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La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

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para colaboraciones anónimas antidroga@policia.es. Al principio, parecía que los responsables podían ser como el australiano con el que hemos empezado el capítulo, que comprasen el material a un minorista que se anunciase dentro de alguna página estilo Silk Road —por entonces ya desmantelada, pero que no ha tardado en tener sucesores— y luego lo revendiese. Novedoso, pero nada extraordinario por su volumen. Sin embargo, las investigaciones apuntaron a un grupo organizado con más recursos de los esperados. Tenían entre los suyos a un empleado de una compañía aérea y a otro de una de mensajería. Entre los dos conseguían introducir en España la sustancia camuflada como paquete postal. Otras remesas llegaban vía muleros — gente que la introduce en su cuerpo y luego la expulsa en destino o la lleva entre sus pertenencias—. Uno de estos cayó en Guayaquil (Ecuador) con nada menos que nueve kilos. En el aeropuerto de Madrid se interceptaron tres envíos que sumaban otros cinco, destinados a otros tantos miembros de la red que vivían en Madrid y Santander. Más tarde se logró atrapar a dos camellos que viajaban con un par de kilos desde Torrevieja (Alicante) hasta la localidad madrileña de Alcobendas, en la que se halló un centro de adulteración. Allí mezclaban la cocaína con otras sustancias más baratas —lo que se conoce como cortarla en el argot—, de manera que duplicaban o triplicaban la cantidad a costa de una disminución equivalente de su pureza. Al venderla en Internet por el precio minorista del producto original, multiplicaban sus ganancias. Una vez ubicados todos los miembros de la trama, se realizaron las detenciones y los registros en sus domicilios en los que se encontraron dieciséis kilos y medio adicionales, cuatro vehículos, dos armas blancas y su medio de trabajo, cuarenta teléfonos móviles —los delincuentes suelen tener multitud de líneas al mismo tiempo para contactar con sus clientes y dificultar que se los pinche la policía — y tres ordenadores portátiles con los que colgaban los anuncios y respondían a los correos electrónicos. Desde hace años, y cada vez con más intensidad, la policía mantiene una vigilancia continua sobre los posibles artículos de venta ilegal que se lleva a cabo desde proveedores españoles. Además, colabora con las organizaciones internacionales para la localización y arresto de los que son detectados en el extranjero. La red TOR, Freenet, I2P son un nuevo desafío, pero en ningún caso representan una impunidad absoluta. EL CASO SILK ROAD TOR es, entre otras cosas, un gran mercado de ilegalidades sin control alguno. Amparados en la falsa sensación de impunidad, desde pequeños delincuentes a grandes traficantes ofrecen sus productos y servicios a cambio de monedas virtuales, sobre todo la famosa Bitcoin. ¿Quieres desactivar la página web de un negocio rival? Lo puedes conseguir por poco más de diez euros por hora. ¿Quieres convertirte en un www.lectulandia.com - Página 94

spammer y enviar publicidad de tu empresa a un millón de correos electrónicos de todo el mundo? Hecho, si pagas entre trescientos y ochocientos euros. ¿Quieres datos de una tarjeta de crédito o de una cuenta de PayPal para comprar en nombre de un tercero, y con sus fondos, no con los tuyos? Lo tienes desde un euro para datos antiguos —de más de un día desde que fueron robados— hasta trescientos por una Visa Platino recién sustraída y sin límite de gasto. Si lo tuyo es la documentación falsa, puedes tener un permiso de conducción para el país de tu elección por cincuenta euros para las falsificaciones más burdas, hasta dos mil quinientos para un carné indistinguible —más o menos— de uno real. ¿Un arma de fuego? Puedes adquirir las más baratas por poco más de cien dólares, aunque lo complicado, por lo menos en España, es hacértela llegar a través de la aduana. Y, sobre todo, en TOR se vende droga, de todos los tipos y de gran calidad, sobre todo al consumidor final o pequeño traficante. Por ejemplo, en Alphabay, uno de los mercados punteros de productos ilegales en 2015, donde hay vendedores que envían a todo el mundo, el gramo de cocaína ronda los setenta euros, algo más del precio medio en España, que está en torno a sesenta, pero mucho más barato que en Estados Unidos, donde pasa de los ciento ochenta, o de Australia, donde cuesta más de doscientos. Un coste similar al de la heroína, que se dispara en el país austral hasta los trescientos setenta. El cannabis se obtiene a unos tres euros el gramo, parecido al precio europeo y de nuevo lejos de los catorce de Norteamérica o diecisiete de Oceanía. Aquí, por tanto, hay poca diferencia económica al adquirir las sustancias al camello habitual del barrio o hacerlo en uno de estos con nombres tan poco discretos como «Drogas desde Alemania»… salvo por el control de calidad y la devolución del dinero en caso de insatisfacción. Estos mercados solo hacen de intermediario. De una manera muy parecida al portal de subastas eBay, los vendedores, que son particulares no asociados con la web donde se alojan más allá de pagar una comisión por venta efectuada, reciben un voto por cada intercambio, que puede ser positivo, negativo o neutral. Se valoran factores como la calidad del producto, la discreción o rapidez en el envío. Un comerciante que está empezando lo tendrá difícil hasta que obtenga las suficientes aprobaciones de sus compradores. Uno que haya sido rechazado por la mayoría tendrá muy difícil hacerse un hueco en el mercado. La consecuencia inmediata de esto es que la calidad de los estupefacientes adquiridos online está muy por encima de sus equivalentes físicos, como ha podido comprobar el laboratorio español Energy Control, que se dedica a analizar la pureza de todo tipo de sustancias ilegales que son remitidas por particulares de todo el país. Si vendieran productos adulterados, caerían con rapidez en su prestigio y, por tanto, en sus ventas. Muchos de estos pequeños traficantes, además, ofrecen un servicio de reembolso con condiciones acordadas de antemano. Pueden especificar que, si no quedas satisfecho, te devuelven el cuarenta por ciento de lo pagado o hasta el total si eres su cliente habitual, con al menos diez transacciones. Ante estas ventajas, en nuestro país la compra por Internet ofrece grandes ventajas; a un adicto estadounidense o australiano www.lectulandia.com - Página 95

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