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La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

naturaleza tal vez fuera

naturaleza tal vez fuera mucho más retorcida. Desde el principio estuvo sumido en la polémica, debido a que solía exponer imágenes de víctimas sin su consentimiento (cuando estaban vivas) ni de sus familiares, como hizo con las del huracán Katrina que asoló Nueva Orleans en 2002. El año anterior ya había entrado en la infamia al mostrar las fotografías de los ciudadanos que, durante el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, decidieron saltar al vacío en vez de enfrentarse a las llamas que las devoraban tras la colisión de los dos aviones. La prensa estadounidense había decidido no publicarlas. Debido a esta exposición en Ogrish, su autocensura no sirvió de nada y no tardaron en aparecer vergonzantes montajes en los que se hacía burla de los fallecidos. Las decapitaciones de extranjeros en Iraq alimentaron sus páginas durante los siguientes meses. Tras mostrar el vídeo en que se podía ver la del misionero surcoreano Kim Sun-Il en 2004, hackers de aquella nacionalidad atacaron el servidor, dejándolo sin servicio durante un tiempo. En 2005, un grupo de protección de la infancia alemán encontró un resquicio por el que limitar sus actividades. La legislación exigía a cualquier página que ofreciera contenidos para adultos una verificación de edad, para evitar que los menores accedieran. Como no era el caso, la justicia ordenó el corte del acceso al sitio, para lo cual se bloqueó la IP que utilizaba desde los proveedores de servicios de Internet. Uno de ellos Level3, ubicado en Frankfurt, daba servicio a los Países Bajos, Francia, Polonia, Italia y Suiza. Todos esos países también se quedaron sin poder verla. Al final, en noviembre de 2006 la página se integró en otra, que hasta hoy continúa funcionando, LiveLeak —algo así como «goteo de vida»—, que había sido fundada un mes antes por el mismo equipo de Ogrish, con pretensiones de sitio de noticias y una enorme cantidad de vídeos que hace difícil encontrar los contenidos más repugnantes, que, de hecho, solo están disponibles para aquellos que se registran en la web. De esta manera ha conseguido una cierta legitimación que no tenía su predecesora, aunque, como aquella, ha rechazado retirar esos contenidos cuando se le ha solicitado. En palabras de su cofundador, Hayden Hewitt: «Esto está pasando, es la vida de verdad, vamos a mostrarlo». LiveLeak afirma que colabora con la justicia; si quien sube las imágenes —homicidios, incendios, etc.— es el responsable de hacerlas, entregará los datos de los que disponga a las autoridades correspondientes. Sin embargo esto no siempre ha sido así y Ogrish no ha contestado a las requisitorias, por ejemplo, de la Audiencia Nacional de España. Y es que nuestro país había vetado el acceso a la página un año antes que Alemania, aunque aquellos con unos ciertos conocimientos de informática se podían saltar la prohibición de una forma más o menos fácil. El 11 de marzo de 2004, entre las 7.36 y las 7.40 de la mañana, unos terroristas islamistas detonaron diez mochilas-bomba —más tres que fallaron y fueron recuperadas por la policía— en cuatro trenes de cercanías de Madrid, todos ellos con destino final en la estación de Atocha. Asesinaron a ciento noventa y dos personas e www.lectulandia.com - Página 72

hirieron a casi dos mil. Desde el momento en que se supo del ataque, centenares de miembros de los servicios de emergencia acudieron a ayudar, hasta que el centro de coordinación impidió que acudiera más gente. La ciudad es muy grande y hacía falta que siguiera atendida. El 22 de octubre de ese mismo año, en Ogrish.com apareció una serie de treinta y cuatro fotografías «exclusivas», muy gráficas, con restos de los fallecidos. Torsos desmembrados o carbonizados, cabezas guardadas en cajas de cartón y un largo catálogo del horror que se vivió aquel día. El juez de la Audiencia Nacional instructor del sumario del 11-M, Juan del Olmo, contactó con la Brigada de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional, a la que ordenó que esclareciera los hechos. A requerimiento de esta, emitió un auto solicitando a Ogrish que retirase de manera inmediata esos contenidos y que le remitiese los datos disponibles sobre quien se las había entregado. La página se negó, amparándose en que mostrar tales horrores no violentaba la legislación de Holanda ni de Estados Unidos. En sentido estricto, tampoco la española. Mostrar cadáveres no es delictivo, todo lo más un ilícito civil —pecuniario y de obligación de eliminar las fotos— que pueden reclamar los familiares en un proceso largo, costoso y no siempre triunfante. Sin embargo, como por aquel entonces el sumario estaba declarado secreto, esas imágenes estaban, de hecho, violando la disposición judicial y su publicación se entendió como una obstrucción a la justicia. Así, pues, mientras la BIT se lanzaba a la investigación, el magistrado ordenó, como ya hemos visto, que se clausurase el acceso a la web desde España, de lo que también se encargó la policía, que contactó con cada una de las empresas que proporcionaba servicio directo de Internet en el país, y establecieron medidas para impedir su visualización. De este modo, solo utilizando proxies situados en el extranjero podría un nacional acceder a los contenidos vedados. Una medida, en principio tan polémica que podría entenderse como censura por algunas organizaciones, fue aplaudida incluso por la siempre crítica Asociación de Internautas, cuyo presidente, Víctor Domingo, afirmó a la agencia EFE que Ogrish respondía solo a la «satisfacción morbosa» del espectador. Los especialistas de la BIT, mientras tanto, estaban trabajando. Partían de la base de que quien había realizado esas imágenes debía estar autorizado para pasearse por el lugar, dado que se veían bomberos, policías y sanitarios y nadie reparaba en el cámara, algo extraño de haber sido un civil sin permiso. Realizaron un pormenorizado estudio del contenido de aquella web, que, como es obvio, supuso una prueba difícil, dada la naturaleza de lo que en ella se mostraba. Encontraron otra serie de fotografías originadas en España. Habían sido tomadas en un accidente de tráfico. La pasajera, una niña, había impactado con el guardarriel y resultó decapitada y con el brazo izquierdo amputado. Las imágenes mostraban la cabeza en la cuneta y el miembro seccionado en el asfalto, así como el turismo volcado y un camión de bomberos madrileño; el cuerpo aparecía cubierto por una sábana blanca que era levantada para realizar la instantánea. www.lectulandia.com - Página 73

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