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lar de la guerra, pero

lar de la guerra, pero no sabía lo que era la guerra. En lo que íbamos caminando con los militares al lado, nos dicen ahora: “el que deserte aquí, le volamos la cabeza”. Sembraban el terror entre los campesinos y si te agarraban como sospechoso de ser sandinista, también te cortaban la cabeza. Nos fuimos a Honduras, llegamos a Honduras y nos entrenaron por 4 meses en las bases militares de Honduras. Después venimos a pelear a Nicaragua; ya en ese momento todos estábamos conscientes del tipo de lucha armada que librábamos, pues estábamos en una encrucijada muy difícil. O estabas de un lado o del otro. Los campesinos, al estar desinformados, no podíamos elegir. No sabíamos decir si me conviene o no me conviene esta decisión, entonces fuimos manipulados y así nos mandaron a combatir, a la fuerza. Los campesinos somos gente fuerte y práctica, mi papá y mi mamá siempre me enseñaron a ser humilde y eso me ayudó mucho a enfrentar esa guerra. Son diferentes momentos dramáticos los que viví desde la montaña, pero en todos tuve miedo. Teníamos bajas a cada rato y los combates eran muy intensos. Uno andaba cargando heridos cuando ni siquiera habías comido y tampoco andabas muchas municiones para defenderte. Esas cosas lo desgastan a uno física y moralmente. Uno también anda pensando en su familia que no ves tampoco, uno no tiene comunicación con su familia y se desconecta totalmente. Sin embargo, tenés que ser fuerte y resistente, sacar energías de donde nos las tenés. Operamos en Nueva Segovia primero. Cuando los sandinistas nos penqueaban y nos hacían retroceder hasta la frontera, entonces nos abastecíamos. Ya abastecidos, entrabamos a Jinotega, luego a Matagalpa, entonces andabas como las hormigas locas, sin rumbo cierto, no tenías un paradero claro ni podías hacer planes porque lo único que te 40

quedaba era acatar órdenes y buscar cómo salvar tu pellejo. Claro que hubo momentos alegres también. Uno hace amistad con los compañeros y cuando logras descansar, te desahogas contando chistes y riéndote con el otro. Así uno se calma. Nos enseñaron que todos teníamos que ser unidos y compartir todo entre todos, pero claro, había sus bandidos que se te iban arriba o te robaban el agua y cosas así, pero todo pasaba entre nosotros y eso a veces te causaba risa recordarlo. Fueron tiempos muy duros. Si me preguntaras si yo volviera ir a la Guerra, te respondería que ni que estuviera loco. Ni le deseo ni le recomiendo a nadie que vaya a una situación así. Imagináte que en mi grupo éramos 300 soldados y con costo sobrevivimos 60 hombres entre cotos y ciegos. Todos pensábamos que íbamos a ganar la guerra, todos teníamos esa mentalidad, pero al final te dabas cuenta que no tenía sentido ganar o perder la guerra, simplemente nos manipularon. Toda esta gente que nos involucró nos hizo tremenda jugada. Mientras ellos estaban en Miami y se hacían millonarios con la guerra que financiaron, nosotros moríamos en las montañas. Ellos no volaron ni un solo tiro y se hicieron los grandes señores que salieron de la guerra para tener cuentas en el banco, vehículos de lujo, fincas y ¿nosotros qué? Nosotros salimos descalzos y entramos descalzos a la guerra. Eran una mafia. En la política, si vos no la sabes manejar, mejor no te metas. Si alguien te habla de política y vos no sabes lo que esa persona está haciendo a tus espaldas, entonces actúas desde la ceguera y eso fue lo que pasó con nosotros. Reclutaron a un montón de ciegos políticos. Ahora los campesinos que entraron a la guerra están allí abandonados, nadie los vuelve a ver. Perdimos el tiempo y la juventud que teníamos. Nosotros éramos jóvenes y no logramos estudiar, aho- 41

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