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amos concentrados en la base de Somoto, en el batallón 3009) fuimos llamados a reforzar las líneas amigas. El Frente no tenía gente suficiente en la zona para ganar el combate y de los 170 hombres que habíamos, escogieron a 80 en la lista de refuerzos, y entre ellos iba yo, desgraciadamente. Salimos entonces como a la 1 de la madrugada, fuimos al combate y allí fue donde, tras una ráfaga de balas, me acribillaron las piernas y las perdí en la guerra. No quiero hablar de los detalles del combate porque es un tema difícil, todavía me afecta mucho cuando lo rememoro… Otros momentos dramáticos que viví fue cuando estuvimos en Puerto Cabezas, en el Río Coco, en Waspan, Leimon y La Tronquera. Era duro, muy duro. Para el tiempo de invierno todas esas zonas eran partes llenas de agua. Tuvimos que dormir entre los pantanos en unas hamacas con el agua empozada en los pies, los chayules, los zancudos, los insectos y otros animales encima, aquello era horrible. Estuvimos allí durante casi dos años. Sí hubo momentos alegres y momentos tristes; en las montañas uno se habita con los compañeros y las familias quedan lejos, pero cada año había un permiso de 8 días para que las familias nos visitaran. Casi nadie se conocía por su nombre, nos llamábamos por medio de apodos. Era difícil estar en el ejército. Nuestros jefes eran campesinos y ellos nos exigían tener mucha disciplina y acatar las órdenes de los jefes mayores, quienes eran tranquilos y otros más estrictos, pero nosotros teníamos que adaptarnos al mando. Después de la guerra me dieron una casa, salí beneficiado y fui privilegiado porque no a todos los lisiados de guerra les daban una casa. Por lo menos eso, tengo mi casita desde entonces. Es lo único positivo que saqué de la guerra. 38

Como militantes del frente sandinista y ahora discapacitados de guerra, los líderes nos tienen abandonados y pareciera que están regalando chanchos y gallinas a los campesinos, pero no les dan la purina que necesitan esas gallinas; a nosotros no nos dan ni siquiera una silla de ruedas. A pesar de todo yo sigo en pie de lucha. Nosotros (los discapacitados) no traicionamos al partido, ellos (los dirigentes) nos traicionaron a nosotros, pero nosotros no traicionamos al FSLN, eso nunca. Ortega sigue siendo un líder, pero un líder mal asesorado porque no actúa como debería de actuar. Nosotros (los desmovilizados de guerra) hemos pedido ayuda con las pensiones, pero no nos han aumentado ni un peso desde hace 4 años que ganaron las elecciones. Lo que les dan a los campesinos son puras regalías, están tapando agujeros y regalando cositas aquí y cositas allá para que la gente vote por ellos. Ellos quieren ganar las elecciones sin ofrecer soluciones a largo plazo; la política actual del gobierno es “comida para hoy, hambre para mañana”. Isidro, 40 años: “Nací en San José de Bocay y soy norteño. Nosotros, mi familia y yo, teníamos una finca de café cuando comenzaban los combates y las primeras confiscaciones de tierra. En la madrugada de un día del año 83, llegaron los guerrilleros de la Resistencia mientras cortábamos café. Nos apiñaron y nos dijeron: “bueno, aquí hay que unirse a favor de la patria porque Nicaragua es de todos y todos tenemos que poner un granito de arena para defenderla del yugo sandinista”. Ese era el cuento que le metían a todo el mundo y yo era solo un chavalo de 13 años cuando me lo tragué. Yo era el más chiquito de mi familia, había escuchado ha- 39