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P. La teoría del

P. La teoría del desarrollo del conocimiento, de la embriología de la inteligencia, ha servido para planificar áreas muy diversas en el campo de la ciencia. ¿Cuáles han sido sus aplicaciones principales? R. Todos los ámbitos. La enseñanza de las matemáticas, por supuesto. Y la enseñanza del espíritu experimental, que se olvida demasiado en las escuelas. Con mis métodos, los niños aprenden sólos a experimentar, mientras que en muchos centros escolares, el que experimenta es el profesor, mientras le miran sus alumnos. Y esto no es lo mismo. A los niños que hemos estudiado mi colaboradora Bärbel Inhelder y yo, les planteamos un problema y ellos buscan el método experimental. P. A los niños hay que dejarles desarrollar el conocimiento. R. Por supuesto. Todo lo que se le enseña a un niño se le impide inventarlo. P. ¿Los niños que usted ha conocido inventan muchas cosas? R. Es la edad creadora por excelencia. Luego, cuando están intoxicados por la escuela secundaria, no vuelven a inventar nada. P. ¿Cuál es la importancia que da a la educación, a la pedagogía en la formación del niño? R. La importancia de la educación es enorme. Pero es necesario que esté bien dada. Ahora, ¿cuáles son los buenos y los malos métodos? No estoy al corriente, no me he vuelto a ocupar de ello desde hace veinte o treinta años. P. A usted se le ha comparado con Freud en cuanto a lo que ambos representan en el área del estudio psíquico del siglo XX. ¿Cuál es el punto de unión entre la adquisición y desarrollo del conocimiento y el psicoanálisis? R. Pienso que hay un cierto paralelismo que no ha sido suficientemente estudiado y que toca el profesor Tissot en un libro muy bueno que va a aparecer con el título de Biología y psiquiatría. Por ejemplo, el inconsciente juega un papel enorme desde el punto de

vista afectivo, pero en el desarrollo de la inteligencia todo comienza por acciones inconscientes y la toma de conciencia es muy tardía, hay un, inconsciente cognoscitivo como hay un inconsciente afectivo. Y las futuras investigaciones mostrarán las interacciones. En el momento actual se conoce muy poco sobre esto, porque los psicoanalistas no se ocupan: demasiado de la inteligencia. Mi opinión es que hay todavía mucho que hacer desde el punto de vista experimental y que en el psicoanálisis, el peligro es que unos y otros están formados en capillas y se creen enseguida lo que dicen entre sí, mientras que en una sociedad de investigación, como la nuestra de epistemología, cuando el patrón dice una cosa, los otros quieren rápidamente contradecirle y controlar el proceso. Es así como se progresa. Cuando se creen unos a otros demasiado deprisa se hace una verdad colectiva, de escuela, y eso no vuelve a ser la verdad. P. ¿Es lo que ha pasado con el psicoanálisis? R. Muy a menudo. Pero he de decirle que yo me someto con asiduidad al psicoanálisis, una hora diaria, yo mismo. En fin, he sido psicoanalizado por una alumna muy directa de Freud, De la Fuente. P. ¿Y cuáles han sido los resultados? R. Los resultados que más me han interesado son, desde el punto de vista de la inteligencia, que los recuerdos que vuelven de la infancia yo los veía en imágenes, mientras que yo no soy en absoluto visual y en mi pensamiento de adulto no tengo ninguna imagen. El otro día, me sorprendió entrar en una habitación y ver un determinado mueble. Le pregunté a mi mujer: «¿Es nuevo?» Ella me dijo: «Hace treinta años que está ahí» Yo no me había fijado. No soy nada visual. Mientras que en mi psicoanálisis me bullen los recuerdos sorprendentemente visuales. Es lo que más me ha llamado la atención.