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Camboya-Memoria

Revista de Estudios

Revista de Estudios sobre Genocidio niciones en la cual hacían sus necesidades. Una lista de reglas de prisión de los Jemeres Rojos –el único mensaje de texto escrito en el edificio– indica que un prisionero debía pedir permiso antes de hacerlas. El último edificio recuerda un tanto más a un museo “tradicional”, encontrándose vitrinas con artefactos de los Jemeres Rojos, yendo desde dispositivos de tortura hasta bustos de Pol Pot que estaban siendo construidos en el local. Este edificio posee más texto escrito que los otros, pero aun así está dominado visualmente por los artefactos e ilustraciones de las atrocidades de los Jemeres Rojos pintadas por Vann Nath, un antiguo prisionero. Hasta hace poco, sin embargo, probablemente la exhibición más imponente estaba localizada en la última habitación, un mapa de Camboya de 12 metros cuadrados hecho con 300 cráneos, tomados de provincias a lo largo de todo el país 24 , con las vías fluviales pintadas de rojo sangre. Tales cráneos se han vuelto íconos de KD, funcionando como el foco de los monumentos en el “Centro de Genocidio en Choeung Ek”, que abrió en 1980, y monumentos municipales a lo largo de Camboya –incluyendo uno en el terreno del campo de exterminio de la Pagoda en la Colina de los Hombres– que fueron construidos siguiendo una directiva de la RPK en 1983 25 . Los cráneos condensan una serie de referentes ligados a los discursos de legitimidad de la RPK, yendo desde la muerte, destrucción y brutalidad de KD, al peligro de un retorno de la “camarilla de Pol Pot-Ieng Sary”. Las fotografías en Tuol Sleng tienen un propósito similar, ya que los camboyanos conocen el destino de la gente retratada y pueden proyectarse a sí mismos hacia atrás en el pasado de KD cuando ellos, también, sufrieron enormemente y enfrentaron la muerte diariamente. Tuol Sleng y los monumentos son también evidencia, pruebas, de los “actos criminales” que cometió el grupo de Pol Pot. A lo largo de estas líneas, la (ausencia de) visión es una metáfora prominente en estos monumentos conmemorativos, en particular el cráneo con los ojos vendados, con todas sus poderosas significaciones 26 . De forma más directa, asocia KD con una pérdida de la memoria y percepción sensorial. Muchos sobrevivientes recuerdan KD como una época en la que la gente se refugiaba en sí misma, hablando sólo cuando era necesario pero viviendo en silencio la mayor parte del tiempo. Muchas personas susurraban entre sí “Planta un árbol kapok” (dam dame kor), una frase que tenía una connotación secundaria de mutismo y por lo tanto también significaba “Quedarse mudo”. A lo largo de estas líneas la falta de visión está también ligada a la incapacitación, ya que la gente perdía su libertad y propios medios día tras día. Más inquietantemente, KD estaba ligada a la incapacitación por medio de la muerte, tanto literal –los cráneos con los ojos vendados lo dicen todo en un sentido– como de forma más figurada a través de narraciones sobre los desaparecidos y de cómo los Jemeres Rojos algunas veces consumían los hígados de sus víctimas, un acto poderoso en una sociedad en la cual el hígado está relacionado con la vitalidad. Y entonces, por supuesto, el régimen de KD estás asociado con la muerte social y destrucción de la memoria. Mientras las víctimas perdían su visión, los Jemeres Rojos alegaban ser “todo-videntes”. El régimen de KD era en muchos aspectos panóptico, ya que una red de espías seguía la pista de lo que uno decía o hacía. En panfletos políticos, el régimen era 24 Ledgerwood, Judy, ob. cit. 25 Hughes, Rachel, “The Abject Artefacts of Memory: Photographs from Cambodia’s Genocide.”, en Media, Culture & Society, 2003, 25, pp. 23-44. 26 Véase Boreth, Ly, ob. cit. 36

Verdad, Representación y las Políticas de la Memoria después del Genocidio descripto como “todo-vidente” y “clarividente”. A nivel local, la gente susurraba: “Angkar tiene los ojos de un ananá”. En tal sentido, el tema de la visión trascendía la propaganda de la RPK, indicando el terror, incapacitación e ignorancia asociados con KD. Tales zonas e imágenes funcionan en conjunto con otras dimensiones del aparato de verdad y memoria de la RPK: festividades tales como la conmemoración de la “liberación” el 7 de enero, el “Día para Permanecer Atado al Odio” el 20 de mayo, la subvención de parte de la RPK de publicaciones y películas sobre KD, el juicio a Pol Pot e Ieng Sary in absentia, leyes de la RPK sobre los Jemeres Rojos, y así sucesivamente. Narrativas discrepantes A pesar del poder de esas instituciones y narrativas redundantes de la RPK, tales aparatos nunca son monolíticos. En cambio, siempre son desafiados desde adentro y afuera debido a la desigualdad entre el discurso de verdad más homogéneo del régimen y las creencias e interpretaciones más heterogéneas de la población. Toda la propaganda en el mundo acerca de la “Amistad de Kampuchea y Vietnam”, por ejemplo, nunca podría mitigar la animosidad de Chlat hacia los vietnamitas, un sentimiento compartido por algunos camboyanos que sienten que los vietnamitas menosprecian a los camboyanos y han buscado, tanto en el pasado como en el presente, apoderarse del territorio camboyano. “Los odio”, me decía una y otra vez, “No tengo palabras para decirte cuánto los odio”. Y luego se embarcaría en una diatriba acerca de la maliciosa e intrigante naturaleza de los vietnamitas. Vietnam también desempeñó un papel prominente para los camboyanos que vivían en el exterior, quienes, mientras compartían con la RPK el horror por KD, veían a la RPK como un frente para el control vietnamita y creían que Camboya debía ser “liberada” de la RPK y del archienemigo vietnamita con el que estaba aliada. Este narrativa era central a la retórica de los Jemeres Rojos renacientes, quienes intentaron reconstruir su movimiento arremetiendo contra los lazos de la RPK con Vietnam, que, sostenía, estaba perpetrando genocidio contra los camboyanos y había fabricado la “evidencia” en lugares como Tuol Sleng y Choeung Ek. Lamentablemente, esta postura anti-Vietnam le fue servida en bandeja a China, Tailandia, Estados Unidos y otras potencias occidentales que veían a Camboya como la zona de poder clave en la lucha global de la Guerra Fría. Estos países no sólo apoyaban a los Jemeres Rojos, sino que de hecho, permitieron que funcionarios de KD tuvieran el control de la banca de Camboya en la ONU mientras ignoraban las peticiones para un juicio internacional de antiguos líderes de los Jemeres Rojos 27 . Estos, por su parte, utilizaron esta nueva legitimidad para hacer demandas particulares sobre el pasado. Antiguos líderes de los Jemeres Rojos podían ser encontrados dando discursos a audiencias internacionales en los cuales no sólo negaban haber cometido masivas atrocidades sino que argüían que en realidad habían sido los vietnamitas los destructores “genocidas” y desecharon las pruebas de la RPK calificándolas como un invento. Una emisión de radio de diciembre de 1994 planteaba: Con respecto a aquellos esqueletos en Tuol Sleng, son lisa y llanamente parte de la guerra psicológica librada por Vietnam en su agresividad contra Camboya. Los vietnamitas comunistas recogieron cráneos y huesos de cementerios de todo Vietnam 27 Amer, Ramses, “The United Nations and Kampuchea: The Issue of Representation and its Implications”, en Bulletin of Concerned Asian Scholars, 22, 3, 1990; Fawthrop, Tom y Jarvis, Helen, Getting Away with Genocide: Cambodia’s Long Struggle Against the Khmer Rouge, Pluto, Londres, 2004. 37

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