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y ellos estaban

y ellos estaban preparando su segundo viaje como brigada solidaria con este país. Me alisté en sus filas y decidí viajar. Antes de venir, me dediqué a estudiar español y tomé un curso de 10 semanas en la universidad durante una jornada intensiva. Hicimos eventos en Palo Alto para atraer más gente hacia Nicaragua. Los grupos eran de 10 o 15 personas por brigada, 4 al año durante 6 semanas. Lo más importante en ese entonces era traer más apoyo de ciudadanos americanos contra la intervención. Queríamos romper el embargo. Venir aquí era como decir “no estoy de acuerdo” con la intervención de nuestro gobierno. Fue un acto de rebelión. Todavía en el 86 había mucha gente que pensaba que EEUU era capaz de hacer en Nicaragua lo mismo que hizo en Panamá con Noriega. Bombardear Managua, sacar a Ortega y tomarse el país militarmente. Entonces había cierta convicción o idea de que al haber más norteamericanos en Nicaragua, menos posibilidad había que los Estados Unidos se metieran a la guerra directamente con los sandinistas. Una de nuestras estrategias principales fue meternos de lleno al campo. Allí fue donde mataron a Benjamín Linder, la mañana del 28 de abril de 1987. Muchos compañeros lloraron en los cafetales de Matagalpa y de Jinotega, porque Linder había sido asesinado entre San José de Bocay y El Cuá, en el departamento de Jinotega. La idea nuestra era desafiar el apoyo a la Contra, por lo tanto, queríamos traer más gente para probar al gobierno que no estábamos de acuerdo con sus medidas. Siempre hubo sospechas entre los mismos brigadistas acerca de la posibilidad de infiltraciones de la CIA. Pero al final no se probó nada. Recuerdo que allá por el 88, estábamos en Muy-Muy, Matiguas; y había sospecha sobre un posible ataque de la Contra en la zona. Defendimos Matiguas junto a los campesinos sandinistas e hicimos trincheras, pero algunos brigadistas no estaban de acuerdo con la lucha armada. Entonces hubo roces con los pacifistas. 106

Para mí, venir a Nicaragua fue un momento increíble de mi vida que no se puede repetir. Yo creía que era una persona muy educada y conocía bien la historia de Estados Unidos hasta que vine a este país. Aquí me di cuenta que muchas cosas que me decían en kínder, primaria y secundaria, no se aplicaban a la vida real del tercer mundo. Maduré mucho y me enfrenté a la historia de mi propio país. Con la derrota del FSLN en las elecciones del 90, yo también me sentí desilusionada y pensé que lo mejor sería regresarme ya que la mayoría de mis compañeros, quienes eran como una familia, hacían maletas. Sin embargo, antes de irme pasó algo que nunca pensé que me pasaría en realidad. Me enamoré de un nicaragüense y me quedé aquí”. Tom Loudon, 51 años: “Nací en el 51, en Detroit, Michigan. Actualmente trabajo en desarrollo alternativo. A principios de los 80 me enteré de la guerra en Nicaragua y vine en el 84, motivado por el incipiente movimiento de ciudadanos norteamericanos opuestos a la guerra financiada por Reagan. Vine en una delegación de Acción Permanente por la Paz, la cual era, supuestamente, de corto plazo. Fuimos a Jalapa y nos mentimos al fondo del campo, en varios asentamientos buscando la frontera con Honduras. Me enamoré del proceso revolucionario nicaragüense y decidí quedarme, aunque no hablaba el español. Los coordinadores del proyecto notaron mi entusiasmo y, a pesar de mis vacíos en el idioma, me aceptaron en el equipo. Hice un corto viaje a EEUU y regresé a principios de junio dispuesto a vivir en Nicaragua. Me quedé en Ocotal, despuesito de un ataque perpetrado por la Contra el 9 de junio del 84. Fue algo aterrador. Después viví en Somotillo. Íbamos cambiando de territorio según se desarrollaba la guerra en ese momento. Yo trabajaba con organizaciones comunales de base y en el 85, después del ataque del 31 de diciembre del 84 en Achua- 107

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