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a la deriva. Mi trabajo

a la deriva. Mi trabajo en la revista Envío me rescató, pero yo quería involucrarme más en la vida política. Me fue imposible. En todos los grupos donde intenté trabajar, había problemas de corrupción y al poco rato desaparecían. Entonces me quede sin inserción política. Nicaragua había cambiado. Esto me deprimió mucho ya que sentí que no tenía algo que ofrecer. Al final lo que me hizo quedarme en Nicaragua fue algo que me cuesta describir, algo que había logrado atraer a tantos internacionalistas durante los 80s. Era una especie de imán. Pienso que los mejores ciudadanos de sus mejores países, fueron los que se desprendieron hacia Nicaragua. Conocí gente que nunca hubiera conocido en otro lugar ni bajo otras circunstancias. A Nicaragua le debía esa gran experiencia de vida, esos amigos y esas amigas, ese ejemplo de lucha. Por eso me quise quedar”. Paul Dix, 76 años: “Nací el 23 de diciembre del 35 en Carolina del Norte. Salí a la edad de 6 años y actualmente vivo en Oregon (Costa del Pacífico estadounidense), pero soy residente del estado de Montana. Soy fotógrafo. Llegué el primero de febrero de 1985 a Nicaragua y lo hice para ser voluntario en “Acción Permanente por la Paz.” Hice fotoperiodismo por cinco años, entre el 85 y el 90. Anduve en las zonas conflictivas documentando las atrocidades de la Contra. Desde Jalapa hasta Río San Juan; Chontales y otros lugares donde hubo emboscadas, ataques, intercambio de balas, etc. Viví por lo menos una docena de enfrentamientos, pero tuve la suerte de salir vivo y viajar a Managua en momentos de riesgo extremo. Los verdaderos héroes de la guerra fueron los campesinos. Los internacionalistas fuimos sólo testigos, pero ellos, los campesinos, tenían que vivir allí 24 horas al día con miedo de los Contras. Era fotógrafo independiente y había mucha demanda de re- 116

gistros gráficos de la guerra. Mandé mis fotos a medios alternativos. Documenté muchísimas atrocidades de la Contra. Hice un “cuarto oscuro” en Managua para revelar las fotos, pero nunca tuve tiempo para hacer suficientes ampliaciones y mandarlas a todas las personas que las demandaban. Mis fotos circularon en periódicos, revistas, libros, videos y demás soportes de comunicación de los Estados Unidos. Mi tarea era concientizar a la sociedad por medio de mi trabajo gráfico. Se publicaron fotos mías en la revista Yes, Utne Reader, Reuters, AP, New York Times, Miami Herald, AFP, etc. Siempre fui bien recibido por los nicas a pesar de venir de su país enemigo. Esto nunca me dejó de sorprender. Los nicas siempre me aceptaron y yo tenía la plena confianza que estaba para dar testimonio, ser testigo y reportar la realidad mientras luchaba a la par del pueblo. He viajado por todo el mundo y nunca vi un pueblo tan cariñoso como el de Nicaragua. Siempre me aceptaron. Yo podría haber sido un agente de la CIA, pero los nicas no desconfiaban de nosotros, eran cándidos y nos abrían sus puertas. Recibí más de lo esperado. Aprendí mucho y fue una experiencia de mi vida muy importante. Yo andaba por mis cincuentenas durante la década del 80 y fue hasta que vine a Nicaragua, cuando supe lo que quería hacer con mi vida: trabajar en asuntos de justicia social y derechos humanos. Lo que más aprendí de los nicas es que, a pesar de la miseria y el dolor vivido, ellos siempre tuvieron fe y esperanza en el mañana. Los nicas contagiaban su alegría y su optimismo. En EEUU todo el mundo quiere ganar. Es una sociedad de la competencia donde esperan que todos seamos ganadores. En Nicaragua aprendí a vivir el momento y a disfrutar el proceso para lograr un objetivo, a ser humilde en la derrota. La derrota del 90 me dejó en shock. Era difícil creerlo y lo primero que pensé fue en los asentamientos de miles de refugiados de guerra. ¿Qué iba a pasar con ellos? Eso me angus- 117

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