El país también estaba en la lista negra de Reporteros Sin Fronteras, que lo consideraba en 2009 el más autoritario de la región por la persecución de libertades civiles. Al mismo tiempo, era el que tenía precios más bajos de toda África para acceder a la Red y con una penetración en la población de cerca del treinta y cinco por ciento, superior a la media mundial y mucho mayor que la africana, que apenas superaba el once. Según informa la www.lectulandia.com - Página 202

Iniciativa Red Abierta —OpenNet Initiative, una organización canadiense contra la censura en Internet—, muchas páginas web estaban vetadas, entre ellas las de todos los partidos de la oposición y de organizaciones de defensa de los derechos humanos, como las dos ONG que hemos nombrado en este capítulo, Amnistía Internacional y hasta la Comisión Islámica de Derechos Humanos. Las páginas de descarga de anonimizadores de conexión como TOR también estaban bloqueadas, aunque conseguir el programa por otros medios, como en el caso chino, era relativamente fácil. De hecho, el tráfico en la deep web se incrementó de forma acusada durante las revueltas. Como es tradicional en naciones musulmanas, toda la pornografía y páginas de citas para homosexuales estaban prohibidas. Más llamativo, Facebook también estaba entre las páginas inalcanzables hasta que fue liberado por una orden presidencial, sin dar más explicaciones. En 2010 se bloqueó el protocolo SIP, el utilizado para videoconferencias a través de Skype, que era utilizado en muchos locutorios para las llamadas internacionales. Como consecuencia, se perdieron muchos puestos de trabajo, lo que se sumó a una crisis ya acuciante en el país. De ese control exhaustivo no se salvaban ni servicios en principio privados. OpenNet realizó un experimento en que el activista tunecino Sami Ben Gharbia, que residía en Holanda en esa época, recibió las credenciales para los correos electrónicos de dos colegas suyos que estaban en el país africano y, con su permiso, accedió a ellos. Comprobó que desde Europa se veían mensajes que no aparecían al otro lado del Mediterráneo. Así se demostró que la censura automática llegaba incluso a violar el secreto de las comunicaciones, para lo que se amparaban en una ley de 1998. Los opositores eran perseguidos de manera sistemática. En 2005, el activista tunecino por los derechos humanos Mohammed Abbou fue condenado a tres años y medio de cárcel por publicar un informe en Internet donde se hablaba de la tortura de la que eran víctimas los detenidos bajo el régimen. Wikileaks, de la que hablaremos a continuación, había enviado en el último tercio de 2010 miles de documentos al diario El País —único español entre otros extranjeros— en los que se hablaba de un Túnez enfermo por la corrupción y en que la familia de Ben Alí era una suerte de mafia que incluso falsificaba documentos a voluntad. El embajador de Estados Unidos hasta 2009, Robert Godec, afirmaba en cables dirigidos a sus jefes y filtrados por el mismo medio que el dictador estaba anciano, debilitado por el cáncer y que se pasaba el día jugando con su hijo de cinco años. Describía a su esposa, Leila, como ansiosa de poder y verdadera gobernante que pensaba que iba a heredar el cargo; su marido cumplía todas sus voluntades. Explicaba que el país estaba corrupto hasta la médula, lo que indignaba a la población, junto a las desigualdades regionales y el desempleo. En este contexto, el 16 de diciembre de 2010, en la ciudad de Sidi Bouzid, la policía confiscó el carrito de venta ambulante de un joven universitario en paro, Mohammed Bouazizi. Algunas fuentes afirman que fue porque no había podido pagar el soborno acostumbrado. Condenado a la miseria, se roció de gasolina frente a la www.lectulandia.com - Página 203

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