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6 months ago

Camboya-Memoria

Revista de Estudios

Revista de Estudios sobre Genocidio ira, como todo lo demás en el mundo, es efímera. Aquellos que continúen actuando en la ignorancia sufrirán las consecuencias de su accionar, con sus actos siguiéndolos como una sombra, ya que uno sufre a través de los innumerables ciclos de nacimiento y renacimiento. Si el budismo proporciona una especie de justicia ontológica para víctimas, también sugiere que su sufrimiento es una consecuencia cósmica de sus propias malas acciones (o del colectivo camboyano) en el pasado 33 . Algunos veían lo que estaba sucediendo como el cumplimiento de las milenarias profecías del budismo, como las famosas predicciones budistas (Put Tumneay). Muchas de éstas predecían una época en la que demonios o miembros de los peldaños más bajos de la sociedad Jemer dominarían e invertirían el orden social, conduciendo a un ataque hacia el budismo y a una hambruna y muerte generalizadas, una metáfora popular de KD para la necesidad de permanecer en silencio, “plantar un árbol kapok”, parece haber sido tomada de una de tales profecías, como Pin Yathay explica: Puth fue un sabio del siglo diecinueve que profetizó que el país sufriría una completa inversión de los valores tradicionales, que las casas y las calles serían vaciadas, que el analfabeto condenaría al culto, que los infieles –thmils– tomarían el poder absoluto y perseguirían a los sacerdotes. Pero la gente sería salvada si plantara un árbol kapok (kor en camboyano). Kor también significa “mudo”. La habitual interpretación de este enigmático mensaje era que sólo los sordomudos serían salvados durante este período de calamidad. Quédense sordos y mudos. Allí, ahora comprendí, radican los medios de supervivencia. ¡Aparenta ser sordomudo! ¡No digas nada, no escuches nada, no entiendas nada! 34 A un nivel cosmológico, tales profecías jugaron con las interpretaciones Jemer de pureza y contaminación, que están en parte estructuradas en términos de la oposición entre Buda y demonios, dhamma y adhamma, orden y desorden, coherencia y fragmentación. Para comprender profundamente las políticas de la memoria en Camboya, entonces, debemos atender no sólo a las estructuras discursivas a un nivel estatal más amplio, sino también a sus puntos de articulación y divergencia con discursos y contra-discursos a un nivel más local. En varias ocasiones, hay convergencia. Pero también existen puntos importantes de divergencia, tales como discursos budistas a nivel más local durante la RPK. Esta reemergencia fue expresada dramáticamente por las Marchas por la Paz de Maha Ghosananda a comienzos de los ’90, que simbólicamente reivindicaban el restablecimiento del sangha y dhamma (por ejemplo, plantando árboles y por medio de la composición de la marcha en sí misma), la importancia de librar a Camboya y a uno mismo de la ira (por ejemplo, rociando agua bendita sobre las multitudes), y la necesidad de hacer la paz simbolizada por el sendero de la marcha, que conectaba diferentes partes del país, incluyendo zonas de guerra del presente y del pasado 35 . Más recientemente, estos discursos budistas han entrado en tensión con los discursos globales sobre derechos humanos que están asociados a otro modo de recordar el pasado: mantener un tribunal. Mientras que el budismo promueve el entendimiento consciente del pasado, el cual 33 Véase Haing, Ngor, A Cambodian Odyssey, Warner Books, New York, 1987, pp. 157 y 312. 34 Pin, Yatay, Stay Alive, My Son, Touchstone, New York, 1987, p. 63. 35 Véase Skidmore, Monique, “In the Shadow of the Bodhi Tree: Dhammayietra and the Reawakening of Community in Cambodia”, en Crossroads, 1997, 10, 1, pp. 1-32. 40

Verdad, Representación y las Políticas de la Memoria después del Genocidio es un argumento budista para tener un tribunal, también deja sentada la importancia de dejar ir al pasado y liberarse a uno mismo de la ira y el apego. Dependiendo de cómo sean invocadas, estas nociones podrían entrar en conflicto con las afirmaciones de que el juicio permitirá a los camboyanos conseguir “justicia”, para finalmente ser capaces de “curarse ellos mismos”, e imponer el “imperio de la ley”. Tales discursos están ligados a modelos jurídicos occidentales, nociones cristianas de perdón, y suposiciones acerca de la universalidad de procesos psicodinámicos. Las políticas de la memoria en el presente Esta historia está siendo escrita hoy día cuando Camboya continúa luchando con las complejidades del pasado, mientras un tribunal comienza el proceso. ¿Es éste el camino apropiado, en este momento de la historia camboyana, para lidiar con el pasado? ¿Debería ser complementado el tribunal con modalidades de justicia y rememoración, tales como una comisión para la verdad o rituales budistas? ¿O la gente simplemente debería dejar ir su enojo, olvidar el pasado y seguir adelante? Cuando pienso en esas cuestiones, me pregunto cómo hubiera respondido la gente como Chlat. Ojalá pudiera preguntarle. La última vez que lo vi, en el verano de 2003, estaba escuálido y había estado enfermo durante un tiempo. Explicó con una sonrisa débil que tenía un parásito que era resistente a la medicación, enfatizando el concepto al apretar una mano abierta para demostrar cómo el parásito se cerraba cada vez que tomaba medicina. Hablamos durante un rato acerca de su pasado antes de cenar con un amigo en común y su hijo. Algunos meses atrás, recibí un mensaje de aquel amigo diciendo que Chlat estaba en el hospital al borde de la muerte. Le habían diagnosticado SIDA –la enfermedad que constituyó probablemente el legado más devastador del reestablecimiento de compromiso de Camboya con el mundo exterior−. Chlat murió un par de días después. Creo que él hubiera querido un tribunal, aunque no tengo duda alguna de que hubiera criticado la corrupción del sistema jurídico camboyano, la hipocresía de la comunidad internacional, y el fracaso en el proceso para atrapar gente como el cuadro que envió a su hermano a la muerte en la Pagoda de la Colina de los Hombres. Me imagino las respuestas que podría haber dado en la oscuridad, el contorno de la cara dibujado por nubes de humo y las brasas de su cigarrillo radiantes como sus recuerdos, luego ceniza.F Nota del autor Quisiera dar las gracias a Alexandra Kent por invitarme a contribuir en este volumen y por sus tantos esfuerzos como editora. También estoy agradecido con Nicole Cooley por sus comentarios y sugerencias. Este ensayo está dedicado a Chlat. 41

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