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La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

el descaro del mundo.

el descaro del mundo. Fue significativo el caso de un chaval de trece años que ofrecía tres mil euros para acabar con la vida de su profesora, hasta que la BIT lo identificó y comunicó los hechos, que acabaron con la expulsión del menor y la preocupación de sus padres. En conclusión, no es fácil contratar a un asesino a sueldo por Internet, a pesar de los muchos anuncios que haya en foros especializados en ello de la red TOR. EL OSCURO MUNDO DE LO INDECENTE No podemos acabar un capítulo dedicado a la muerte en Internet sin dar un paseo por alguna de las mentiras más elaboradas que han existido, una vez apartados los falsos casos de snuff de los que hemos hablado anteriormente. Uno de los más sonados fue la web Manbeef.com, que se podía traducir como «hombre ternera» y que prometía la venta de carne… de seres humanos. En su web, que se lanzó en 2001, se podían ver los blisters que ofrecía con costillas, chuletas de pierna, etc. Todo muy limpio y aséptico, tanto que se podían confundir con despiece de cerdo en lugar de hombre. Cada tipo de corte tenía su precio y su peso correspondiente. Sus misteriosos promotores contaban que obtenían la carne de personas «en buen estado de salud» de diferentes lugares del globo, aunque no había forma alguna de adquirirla a través de su página. Tan solo se podían adquirir mercaderías relacionadas, como camisetas o tazas. Llegó a tener medio millón de visitas diarias y, en los foros más retorcidos, los clientes potenciales buscaban alguna manera de conseguir unos trocitos para la barbacoa doméstica. Tal fue el revuelo que el Departamento de Alimentos y Medicina de los Estados Unidos, el equivalente a nuestro Ministerio de Sanidad, lanzó una investigación en profundidad que determinó que, de hecho, no se vendía carne humana por ningún sitio. Abrumados por el sorpresivo éxito, los webmasters salieron a la luz. Eran dos jóvenes, Chris Ellerby y Joseph Mallett, cuyo propósito tan solo había sido provocar a los internautas más sensibles, aunque en realidad lo que consiguieron fue poner en evidencia a un montón de tipos deseosos de convertirse en caníbales sin riesgo alguno. www.lectulandia.com - Página 88

A 5 LOS NEGOCIOS ILEGALES ustralia es un país complicado para que un pequeño camello se gane la vida. Es una isla que está lejos de casi cualquier sitio. Las drogas han de venir de otros continentes, por lo que son caras y obtenerlas, arriesgado. El gobierno no duda incluso en utilizar la aviación de guerra para hundir los barcos que traen la preciosa mercancía. El negocio de Paul Leslie Howard, de treinta y dos años, dedicado a la venta online acababa de quebrar. Su mujer también estaba en paro y no veía forma alguna de salir adelante de forma legal, menos aún con la crisis rampante que ahogaba la economía en aquel 2011. Decidió aprovechar sus conocimientos en Internet y en el mercadeo electrónico para mirar al futuro con entusiasmo. Conocía la red TOR y no tardó en encontrar un auténtico supermercado negro conocido como Silk Road (la Ruta de la Seda, en inglés, como homenaje a los caminos comerciales que unieron Europa con el Lejano Oriente desde tiempos de los romanos). Entre sicarios, armas y otros objetos peligrosos, lo que más le llamó la atención fueron los estupefacientes. Además de ser los más abundantes y lo que más éxito tenía, su precio era barato para los estándares europeos, mucho más para la tierra de los canguros. Ofrecían envíos a cualquier parte del globo con cargos razonables y las opiniones de los clientes eran más que satisfactorias. Hizo sus primeros pedidos de comprobación, que llegaron vía postal a su domicilio en sobres discretos que simulaban tener correspondencia. La pureza era extraordinaria. Así, se lanzó a un lucrativo negocio que le proporcionó miles de dólares en poco tiempo. Los envíos le llegaban en diversos envoltorios, desde cajas para DVD hasta en tarjetas de felicitación e incluso dentro de un termómetro. Llegaban de Holanda y Alemania. Cada vez fue aumentando su oferta, que incluía sobre todo éxtasis y cocaína, aunque también LSD. Tenía dos teléfonos móviles con los que canalizaba los pedidos que iba recibiendo, casi siempre a través de mensajes de texto. El negocio iba viento en popa. Hasta empezó a revenderlas en el mismo portal ilegal donde las adquiría. Sus compradores recibían en sus pantallas escritos como «tengo cinco mil dólares en cocaína, si te interesa» o «promociona más el LSD; la semana pasada vendí 200 dosis». Todo sin salir de su casa y casi por los mismos medios que usaba en su quebrada empresa legítima. Demasiado llamativo para la Policía Federal Australiana, que empezó a seguirle la pista y detectó hasta once envíos diferentes, sin contar todos los anteriores. El 12 de julio de 2012 registraron su domicilio y se llevaron catorce gramos y medio de cocaína y casi cincuenta de MDMA (el principio activo del éxtasis). Poca cantidad, pero comprensible, dado que lo remitía al poco de recibirlo. Funcionaba bajo demanda, con un bajo o inexistente almacenaje. También tenía balanzas de precisión, bolsitas autosellables, dos mil trescientos dólares www.lectulandia.com - Página 89

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