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2 months ago

La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

horrorizados por lo que

horrorizados por lo que veían, lo denunciaron de forma anónima. La mayor parte de los que abusan de menores racionalizan su conducta entendiendo que es «consentida» y se lleva a cabo «por amor», así que el maltrato les repugna. Hay una pequeña parte de ellos, sin embargo, que no solo se excitan con esas barbaridades, sino que estarían dispuestos a pagar por ellas. Los policías se temían que Daisy’s Destruction, como se llamaba aquel catálogo de horrores, estuviera dirigido a esa audiencia. Un agente holandés creyó entender alguna palabra en su idioma y de inmediato los Países Bajos lanzaron todo su esfuerzo para tratar de ponerle un nombre a la voz, en especial después de que una copia del vídeo fuera encontrada en poder de un detenido por poseer vídeos de explotación sexual de menores. Inútil. Todavía no lo sabían, pero el idioma que se hablaba era bisayo, originario de varias zonas del Pacífico, sobre todo Filipinas, Indonesia y Malasia, algo que quedaba patente por los rasgos físicos de las dos personas que aparecían en el vídeo. Por ello, la Policía Federal Australiana, uno de los puntales del Grupo y el más cercano a la zona, empezó a tomar cartas en el asunto, en especial en la antigua colonia española, el objetivo más probable. Aun así, el tiempo pasaba y no se conseguía encontrar ni un solo rastro fiable. NLF era muy cuidadoso y no se encontraba ni un solo rastro fuera de TOR que pudiera llevar a su ubicación. La suerte no es eterna. No lo es para nadie y a veces el exceso de confianza se paga caro. Así pasó en septiembre de 2014. Filipinas es un país que está formado por varias islas. En una de las más grandes, Mindanao, se ubica la ciudad de Cagayán de Oro, cuyo nombre refleja la influencia colonial española. En ella vivían Daisy y Queenie, dos primas que entonces tenían diez y once años. Una mujer, alta y delgada, muy guapa, se acercó a ellas mientras se encontraban, solas y hambrientas, en un centro comercial, no demasiado lejos del mercado tradicional en el que trabajaban sus padres. Entre sonrisas, les ofreció comida, algo que las pequeñas no dudaron en aceptar. Después de llenar el estómago en un restaurante cercano, su benefactora, que dijo llamarse Ángel, las invitó a acudir a su casa, donde recibirían más. Las dos pequeñas, entusiasmadas, la siguieron por las callejuelas de la ciudad hasta la parte occidental, donde nuestro conocido El Americano las esperaba en una casa con jardín que tenía alquilada. Era, como se ha dicho, un tipo alto y desgarbado, de nariz grande, tez pálida, labios finos y pelo canoso que fumaba mucho y tenía una sonrisa que solo sabían definir como «malvada». Las invitaron a tomar un baño, algo que ambas hicieron encantadas. Esa fue la primera vez que notaron algo extraño, dado que les pareció que el hombre las estaba grabando. Después de eso las condujeron al jardín, protegido por vallas de la curiosidad vecinal, y las obligaron a hacer sendos agujeros, actividad que sería la principal durante los cinco siguientes días. Ambas niñas estaban convencidas de que lo que estaban cavando eran sus tumbas. Después, agotadas, las obligaron a besarse y, acto seguido, a practicarle sexo oral a El Americano mientras Ángel los grababa. Los hechos habían sido tan horribles que aquella noche, atadas y con una correa de perro en el cuello, ambas consideraron el www.lectulandia.com - Página 82

suicidio. Las barbaridades aumentarían en las siguientes jornadas, mientras los hoyos del patio seguían creciendo día tras día. En una ocasión, como Daisy no paraba de llorar mientras el tipo la violaba, Ángel le puso un almohadón en la cara para sofocar sus gritos. Aunque estuvo a punto de asfixiarse, la agresión sexual continuó. La tercera noche las obligaron a beber alcohol hasta perder el conocimiento. Cuando despertaron al día siguiente, estaban cada una dentro de la cavidad en la que trabajaban, como si fueran a ser enterradas vivas. Los dos adultos les contaron que eso les había pasado por llorar sin parar y querer estar «con su mamá». El cuarto fue una pura tortura. Por la mañana, tomaron fotografías de cómo cavaban sus futuras tumbas y luego las ataron de pies y manos con cintas de nailon hasta inmovilizarlas por completo. El último día se les abrió el mundo cuando las dos primas se dieron cuenta de que la puerta estaba abierta y no había nadie vigilando. Ambas salieron corriendo y no pararon hasta llegar al mercado en el que se ganaba la vida su familia, que en todo ese periodo se había desvivido por encontrarlas y se temía lo peor, como había estado tan cerca de pasar. De inmediato contactaron con la policía, que envió efectivos a la casa alquilada. Cuando llegaron, El Americano y Ángel habían huido a toda prisa, dejando allí evidencias de sus horribles crímenes, incluidas las ominosas excavaciones del corral. No mucho tiempo después de esos hechos, la policía filipina consiguió atrapar en Cagayán de Oro a la joven, cuyo nombre real, como dijimos, era Carme Ann Álvarez. Ella misma había sido una víctima cuando el violador la secuestró. Entonces tenía trece años. Desde ese momento no había conocido otra vida que la de los abusos sin fin, hasta el punto de racionalizarlos como algo normal, dado que era lo que había visto durante la última niñez y la adolescencia. Cuando llegó a los diecisiete, El Americano le dijo que ya no servía para seguir saliendo en los vídeos que vendía y su trabajo pasó a ser encontrar otras niñas a las que raptar. No tuvo muchos problemas en contar hasta el último detalle, dado que no entendía del todo la maldad de sus actos con la mayoría de edad recién estrenada y la educación disfuncional que había recibido por parte del monstruo, que, después de todo, era australiano, Peter Gerald Scully, de cincuenta y un años de edad. También habló de una segunda mujer, conocida como Lovely —Adorable—, algo mayor que ella y con la misma historia a cuestas. De hecho, era ella la que aparecía azotando al bebé en el infame vídeo. Al estar presente uno de sus nacionales, la Policía Federal del país del canguro recibió una solicitud del NBI filipino —National Bureau of Investigation, Oficina Nacional de Investigación, equivalente al FBI estadounidense— para colaborar, algo que estaban más que dispuestos a hacer. En primer lugar, descubrieron que el delincuente era conocido allí, un estafador que había defraudado casi tres millones de dólares a veinte inversores y, al ser acusado por la Corte de Melbourne en 2011, tras dos años de investigación, abandonó el país a toda prisa, con destino Manila. www.lectulandia.com - Página 83

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