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fue un período cruel y

fue un período cruel y desgarrador para muchas familias. Muchos murieron innecesariamente. Muchos se fueron necesariamente del país y otros quedaron con traumas y nunca más volverán a ser los mismos. ¿De quién es la culpa? ¿De la Dirección Nacional manejada solo por hombres siguiendo los esquemas de una estructura patriarcal? ¿De los líderes que no tuvieron el talante ético para no corromperse? ¿De Fidel Castro y su influencia inevitable sobre Nicaragua? Ya no tiene caso señalar a nadie. Ya pasó. Hoy la revolución es historia y como hecho histórico nos toca reflexionar al respecto y aceptar lo bueno y lo malo de ese período para poder seguir caminando hacia adelante. Solo una cosa puedo asegurar. Mi generación es la generación perdida. Esa generación que se quedó a la mitad del camino durante un proyecto que prometía la construcción de un hombre nuevo que nunca se terminó de construir. Los testimonios hablan por sí solos. Hoy, treinta y dos años después de ese triunfo que marcó un antes y un después en la historia de Nicaragua, yo me quedo callado y hago un minuto de silencio por todos los que cayeron en combate mientras luchaban por aquello que soñaron los mártires traicionados. 30

II MEMORIAS DE LA GENERACION TRAICIONADA (2011) Estamos a las puertas de las próximas elecciones presidenciales y me parece urgente hablar en nombre de este amplio grupo de adultos nicaragüenses que sobrevivieron a los diez años de la guerra civil que enfrentó a los miembros del Ejército Popular Sandinista (EPS), a los milicianos del servicio militar obligatorio y a la contrarrevolución financiada por Reagan y por la derecha que tenía bases anti-sandinistas desde Honduras. En este marco bélico, donde pelearon los hermanos mayores y los padres de aquellos niños que formaron parte de la “Generación Perdida”, se desarrolló la vida en combate de muchos héroes anónimos que se entregaron por su patria y hoy ni siquiera son reconocidos por el gobierno “socialista, solidario y cristiano” de reconciliación y paz nacional del presidente Ortega y la primera dama, Rosario Murillo. Los desmovilizados y lisiados de guerra aquí entrevistados, son ocho valientes testimonios que aprendieron a reunirse en pequeñas células grupales para recordar aquella dura encrucijada que alguna vez los puso en jaque. Sin embargo, cabe preguntarnos una serie de interrogantes alrededor de todos estos supervivientes que fueron utilizados por sus antiguos jefes ya sea desde el lado del FSLN o el de la Contra, jefes que hoy son apoderados de grandes cargos públicos, empresarios, otros exiliados en la comodidad del extranjero y algunos que incluso, continúan hostigando desde la política y engañando al pueblo 31