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VENTANAL 52

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REFUGIADOS POR UN DÍA

REFUGIADOS POR UN DÍA Alumnos de 2º ESO viven la experiencia educativa “Más allá de las fronteras” Durante los días 5, 6 y 7 de febrero, los alumnos de 2º de ESO participaron en las actividades programadas por Alboan, una ONG de cooperación internacional de los Jesuitas en Euskadi y Navarra. Más allá de las fronteras es una propuesta educativa que pretende acercar a la comunidad educativa la realidad de aquellas personas que llegan a nuestro entorno tras haberse visto obligadas a abandonar sus hogares. En el corazón de Loyola, durante tres lluviosos y fríos días de invierno, estos alumnos tuvieron la oportunidad de experimentar las penosas condiciones que viven los refugiados en su huida, y las distintas etapas del proceso migratorio: el desplazamiento forzoso, el tránsito, las fronteras y la llegada al país de acogida; y tomar conciencia de lo necesaria que es la ayuda de los que tenemos la suerte de vivir en paz. Se trataba de sembrar en ellos la semillita de la cooperación, del compromiso y de la lucha por la justicia y el bien común. Dos de ellos comparten para la comunidad educativa sus recuerdos e impresiones. Viviendo como un refugiado Aquel día, 5 de febrero de 2018, puede que, por primera vez en mi vida, haya sabido lo que es la incertidumbre, lo que siente alguien cuyo destino no depende de sus acciones sino del azar, y quizá también de la gente que, por el hecho de nacer en un lugar mejor, decide la suerte de una persona que, en muchos casos, no esperaba ese cambio drástico en la línea de su vida. Al llegar a Loyola tuvimos que escoger entre todo nuestro equipaje las tres cosas que creíamos imprescindibles. Una suerte de la que muchas personas no gozaron en su momento. En mi caso la supervivencia dependía de una botella de agua, un paquete de galletas y un saco de dormir. Durante toda la mañana caminamos sin rumbo bajo la lluvia, con carteles ilegibles para nosotros y, al menos en mi caso, sin saber muy bien qué pasaba. Como una hoja arrastrada por la corriente llegué a una larguísima cola que parecía rodear el mundo. Tras la puerta se encontraba un lugar seco en el que descansar y algo de comida después de una mañana caminando. Durante el tiempo de espera viví en mi propia piel el frío, la desigualdad, los prejuicios y el miedo que sufrían las personas que, como yo, en ese momento se veían esperando una decisión bajo un cielo que parecía derramar interminables lágrimas por nosotros. Por fin, llegamos al lugar que durante esos días conoceríamos como campo de refugiados y que, pese a no ser un hotel de cinco estrellas, era mil veces mejor que estar en la calle. Allí, tras otra larga cola, pudimos comer un plato de arroz sin cubiertos. Después de la indignación del primer momento, al no tener con qué llevarte la comida a la boca, llegó ese “darte cuenta” de que algo tan simple como un tenedor no se echa en falta hasta que se pierde. Por eso, pese al frío, el miedo y esos largos minutos de espera bajo la lluvia, me di cuenta de la suerte que tengo y de que un día, sin quererlo ni esperarlo, esto podría cambiar; que en un momento dado podríamos perderlo todo, viendo, impotentes, pasar nuestra vida sin posibilidad de decidir, y que dejaríamos de tener hasta lo que ahora consideramos básico y apenas valoramos. Julia de Juan Morán (2º ESO) 18 En este trimestre

Ismael, un refugiado de Gambia Durante la primera semana de febrero, los alumnos de 2º de ESO estuvimos unos días en Loyola viviendo una experiencia como refugiados. Fue una vivencia bonita y bastante real, pero muy dura que no me gustaría volver a repetir. Fue duro caminar bajo la lluvia para, al final, no conseguir el objetivo y quedarnos donde estábamos. Estuvo bien ponernos en la piel de los más desfavorecidos. Sin embargo, lo que más me gustó fue la llegada de Isma, un inmigrante real, de Gambia, un pequeño país de África Occidental que comparte frontera con Senegal. Su conmovedora historia casi hizo que se me saltaran las lágrimas. Nos contó cómo era la vida en su país. Decía que era como si permanentemente estuviera colgando de un hilo muy fino que, en cualquier momento, se pudiera romper. Allí tenía momentos de alegría, tristeza, diversión y hambre. Nunca sabía qué le iba a pasar, si sobreviviría a las noches, si podría encontrar un techo para dormir o si iba a poder seguir acompañado de su familia que, para él, era lo más importante. Una vez terminó, yo no sabía qué hacer: si aplaudir, callarme, mirar para otro lado emocionado o mirarle fijamente pensando todo lo que había soportado y lo orgulloso que debía de estar por todo lo que había hecho. Fue genial haber podido conocer a alguien así. Ojalá pueda conocer a muchos más. (Alumno de 2º que desea permanecer anónimo) Todo el grupo de alumnos con Ismael en el centro de la foto. En este trimestre 19

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Revista Anuario del Curso 15.16
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1ª Parte ESCOLAPIOS 08-09 - Escolapios. Escuelas Pías Emaús
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