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Libro

LONNIE, 29 AÑOS

LONNIE, 29 AÑOS “Nací en Granada, en el 82. En mi caso recuerdo sobretodo la Navidad y M is cumpleaños. Eran momentos especiales porque era cuando podía ver (por fin) a mi papá que estaba prestando servicio militar en la montaña y eso lo obligaba a estar fuera de la casa la mayor parte del tiempo. Recuerdo que la única tele que teníamos se nos dañó por un montón de tiempo, entonces teníamos que acudir a otras formas de diversión como -por ejemplo- los libros. A mí me llevaban cada semana a la biblioteca comunal de Granada donde había cuentos con ilustraciones y libros “pup-up”, libros que vos los abrías y tenían elementos armados con movimiento y todos eran rusos. Recuerdo que eran como objetos y vos jugabas con los libros libremente, interactuabas de otra forma con el libro. Ahora el asunto es jugar nintendo. Los chavalos solo buscan el nintendo. Antes nosotros jugábamos en la tierra los sábados por la mañana con los tanquecitos de guerra, los soldaditos de plástico verde, las pistolas negras, todo era bajo una tendencia bélica pero no nos dábamos cuenta de la violencia directa. Ahora solo son videojuegos. Recuerdo una navidad en la cual compartimos todos los regalos y de repente, entre los primos, nos damos cuenta que ¡todos los regalos eran iguales! y yo decía ¡ideay! ¡este jodido fue al mismo lugar a comprar el mismo regalo! entonces tenías que ponerle el nombre al juguete para que no se te confundiera o perdiera. La desventaja de la revolución para mí fue la ausencia de mi padre. Para mí era todo un ritual (a veces alegre, a veces triste) ir donde él una vez por semana. Nos íbamos con la familia a pie hacia la Regional de Granada y si yo me había portado bien en la semana, podía disfrutar la compañía de mi padre, pero si alguien le soplaba que yo no 18

había hecho las tareas en clases, entonces mi papá (con aquella formación militar) se ponía serio y me regañaba. Otra cosa que nunca me gustó fue la separación de las familias. Algunos tíos y primos se tuvieron que ir fuera del país, crecí con primos que luego se tuvieron que ir y hasta ahorita con la tecnología y las redes sociales, es que me estoy reencontrado con ellos porque no volvieron a venir. Una ventaja fue el acceso masivo a la cultura. Antes fácilmente te ibas a un parque por la tarde a ver los títeres y pasabas el resto del día con tu familia. Ahora eso es impensable, los niños ni siquiera leen. ¿Me preguntas por una palabra que defina la revolución para mí? Sería Nostalgia. Una cosa semi-romántica. A pesar de las limitaciones de aquel entonces, nunca me faltó un pastel el día de mi cumpleaños y me gustaba que la ropita no era la que ibas a comprar a la tienda, sino la que te cosía tu abuelita. Ahora, si un niño pide una camisetita, te la pide con todo y marca”. FERNANDA, 33 AÑOS “Yo nací en Panamá y soy hija de padres hondureños. Cuando tuve dos años nos vinimos a Nicaragua motivados por el triunfo de la revolución sandinista. Sin embargo, más recuerdo y construyo en mis pensamientos lo que siento que mis padres sintieron en esa época. Y esa es la base de mis sentimientos como niña bajo la época revolucionaria. Por un lado, recuerdo a mi papá con mucha entrega y pasión por lo que estaba haciendo (y muy convencido) y por el otro, a mi madre tratando que a nadie de nosotros nos faltara nada en la casa. Por alguna extraña razón siempre sentí la seguridad de que mi 19

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