Views
4 months ago

La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

primera vez la zoofilia,

primera vez la zoofilia, ya que el artículo 337 castiga la explotación sexual de un animal doméstico o amansado. Eso no incluye la distribución o tenencia de ese tipo de imágenes, como sí ocurre en otros países vecinos, como Alemania, Países Bajos o Reino Unido. Por ello, poseer o intercambiar ese tipo de material sigue siendo válido; no así la producción, puesto que se estará entrando en el tipo penal. Para grabar una relación con uno de nuestros primos de cuatro patas, esta tiene que producirse, que es lo que castiga nuestra legislación. Un informe presentado al Congreso por la Coordinadora de Profesionales para la Prevención de Abusos indica que hasta el sesenta por ciento de pederastas y el ochenta y uno por ciento de otros agresores sexuales han practicado zoofilia. Además, deja patente que en muchos casos de maltrato familiar, el agresor viola al animal doméstico como forma de «castigo» a su mujer o al niño. La zoofilia es, por lo demás, un pujante negocio en Internet, con multitud de portales dedicados a la venta de ese tipo de material, además de la notable cantidad de pornografía gratuita que existe sobre el particular. Por supuesto, esto tiene su reflejo en los servicios anónimos de la red TOR, donde hay páginas, rizando el rizo, de necrozoofilia, esto es, donde se tortura y mata animales antes, durante o después de tener sexo con ellos, como NecroZoo o Animal’s Nightmare (pesadilla animal en inglés). Lo que puede preocupar hoy más a un adulto medio, sea hombre o mujer, es la conocida como sextorsión, acrónimo de «extorsión sexual». Grupos organizados, a menudo radicados en el norte de África y el Este de Europa, tienen contratados a hombres y mujeres que se dedican a buscar incautos solitarios por correo electrónico y por las redes sociales. Muchos ciudadanos han recibido un correo en que una hermosa dama o bello efebo afirman haberlo conocido en algún lugar no especificado y les proponen seguir hablando. Si el primo pica, establecerán una relación de amistad que pronto evolucionará hacia sesiones de cibersexo. Sin el conocimiento de la víctima, actuando igual que los groomers que ya hemos visto más arriba, grabarán el vídeo de lo que ocurre y, a partir de ahí, el chantaje pasa a mano de otros miembros de la organización, que van a pedir el pago de cantidades cada vez más altas para no revelar el material del que disponen. Hay que tener en cuenta que las víctimas pueden ser personas con familia, a menudo casadas, a las que su infidelidad virtual puede salirles muy cara. Como de este delito todos podemos ser víctimas, debemos tener en cuenta que las posibilidades de haber ligado con una belleza espectacular de la que no recordamos nada son, como poco, escasas. Aun así, el sufrimiento que podemos tener nunca será, ni de lejos, parecido al de todos los niños víctimas de abusos sexuales que están siendo expuestos en Internet para el deleite de los más depravados. www.lectulandia.com - Página 48

M 3 LA GUERRA NO CONTEMPLADA aher [1] es iraní. Es alto, moreno y luce un rostro afeitado a la perfección, lejos del estereotipo habitual que de su gente tenemos en Occidente. Viste de manera impecable y sus zapatos están impolutos. Hubo un tiempo, en la época de Jomeini, en que un calzado sucio mostraba afección a la Revolución. Todo eso quedó atrás. Estamos en 2010 y él es un técnico nuclear, formado y correcto, que trabaja en el hipervigilado laboratorio subterráneo que el gobierno mantiene en Natanz, un área montañosa a más de trescientos kilómetros al sur de Teherán. En él enriquecen uranio para conseguir una energía atómica que saque a su país del siglo XX. Es un hombre orgulloso de los progresos de su nación y, al mismo tiempo, con la suficiente inteligencia para no creerse muchos de los bulos que emiten las agencias oficiales de noticias. Sabe que son necesarios para mantener enardecida a la población, por ello no los discute. Se limita, si está solo, como en su coche, a encogerse de hombros y sonreír. También es consciente de que la cantidad de isótopos que están obteniendo es muy superior a la necesaria para la utilización civil. Van a construir una serie de bombas para poder hablar de tú a tú con los judíos y las superpotencias. Su mujer no está tranquila. Le pagan bien, pero el riesgo es muy alto. Hace poco que han asesinado al profesor Masoud Alimohammadi al hacer explotar una moto bomba al paso de su vehículo particular. Trabajaba en la universidad. Su aportación al programa nuclear era tan solo teórica. Aun así, esos malditos sionistas habían acabado con su vida. El asesino material, un tal Majid Jamali Fashi, feo, cejijunto, de veinticuatro años, había sido ya detenido y no tardaría en reconocer que recibía dinero del Mossad, el servicio secreto israelí. Morirían más científicos, pero él estaba dos escalones por debajo. Era uno de muchos jóvenes contratados y no era práctico asesinarlos a todos. Saludó al oficial de guardia que le franqueó el acceso al recinto mientras sus ojos se fijaban en los cañones antiaéreos que lo rodeaban. Las instalaciones estaban excavadas en la roca viva. Ningún arma diseñada por el hombre podría penetrar a tanta profundidad como para afectarles. A las ocho en punto, como cada mañana, se sentó frente a la centrifugadora Siemens Simatic S7-300. Tras la consola, separados por un vidrio de seguridad, se extendían cientos de tubos en los que se inyectaba el gas más pesado conocido por el hombre, el hexafluoruro de uranio. Mediante la rotación de alta velocidad, los isótopos más pesados, los U238, quedaban en los extremos y eran desechados, mientras que los más ligeros, los radiactivos U235, flotaban en el centro del aparato y eran recolectados con mimo. Componían el material necesario para entrar en el selecto club de las armas atómicas. Por un momento, pensó que algo iba mal. Parecía que la máquina hacía ruidos www.lectulandia.com - Página 49

la red oscura