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La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

en el pequeño pueblo de

en el pequeño pueblo de Taroms’ke, en Ucrania. Se encontraba jubilado por un cáncer de garganta, pero se negaba a considerarse inútil, por lo que realizaba pequeños trabajos domésticos allí donde se le requería. Tenía dos hijos y un nieto, y se hacía cargo de su madre, discapacitada. El 12 de julio de 2007 se había marchado de casa en su motocicleta para repostarla y después visitar al pequeño. Para ello tenía que pasar por un área deshabitada, de donde nunca salió. Fue hallado cuatro días después, con la cabeza destrozada y ya en estado de descomposición. Las andanzas del par no duraron mucho más, ya que el 23 de julio fueron arrestados cuando intentaban vender el teléfono móvil de otra de sus víctimas. El dependiente les pidió que lo encendieran para ver si funcionaba y, al hacerlo, las autoridades pudieron triangular su posición. Uno de los asesinos, junto a un encubridor, fue arrestado al lado de la caja registradora y el segundo poco después en su domicilio. Se llamaban Viktor Sayenko e Igor Suprunyuck, ambos de diecinueve años, amigos desde que empezaron a ir al colegio. Aquel del martillo no había sido su primer crimen, sino ¡el undécimo! Todavía asesinarían a otras diez personas en una loca carrera hacia ninguna parte que habían comenzado el 25 de junio. Veintiuna personas asesinadas en menos de un mes. El vídeo del homicidio fue exhibido durante el juicio oral, en la audiencia pública que tuvo lugar el 29 de octubre de 2008, para horror de la concurrencia. En diciembre de ese mismo año, llegó a Internet, donde todavía está presente hoy, ya sin necesidad de una búsqueda exhaustiva. La novia de uno de los acusados, condenados a cadena perpetua —el encubridor, Alexander Hanzha, cumple nueve años por varios atracos anteriores—, afirmó que los dos chicos estaban produciendo un total de cuarenta vídeos snuff por encargo de un desconocido millonario dueño de un sitio de la deep web. La hipótesis se descartó durante el juicio porque no se encontró ni un indicio de ello, a pesar de que el abundante material informático que se les incautó fue estudiado en profundidad y no hacían esfuerzos por esconder sus fechorías. También había grabaciones de la mayoría de las otras muertes que causaron, hasta de animales. En uno de estos casos, crucifican a un gato al que luego disparan con balines y amordazan porque les molestaban sus maullidos. El recurso a un indemostrable contrato para hacer vídeos snuff es habitual en esta clase de homicidios causados por psicópatas de manual, como una forma de buscar una explicación a lo que no la tiene en nada más allá de la maldad humana. Con los trágicos asesinatos de las niñas de Alcácer, ocurridos en 1993, sucedió algo parecido. Según confirma la sentencia, dos delincuentes habituales, Miguel Ricart y Antonio Anglés, secuestraron a Miriam, Toñi y Desirée, de catorce y quince años, a las que violaron, torturaron, asesinaron y luego enterraron parcialmente y quemaron los restos. El crimen tuvo una gran repercusión en la época y su cobertura mediática se considera el nacimiento de la telebasura en España, en especial por el tratamiento que Antena 3 dio al suceso. www.lectulandia.com - Página 78

En 1997, en el magazine nocturno Esta noche cruzamos el Mississipi, presentado por Pepe Navarro, Fernando García, padre de una de las fallecidas, y el criminólogo Juan Ignacio Blanco acusaron sin pruebas a una variedad de políticos y empresarios valencianos de pertenecer a una trama dedicada a la producción de ese cine, que habría sido el principal causante de la muerte de las adolescentes. Estas afirmaciones se repitieron en la televisión valenciana. Como resultado, ambos fueron condenados por calumnias a varios años de prisión y a fuertes indemnizaciones, que superaban los doscientos mil euros. Hasta la fecha no ha aparecido ni un solo fotograma de la supuesta película snuff. Ni de esa ni de ninguna otra, a pesar de que los especialistas en identificación de víctimas de las policías de todo el mundo, coordinados por Interpol, los buscan de forma activa. Eso no quiere decir que no existan intentos más o menos exitosos de colar como reales lo que no son más que filmaciones falsas. Varias de ellas incluso parecían tan reales que han tenido repercusiones legales. Todavía hoy es habitual ver en las páginas web de fundamentalistas cristianos y activistas islamófobos una muy desagradable imagen que muestra lo que parece una mujer joven semidesnuda, muerta y ensangrentada, tumbada en una cama y con un crucifijo de madera de grandes dimensiones incrustado en la boca hasta la garganta. Dependiendo de la época y el lugar, ese presunto asesinato se atribuye a los Hermanos Musulmanes en Egipto en 2011, a Al Qaeda en Iraq en 2012 o al Estado Islámico en Siria en 2014, acompañado de un texto que, entre soflamas xenófobas, afirma que era una joven cristiana que fue violada y ejecutada por veinte varones yihadistas. Interpol ya tenía conocimiento de esos hechos en una fecha tan anterior como 2006, cuando un ciudadano austriaco entró a la página web del artista quebequés, profesional de los efectos especiales, Remy Couture y encontró un sórdido vídeo llamado Inner Depravaty (Depravación interna), junto con cerca de mil fotografías. Todas ellas mostraban aparentes torturas y asesinatos de mujeres. Incluían heridas muy llamativas y graves, así como vísceras extraídas de los cuerpos. También estaba el presunto homicida, enmascarado cuando su cabeza era visible, inyectándose heroína o haciendo gestos de desesperación. El examen de los expertos mostró que no había manipulación fotográfica alguna, por lo que el caso se remitió a Canadá para su investigación. No tardó en descubrirse que las actrices que aparecían, que se hacían llamar Amellya, Anne Marie D. y Sophie R., estaban vivitas y coleando y que Couture era un consumado artista del maquillaje cinematográfico. Después de todo, es su forma de vida y ha participado en quince producciones diferentes en ese campo, la mayoría de ellas cortometrajes. No había muerte alguna y no se había pretendido que la hubiera jamás; tan solo era una película gore más. Eso no fue suficiente para las autoridades del país norteamericano, que lo acusaron en 2009 de atentar contra la moral debido a que sus obras podían incitar a terceros a llevar a cabo esas atrocidades de manera real. Después de tres años, fue absuelto de todos los cargos e Inner www.lectulandia.com - Página 79

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