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car apoyo para las

car apoyo para las cooperativas relacionadas con el café. Salí dos días antes de las elecciones y la noche del 25 de febrero, estuve anunciando los escasos resultados en la fiesta que habían montado. Llamaba a la embajada de Nicaragua en Washington a cada rato. Tocaba el grupo de Rolando Sánchez (de Masaya) y muchos bailaban y tomaban. Ya casi cantábamos victoria cuando un señor algo mayor que se identificó como socialista de por vida, dijo que aquellas elecciones iban a ser las primeras en que iba a ganar un candidato de su preferencia. Cuando tuvimos que abandonar el local a las 11 y algo de la noche, todavía no había un resultado definitivo, pero el silencio no era buen agüero. Como Hawái queda muy al oeste de Nicaragua, era apenas la medianoche allá cuando se dio la famosa conferencia de prensa en Managua (anunciando que el Frente había perdido las elecciones). La noticia de esta pérdida electoral me dejó con mucha ansiedad. Mi primera reacción fue pensar en el 11 de septiembre del 73 en Chile, y sentí una enorme preocupación por los colegas, amistades y el pueblo nicaragüense en general. Afortunadamente no fue un Golpe de Estado. Fue una derrota en las urnas. Tres días después, estaba de nuevo en Matagalpa, viviendo la situación que se produjo y observando la famosa y lamentable piñata y el deterioro rápido de valores que ya estaban en declive. Me quedé en Nicaragua, a pesar de la derrota, porque me sentía en casa y también podía seguir trabajando con la UNAG-Matagalpa. La experiencia de las 80 en Nicaragua fue única y agradezco con todo mi corazón haber participado en ella. Sin embargo, la adrenalina que se vive en tiempos de guerra y emergencias continuas, es algo que puede llegar a cegarte y no ver la claridad de tu alrededor, donde no todo es blanco y negro. Me casé con una mujer del Cuá, activista comunitaria y fe- 104

minista, quien continuó trabajando por el pueblo a pesar de que el partido retrocedió al caudillismo puro. Ya tenemos 17 años juntos. Tenemos una hija de 27 años y un nieto de 10. Hemos vivido mucho tiempo en Matagalpa, siete años en Cuba (2002-2009) y ya tenemos tres años de regreso en Nicaragua, específicamente en la isla de Ometepe”. Anna Larson, 50 años: “Nací en el 61. Soy originalmente de Pensilvania, pero estudie Ciencia Ambiental en California. Tenía varios amigos que habían venido a Nicaragua antes que yo, en el 86. Nunca había pensado venir porque tenía muy claro lo que pasaba en Nicaragua y, aunque admiraba mucho la revolución sandinista, pensé que darle seguimiento desde mi país sería suficiente. Estuve siempre en contra de la política de Reagan respecto a Nicaragua y desde el principio apoyé la insurrección que triunfó en el 79. Sin embargo, más tarde, empecé a preguntarme cómo se construye una nueva forma de pensar y luego intuí que esto podía respondérmelo viajando a Nicaragua durante el proceso revolucionario. En EEUU mis compañeros y yo, teníamos una perspectiva un poco más progresista y estábamos al tanto de la crisis nuclear contra Rusia, la intervención yanqui en el Salvador y la guerra financiada contra Nicaragua. Escribimos cartas a los senadores y congresistas y también organizamos varias marchas pacifistas sobre temas políticos, entre ellos el apartheid en Sudáfrica. Sentí que Nicaragua estaba muy cerca, geográficamente hablando. Tenía varios amigos que trabajaban en el movimiento de solidaridad y cuando decidí venir, llamé a una amiga que estaba aquí y me dijo que tenía otro amigo que estaba organizando una brigada de construcción de viviendas en el campo. Trabajaba dentro de ABSNICA (Asociación de Arquitectos y Planificadores en Apoyo a Nicaragua) 105