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on en las filas

on en las filas internacionalistas ya que no estaban de acuerdo con las políticas expansionistas de Ronald Reagan y la tentadora invasión directa hacia Nicaragua. Los jóvenes estadounidenses pensaron que, entre más grande fuera la presencia de gringos en las zonas afectadas por la guerra, menos riesgo existía de una eventual intervención militar en Nicaragua. Mientras tanto, la contrarrevolución tenía su trinchera en Honduras y los EEUU financiaban una guerra injusta en nombre de un pueblo que ponía sus impuestos en un futuro incierto. Pacifistas, periodistas, investigadores sociales, ingenieros, fotógrafos, cineastas, sociólogos, hombres y mujeres de la patria de Abraham Lincoln fueron parte de ese éxodo humanitario y solidario hacia nuestro triangulo pinolero. ¿Qué los motivo a venir, además de la revolución? ¿Qué pensaban aportar a Nicaragua? ¿Qué aprendieron de nuestro pequeño país? ¿Cómo vivieron la derrota electoral del 90 y por qué decidieron quedarse? Estas y otras preguntas se responden a lo largo de ocho testimonios conmovedores que repasan un parte de nuestra historia. La historia de los visitantes estadounidenses que dieron parte de su vida por el proyecto revolucionario de Sandino. Circles Robinson, 59 años: “Nací en Los Ángeles, California (1953). Salí de esa ciudad cuando tenía 18 años y con la excepción de visitas breves, nunca regresé. Soy traductor y periodista. Actualmente vivo en Ometepe, pero trabajo a tiempo completo como editor de Havana Times, un diario cibernético bilingüe que aspira a ser una fuente de información y un acercamiento con las realidades del pueblo de Cuba. Vine a Nicaragua en 1984, unos días después de las elecciones. Fue un momento bastante dramático en que, el go- 102

ierno de los Estados Unidos, ya con Ronald Reagan relegido como presidente, tomaba posiciones cada vez más agresivas contra el gobierno de Nicaragua. La posibilidad de una invasión parecía una opción que barajaban. Decidí venir al país para contribuir en lo que podía, aunque no lo tenía muy claro. Para entonces yo deseaba participar en el esfuerzo de crear (reconstruir) un país con su joven revolución. También quería poner mis pies en un suelo con el cual me identificaba mucho, es decir, un lugar que estaba en contra de la política de mí gobierno en aquel tiempo. Participé en los cortes de café dos meses con la Asociación Nacional de Educadores de Nicaragua (ANDEN) en el Crucero y después con el INEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) en Miraflor, Estelí. Más adelante, se me abrió la oportunidad de utilizar mis habilidades bilingües en un trabajo con TurNica. Pasé un año y medio como intérprete o a veces guía-intérprete, trabajando con los grupos de turismo socio-político y con diferentes delegaciones. Luego, me integré a la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG-Matagalpa) en el área de Relaciones Internacionales y allí pasé 6 años. Siempre estaba ocupado con el trabajo y me sentí bien como parte de un esfuerzo mayor, poniendo mi grano de arena para lo que consideraba un mundo mejor. Tuve buenas relaciones con mis compañeros de trabajo y aunque mi vida personal fue bastante limitada, me motivé mucho por mis aportes. Uno vivía con la adrenalina al máximo debido a la urgencia que se siente en una situación de guerra. La derrota electoral del FSLN en el 90, la viví muy lejos de Nicaragua. Fui, por medio de la UNAG-Matagalpa, a compartir la victoria (esperada) con un grupo de solidaridad en Hawái, donde estábamos tratando de lograr mayor cooperación. Todo el mundo en la UNAG pensaba que el Frente iba a ganar las elecciones y se consideraba que esta victoria daría paso a una coyuntura propicia para bus- 103

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