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1 week ago

La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

Los países que están

Los países que están en condiciones de ello mantienen grupos gubernamentales de defensa informática, como la Unidad 61398 china o la Oficina 121 norcoreana. La agencia alemana de Inteligencia, el BND, tiene al menos 130 hackers contratados y en Estados Unidos la protección informática forma parte de los cinco pilares de su estrategia defensiva. Irán e India son dos potencias emergentes en este ámbito, en el que Rusia es todo un veterano. Además, para ciertas operaciones se recurre a terceros, de manera que se pueda negar, de forma más o menos plausible, responsabilidad nacional. Ya hemos visto que el país de Putin es uno de los que más recurren a ello, incluso a través de la subvención directa por parte de sus servicios de espionaje, siempre a personal que en primer lugar tiene una alta motivación ideológica. En España, la defensa general contra todo tipo de ciberataques recae en el INCIBE, el Instituto Nacional de Ciberseguridad, con sede en León. Es un organismo participado por la Administración y la empresa pública Red.es y en él trabajan, entre otras personas, setenta informáticos con una alta especialización en seguridad. Son ingenieros de telecomunicaciones, matemáticos y físicos, todos ellos con un amplio bagaje y formación. Son pocos, muy pocos, y esperan que su número aumente en próximos años, dado que las necesidades y los ataques crecen a un ritmo vertiginoso. En los seis primeros meses de 2015 hubo veintitrés mil ataques contra nuestro país. En 2014, último año del que se tienen datos a la hora de escribir estas líneas, hubo dieciocho mil contra individuos o entidades de nuestro país. De estos, quinientos tuvieron por objetivo infraestructuras críticas, como la banca, suministro de agua, puertos y aeropuertos o redes telefónicas. Destacan cuatro contra centrales nucleares y otros tantos contra industrias energéticas, ninguno de ellos de alto riesgo, así como el intento de controlar los teléfonos de cuatro altos miembros del gobierno. La mayoría de los ataques provienen de Rusia y China. El ministro de Asuntos Exteriores, García Margallo, denunció que España es el tercer país que más ciberataques sufre en todo el mundo, después de Estados Unidos y Reino Unido. La inmensa mayoría de las veces no se corresponden con casos de ciberguerra, sino con delincuencia normal, como el robo de credenciales bancarias o de datos almacenados en un equipo. Son más peligrosos los intentos de tomar el control de un ordenador sensible y así introducirse en un sistema informático. Los ataques de denegación de servicio, aunque comunes, son más una molestia que un riesgo cierto. Los profesionales españoles deben pasar duras pruebas de acceso para trabajar en INCIBE, como saber colarse en una red protegida, detectar vulnerabilidades, descubrir cómo se ha construido un malware a partir de sus efectos —la denominada ingeniería inversa— o saber realizar análisis forense de incidentes. YIHADISMO E INTERNET: CUANDO LA DOCTRINA CHOCA CON LA NECESIDAD www.lectulandia.com - Página 62

El endurecimiento del Código Penal de España en 2015 convierte en delito el hecho de consultar webs de contenido yihadista de forma habitual, por lo que, como en el capítulo anterior, recomiendo a los lectores que se abstengan de buscar esos contenidos para evitarse posibles disgustos. Con el advenimiento del nuevo milenio, el fundamentalismo islámico ha experimentado un notable auge. Las interpretaciones más estrictas del Corán han ganado preeminencia en muchos países de la franja que va de Egipto a Paquistán y Afganistán. El Islam es más que una religión, está destinado a regir toda la vida del creyente, la interior y la exterior, la política y la espiritual. Esta aproximación holística hace que sea muy difícil una democratización al estilo occidental. El judaísmo y el cristianismo han implantado la separación Estado-Iglesia. Entre los musulmanes no existe tal distinción, porque es herética. No es tampoco una religión unida. Si bien todos sus fieles profesan las mismas creencias básicas, hay dos ramas principales, la mayoritaria suní, que representa el ochenta por ciento de los creyentes, y la chií, que apenas supera un diez, centrados casi en exclusiva en Irán, zonas de Iraq y Siria. Desde que se estableció el cisma, en el año 680, con la batalla de Kerbala —ganada por los primeros—, ambos grupos no han parado de matarse a la menor ocasión. Aunque hay diferencias menores, la principal consiste en la autoridad que los minoritarios dan a sus imanes, que consideran guías infalibles de la comunidad y, por tanto, tienen un mayor poder de influencia sobre el pueblo. Un chií irá o dejará de ir a la guerra santa si sus líderes religiosos se lo ordenan. Las organizaciones terroristas con estas raíces, como la libanesa Hezbolá, mantienen una jerarquía que la hace actuar al unísono, sin sorpresas. El sunismo, por contra, no reconoce intermediario entre Dios y los hombres. Cada cual debe interpretar el camino a la salvación siguiendo los seis pilares del Islam, uno de los cuales es la yihad o guerra santa. Dentro de esta corriente es aún más duro el wahabismo, mayoritario en Arabia Saudí, que supone un cumplimiento estricto de la sharia, ley islámica que no se diferencia mucho de códigos de justicia medievales europeos y que implica mutilaciones y decapitaciones por crímenes como la homosexualidad o el adulterio. Su otra característica es el expansionismo radical de su fe por todo el mundo, por la fuerza si es necesario. Los dos grupos terroristas más peligrosos del siglo XXI pertenecen, por tanto, a esta facción. El primero, el celebérrimo Al Qaeda, fue fundado por el multimillonario Osama Bin Laden, ya fallecido, para oponerse a la invasión soviética de Afganistán en los años setenta y ochenta y, desde ahí, evolucionó a sus posiciones antioccidentales de hoy. No hay que entenderlo como una organización cerrada con mando sobre todos sus acólitos. Ya su propio nombre, que se podría traducir como «La Base», en su acepción de grupo de creencias básicas a seguir por los militantes, nos indica su propósito. Para ser miembro de la red terrorista no es necesario www.lectulandia.com - Página 63

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