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allá, una en la fuente

allá, una en la fuente de agua otra en algún caño y así. Cuando nos tocó recuperar esa zona con los BLI (Batallones de Lucha Irregular), me escogieron a mí para dirigirlos y para apoyar la escuadra de exploración y retomar nuestras posiciones anteriores. Paramos entonces la marcha porque yo quería subir un poco más para ver desde la cima del cerro y así dirigir mejor a la escuadra. Al avanzar 5 o 10 metros, pisé la mina. De allí solo recuerdo haber escuchado un ruido fuertísimo; caí después de ser lanzado al aire y no supe lo que había pasado. Estaba aturdido; quise levantarme y ponerme de pie y no pude, entones me arrastré y avancé otros 10 metros hasta que empecé a gritar y pedir ayuda para que me sacaran de allí. Perdí la pierna izquierda (un tercio arriba de la rodilla) y uso prótesis desde el año 87. La guerra no me aportó nada positivo. No creo que una guerra pueda aportar algo positivo a nadie. Para el año 96, cuando gana Arnoldo Alemán las elecciones, empiezo a ver que los cuadros, los grandes cuadros de la revolución no eran lo que decían ser moralmente antes. Los pactos, las alianzas a espaldas del pueblo, los enriquecimientos ilícitos y demás corruptelas solo me decían una cosa y mientras ellos hacían otra y se contradecían descaradamente. Había mucha demagogia; no había congruencia entre lo que decían y lo que hacían y eso fue haciendo despertar esa triste realidad y sentirse traicionado; me sentí traicionado, me siento traicionado el día de hoy y ya no puedo defender a una mafia estructurada desde las cimas del poder”. Alexis, 39 años: “Nací en el 72, en Quilalí, Nueva Segovia. Me incorpore en 1986 a las filas de la Resistencia nicaragüense y nosotros, como personas campesinas, teníamos una finca cafetalera para cuando empezaron las confisca- 34

ciones de propiedad durante la guerra. Nos evacuaron del campo y nos metieron en unos asentamientos clandestinos. De manera voluntaria tomé la decisión de ingresar y ser parte de las filas de la resistencia nacional ya que los sandinistas le habían quitados sus tierritas a toda mi familia. Tenía 15 años cuando tomé dicha decisión. Los momentos más dramáticos que viví fueron la “Operación Olivero”, en 1987, y la operación “Danto 88”, al siguiente año, cuando fue la incursión que hizo el FSLN durante una operación muy grande y muy fuerte que terminaron ganando ellos. Siempre había situaciones difíciles en la montaña, el sufrimiento era atroz; el hambre, el cansancio y el agotamiento eran el “pan de cada día”. No teníamos medicamentos suficientes para curar las heridas o las enfermedades. Cuando salíamos heridos de balas era fácil agarrar una gangrena y morir combatiendo; no había lugares adecuados donde te llevaran y te cuidaran las heridas. Lo difícil de la guerra era cuando estabas en combate y sentías el temor por perder tu vida. Todos los seres humanos tenemos miedo natural cuando estamos en batalla o en lucha, ambos bandos sienten miedo y la verdad es que únicamente le pedís a Dios por salir vivo de ese momento. Es la única manera de sobreponerte. Dios, principalmente Dios es la esperanza que uno tiene cuando están cayendo balas a tu alrededor, uno le ruega a Él por la protección necesaria para poder salir de la guerra. Había también momentos alegres, principalmente cuando salías invicto en un combate donde no había caídos. Había momentos que te sentías bien con tus demás compañeros o cuando tenías información de algún familiar que te mandaba una carta, quizá lograbas contactarte y le mandabas a decir que estabas bien, cuánto lo querías y lo extra- 35

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