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MARVIN, 31 AÑOS “Mi

MARVIN, 31 AÑOS “Mi familia era bien sandinista. Mi papa fue guerrillero y luego trabajó en la Seguridad del Estado. Mi mamá era miembro del Estado Mayor y yo recuerdo que había cierta libertad porque yo podía ir donde quisiera, moverme donde quisiera sin mayor temor. Recuerdo que nuestra infancia se dividía en épocas: la época del trompo, la época del yo-yo, la época de las chibolas, la época de las piñatas comunales, etc. A partir de los escases aprendimos a compartir por necesidad -no como ahora que hay mucho egoísmo e individualismo-. Recuerdo que, a principios de los 90s, cuando aparecieron los primeros niños huele-pegas en las calles, fue para mí algo insólito porque en los 80s no se veían niños pidiendo en los bulevares, ni trabajando en los semáforos ni mucho menos oliendo pega o drogándose al aire libre. En esa época nunca le tuve miedo a nada. Nunca temí que se metieran a robar a mi casa, que alguien se subiera al bus o que alguien asaltara el taxi (Lada). Nada de eso me daba miedo. Recuerdo que todo era más organizado, por ejemplo, para subirnos al bus usábamos unas fichas rojas que servían como monedas de transporte y se depositaban en el famoso Pegaso. En mi casa había armas de todo tipo ya que mi papa formaba parte de las TPU (Tropas Especiales Pablo Úbeda) comandadas por Tomás Borge. A los 9 años aprendí a armar y desarmar un AK-47, un subfusil UZI, una Makarov, cuchillos, etc. Aprendí a disparar en la base militar donde mi papa trabajaba a la misma edad; yo jugaba a la guerra con él mientras él me enseñaba artes mar- 16

ciales y me enseñaba a esconderme en los refugios que se hacían en ese tiempo en los patios de las casas o en los colegios. ¿Para qué todo este arsenal de armas en la cabeza de un niño? Yo le preguntaba a mi mamá, y ella me decía que estábamos en guerra y que algún día necesitaría defenderme. Nunca pensamos que la revolución se vendría abajo y en el fondo mi papá me estaba preparando para el servicio militar, que en ese tiempo era obligatorio a partir de los 16 años. La carencia fue la gran ventaja de la Revolución. La carencia te enseña humildad, compañerismo y te obliga a trabajar, a ser creativo y a ingeniártelas para sobrevivir. El no tener algo te hace pensar en cómo tenerlo. Nosotros –los niños de esa épocaaprendimos muchas cosas que los niños de hoy no saben, era una gran ventaja desde el hecho de saber cocinar hasta el hecho de convivir con cierta unidad donde nadie te dejaba morir. Si me preguntas por desventajas, la gran desventaja fue que no se nos permitió tener nuestro propio criterio y nos lavaron el cerebro desde la casa (donde escuchábamos música revolucionaria) hasta el colegio (donde cantábamos el himno del FSLN). Yo estudié en La Salle y no nos dimos cuenta que todo ese lavado de cerebro iba para beneficio personal de nuestros padres, nuestros maestros o de sus líderes. En una palabra, para mí la revolución fue Esperanza. Una falsa esperanza, eso sí”. 17

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