Views
4 months ago

Libro

papá regresaría con

papá regresaría con vida de la montaña, a pesar de verlo salir con su uniforme verde olivo, su fusil y sus botas gruesas de cuero negro. También recuerdo que yo quería ser hombre porque a los chavalos los dejaban hacer más cosas y al mismo tiempo era un sentimiento encontrado. Al mismo tiempo no quería ser hombre porque tendría que ir al servicio militar obligatorio. En el colegio Centroamérica, donde estudié, todos los lunes se hablaba de lo que había pasado en la guerra, por ejemplo, si hubo alguien muerto entre los alumnos del colegio lo anunciaban y se hacía un minuto de silencio. Eso también está muy presente en mi memoria. Recuerdo a los muchachos que regresaban en el bus del colegio cuando tocaba pasar por los barrios. Había muchachos que eran muy mayores y una como niña los veía con mucha admiración. Aquellos jóvenes barbudos y con bigotes que iban en el bus parecían andar en cosas peligrosas y valientes. Una como niña no entendía bien qué pasaba, pero sospechaba que no era algo muy bueno porque los jóvenes tenían el rostro duro y entregado de la guerra. Recuerdo que íbamos con mi madre a la Vieja Managua. Había una biblioteca súper linda en el parque Luis Alfonso Velásquez y pasábamos horas allí leyendo libros y viendo libros que yo no tenía en mi casa. También íbamos a caminar por el Teatro Rubén Darío y el Malecón de entonces. Recuerdo ir a la cinemateca donde ni siquiera había aire acondicionado como en los cines de ahora, donde se proyectaban películas y documentales de la revolución nicaragüense y películas cubanas, rusas, alemanas, etc. Mis recuerdos son muy felices en una época donde no todos lo fueron. Sé muy bien, ahora que soy adulta, que no son los recuerdos de la mayoría de los jóvenes de Nicaragua. 20

La única vez que me inundó una gran tristeza fue cuando nos dimos cuenta de la derrota electoral del frente sandinista en las urnas de los 90s. Para entonces nosotros estábamos en Brasil, y los brasileños veían con mucha admiración la lucha sandinista. Fue un dolor muy grande para mi papá. Fue la primera vez que lo vi llorar”. NORMAN, 37 AÑOS “Yo nací en Siuna, en el 74. El 20 de diciembre de 1989 “la contra” se tomó todas las minas luego que triunfaran el día anterior. Recuerdo que quemaron los radares y los almacenes de El Frente en esa época. Los sandinistas eran unos asesinos. Agarraban a los chavalos como perros y los mandaban al servicio militar y si alguno de ellos se negaba, entonces los torturaban, les sacaban las uñas, los ojos, la lengua. Eran asesinos. La guerra venía desde Honduras hasta Waspan, desde Waspan hasta Bonanza, desde Bonanza hasta Rosita y desde Rosita hasta Siuna. Era por etapa. Nosotros los pobres comíamos una manteca vieja que vendían en los puestos de repartición (era como medio litro de aceite diario) y lo mezclábamos con el cebo de las vacas, lo derretíamos y con eso comíamos. Cocinábamos unos grandes frijoles biterra y los otros frijoles que eran puros gorgojos. Teníamos solo tres libras de arroz para comer en la semana. Comíamos un azúcar negra-negra que parecía tierra y hacíamos unas grandes filas para retirarla. Nos bañábamos con la mitad de un jabón en el agua del pozo. La gente clamoreaba por todo, pero ¿para donde agarrábamos? Yo viví en el mero Siuna, en una finquita donde mi abuela. Una vez que mis hermanos y yo estábamos ordeñando, nos cayó una vaca muerta por un charnelazo que la descolumnó. El charnel le cayó en la espalda a la vaca y cayó muerta sobre nuestro balde de leche. Hay gente que quedó sin pies, sin manos, sin ojos, mujeres, cipotes, ancianos, de todo. Yo me capié 21

Planeta libre