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a todos los

a todos los excombatientes andamos por los 45 o 50 años y ya no te dan un trabajo si quiera. Lo mejor de nuestras vidas se quedó truncado. Me siento traicionado por un grupo de bandidos que nos reclutaron en la Resistencia. En realidad, fuimos traicionados toditos, tanto los sandinistas como los de la Contra. Ambos éramos nicaragüenses y perdimos el tiempo en una guerra espantosa. Ahora digo no a la guerra, esa es mi recomendación. Todos los nicas tenemos que estar unidos y mirar hacia adelante para que nuestros hijos estudien y para que sean mejores que nosotros algún día. Las nuevas generaciones no tienen que cometer el error que cometimos nosotros. Si alguien me pregunta yo le doy mi consejo: NO A LA GUE- RRA. Evitarla lo más que se pueda, no es posible que las familias nicaragüenses sigamos en zozobra por unos cuantos que están en el poder; al final son las familias de este país las que pagan los errores políticos de los grandotes”. Carlos, 46 años: “Yo nací en Managua, en el 65 y soy de los barrios orientales de la catorce de septiembre, del barrio nicarao. Cuando la guerra tenía 15 años y perdí mi pierna izquierda en una emboscada que nos hizo la Contra allá por Laguna de Perlas, en Houlover. Yo traigo lo guerrillero en la sangre porque tengo dos hermanos caídos en combate. Uno que murió en San José de Las Mulas en la masacre de los 23 jóvenes que la Contra mató en el 83, y el otro, que murió en la guerra de liberación nacional para el año 79. Lo agarró un famoso “Macho negro” y lo desapareció y no lo volvimos a encontrar. Ese era el estilo del “Macho negro”, agarrar a los jóvenes y desaparecerlos. Por eso, a como dice la canción de los Mejía Godoy, su tumba (la tumba de mi hermano desaparecido) “es todo el territorio nacional”. Viví varios momentos dramáticos durante mi vida de comba- 42

tiente. En particular uno que me quedó grabado en ese entonces. Íbamos para una misión y estaba lloviendo desde la mañana. Estábamos en la zona de la RAAS (Región Autónoma del Atlántico Sur) en la cuenca de Laguna de Perlas, Orinoco y la Cruz del Río Grande. Esa zona es bien húmeda y allí el paisaje es puro fango, suampo, manglares porque está la costa cerca. Íbamos a una misión hacia el “tortuguero” caminando todo el día hasta que en la tarde nos topamos con un río. En realidad, era un riachuelo que se creció y se puso grande y copioso. Éramos un pelotón de 30 hombres, pero el río estaba tan bravo y tan lleno de agua, que tuvimos que botar un palo con un hacha para poderlo cruzar. Mientras botamos el palo con el hacha, lo cual es dilatado, el río agarro más y más agua hasta que pasó la primera escuadra de militantes y luego con costo, la segunda. Cuando llega la tercera escuadra de combatientes, nos agarramos de un mecate y lo amarramos a un palo de un extremo para llegar al otro lado y así poder pasar. Pero se puso jodida la cosa. Íbamos pasando por el mecate y de tanto pasar, el mecate se puso flojo y el jefe del pelotón, que no sabía nadar, se da vuelta y con la mochila llena de agua, se fue al fondo del caudal. En eso yo lo agarro del pelo, sin bromas, pero en lo que lo quiero agarrar del pelo me voy yo también al fondo del caudal. ¡Jueputa! yo en mis adentros. Yo no sé quién me puso una raíz o una rama en la superficie y cuando me voy quitando la mochila para poder salir con la mano chapoteando en el agua, encuentro una “rama divina” y me agarro de ella y logro salir ¡Dios qué alivio! A la vez, logro sacar al otro broder que ya se nos estaba ahogando en las profundidades del caudal. Fue una cosa horrible esa vaina no se me olvida. Allí fue cuando más cagado me puse para serte honesto. Yo creo que la guerra sí me aporto algo positi- 43

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