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paros; son cosas que yo

paros; son cosas que yo había visto también en el Salvador y me parecía natural el proceso de liberación que se llevó a cabo en Nicaragua. Ya sabemos que en nuestras regiones padecemos enfermedades similares y la dictadura fue una circunstancia social que se vivió de cerca en toda Centroamérica. A pesar de los avatares políticos, los desastres naturales, el terremoto del 72 o el huracán Mitch, mi labor como religiosa nunca se vio afectada. Después de trabajar en la Viña del Señor, uno puede dar todo el servicio por medio de los seres humanos para llegar a la gran obra social de Dios. Son ellos, los enfermos, quienes me inspiran para luchar por un mundo mejor. Siempre me sentí más fuerte que mi circunstancia social. Tuve la oportunidad de salir de Nicaragua en 1979 y prestar servicio en Estados Unidos luego de unas vacaciones de seis meses. Mi regreso era ese mismo año pero la situación política entre los dos países era muy delicada; no pude regresar sino hasta 1985. Vivimos de cerca la crisis en el campo con los enfermos de guerra y también visitando refugios en Managua. Fue allí, en los barrios más pobres, donde tuvimos las experiencias más difíciles de la guerra, pero como éramos jóvenes y no andábamos buscando conflicto, al final no corrimos peligro. La satisfacción de poder servir a los demás es lo que más rescato de mi trabajo. Acudir a las necesidades que la gente tiene y estar cerca de ellos, es lo que me inspira a vivir diariamente. Actualmente estoy jubilada y coopero con la escuela San José de la Iglesia El Jubileo, ubicada en uno de los barrios más peligrosos de Managua, el Jorge Dimitrov. Me gustaría ser recordada en la presencia de Dios”. Justina, 55 años: “Nací en Mistrató, municipio de Risaralda, Colombia. Soy educadora y pertenezco a las “Hermanitas de la Anunciación”. Soy religiosa hace 25 años y desde muy niña era mi deseo ingresar a una congregación 130

y entregarle mi vida al Señor sirviendo a los hermanos. Nicaragua me llamó la atención por la sencillez de la gente. Empecé trabajando en San Juan del Río Coco donde nos tocó dirigir la Parroquia. No había sacerdote y las hermanitas preparábamos a los delegados de la palabra, los jefes de sectores, los catequistas y todas las personas que trabajan en la iglesia. Preparamos a más de mil niños de primera comunión y también construimos un salón parroquial que antes no existía; acomodamos la parroquia que estaba un poco deteriorada y fue una labor intensa de 8 años en esa región de Nicaragua. Luego me vine a Managua. La Santa Obediencia de la Santa Provincial me motivó a quedarme en este país. Nunca tuve obstáculos como religiosa en Nicaragua y eso se lo debo a su gente. Lo más satisfactorio que he sentido durante mi vida como religiosa es acudir a la ayuda de las necesidades de los demás. Nunca sentí miedo por la situación política del país y solamente una vez me sentí amenazada. Fue en octubre de 1999, año en el cual venía la depresión tropical Katrina. Por suerte no fue algo devastador, pero sí, yo estaba en San Juan del Río Coco y temblaba porque no sabía para dónde íbamos a correr en caso de un desastre natural. La casa estaba muy deteriorada, empezó a lloviznar y el día se puso opaco. Gracias a Dios aquella tormenta rápidamente se debilitó hasta cruzar la frontera con Honduras y luego desaparecer en el Atlántico. Mi logro principal ha sido mantener mi vocación de religiosa a pesar de los momentos en que una se desanima. El Señor y la Comunidad apoyan siempre y dan ánimos de seguir trabajando por los demás. Actualmente soy educadora de niñas en situación de alto riesgo, afectadas por cuestiones económicas, abuso sexual, maltrato físico; son niñas pobres en general… ayudar a for- 131

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