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Yo tenía miedo que me

Yo tenía miedo que me fuera a caer algún mortero o algún misil que estaban tirando allí cerca de nuestra casa. Solo se oían estallar los misiles cerro adentro, estallaban en el fondo de la noche. Cuando los guerrilleros llegaban de la montaña (al pueblito) tiraban todos los cadáveres en hileras y cada quien iba a retirar a sus familiares. Las madres pegaban alaridos al ver a sus hijos caídos y a nosotros nos tocó retirar al tío Pablo. Esa imagen me quedo en la mente. La pobreza fue la gran desventaja de la guerra. Nosotros no teníamos condiciones seguras. Había centros de salud de las brigadas del ejército, pero eran pocas y aisladas, allí nos hacían pasar consulta en caso de que alguien se enfermara o si no, pasaban brigadas especiales que nos daban medicamentos a todos los que vivíamos allí. Para mí los sandinistas no eran ni buenos ni malos, pero por lo menos no maltrataban a la gente. Yo vivía con mi abuelita porque mis padres andaban en el ejército, mi papá era de “la contra” y yo nunca lo veía. La última vez que lo vi fue hace 10 años. Teníamos nuestras manzanitas de tierra donde cultivábamos frijoles, maíz, yuca, quequisque. Así que solo teníamos que comprar el azúcar y el arroz, lo demás lo sacábamos del huerto. A veces los militares sandinistas pasaban abriendo camino por el huerto y dañaban nuestros cultivos. Muchos guerrilleros llegaban a pedir comida; quizás andaban como 7 y mi abuelita les aliñaba como 30 tortillas y unas bolsas de pinol que ellos le pedían y mi abuelita les daba sin esperar nada a cambio. En ese tiempo casi no había diversión. Yo como niño nunca me divertía. Nosotros (mi hermano y yo) pasábamos refugiándonos en la casa y no podíamos ni siquiera ir a bañarnos al río porque era peligroso ya que la guerra estaba en su apogeo. En una palabra, para mí la revolución fue algo Histórico. Fue algo que pasó y que no volverá a suceder. 26

Ahora son otros tiempos, hay mayor libertad de expresión”. LOURDES, 30 AÑOS “Yo nací en el 80, en Bluefields. Viví en el barrio San Mateo y estudié en la Escuela Morava donde todo era en inglés criollo. La guerra se vivió muy diferente allá (en la Costa Atlántica) que aquí en la ciudad (Managua), donde vivo ahora. Nosotros teníamos una muchacha que nos trabajaba desde que yo tenía dos semanas de nacida y lo que yo recuerdo es que cuando íbamos a lavar la ropa, en las pozas cercanas a la casa, íbamos con miedo, un miedo terrible. Sabíamos que donde llegaban las mujeres a lavar la ropa, los “piricuacos” (los sandinistas del servicio militar) las violaban. Entonces había que ir rápido y de mañanita y con bastante gente para que no pasara nada. Recuerdo que los militares se silbaban entre ellos y cuando se escuchaban los silbidos nosotras salíamos corriendo buscando la casa para estar seguras. A las que se quedaran allí las violaban, las drogaban con floripón (unos hongos que las dejaban inconscientes) y a veces eran violadas por varios milicianos al mismo tiempo. Les metían cosas y eran niñas de 14 años algunas. En la época sandinista, o eras sandinista o eras somocista, aunque no fueras nada en realidad. A mi papá y a mi tío (un hermano de mi mamá) les llegaban a revisar la casa en la madrugada (una casa que habían obtenido con su trabajo honrado antes del triunfo de la revolución) y entraban forzadamente por la puerta y los metían en el servicio higiénico. Luego les metían la cabeza en el inodoro y se los llevaban por considerarlos contrarrevolucionarios. Mi papá conocía bien a todos esos vecinos sandinistas que antes no tenían ningún cargo y fueron amigos de él an- 27

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