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vo. Yo mantengo el

vo. Yo mantengo el principio de que la montaña forja al hombre porque vos aprendes a compartir con el compañero, a solidarizarte con los compañeros, etc. Yo llegaba a un lugar donde los campesinos, por decirte algo, y yo partía una tortilla mitad y mitad: “tome mi hermano, la mitad es suya”, le decía a mi “compa”. Andar en el monte te forja valores buenos, amistades verdaderas, allí sabés quién es quién, no son vainas. Había sus jefes que eran vendidos. Yo conocí jefes que mandaban a las tropas y ellos se iban a carnavalear y a beber guaro mientras uno andaba volando balas. Pero después, claro, había otros jefes que se ponían a la par del soldado y eran consecuentes, te decían: “¿vas a caminar? vamos a caminar pues ¿vamos a sufrir hambre? Vamos a sufrir hambre, ¿vamos a comer mierda? vamos a comer mierda”, es decir, yo por suerte me encontré jefes que eran moridores. Los momentos más alegres llegaban cuando recibías una carta de un ser querido, ya sea de mi abuelita o de mi mamá, por ejemplo. Cada vez que decían que venía correspondencia yo me alegraba. Cada vez que me decían que un compañero que se fue herido, regresó vivo, era otro momento de alegría también. En la montaña la onda era chocar, si vos no chocabas andabas mal porque no tenía sentido andar en la montaña. Si vos chocabas ya te alegrabas. Chocar era pelear, combatir, volar balas. Yo soy sandinista pero no de banderitas que ponen en los carros. Porque ahora todo mundo es sandinista, todo el mundo se pone una camiseta y te saca una bandera y te dice yo anduve en la montaña, y te agarran y te quieren vociferar; pero yo soy sandinista porque me cuesta serlo y no porque soy oportunista, pues he tenido oportunidad de agarrar y no he agarrado nada porque ese no es mi estilo, ¿viste? Para los tiempos de don Enrique (Bolaños) y durante los 44

16 años de gobierno liberal, las pensiones de nosotros (los lisiados de guerra) estaban en 531 córdobas mensuales. Todo fue que viniera el comandante (Ortega) y nos subieron a 1,200 córdobas. Ahorita me tienen en 3,000 córdobas y esa cantidad no te cae nada mal, nada mal hermano. Además, como desmovilizados, tenemos exoneraciones en el pago de nuestras casas, descuento en la luz, en el agua y muchos beneficios más. Por lo menos hay compañeros que ni siquiera caminan y la pensión de ellos anda por los 5,000 córdobas y yo te digo una cosa, en comparación a lo que nos daban antes, esa cantidad no está nada mal”. Comandante “Papilón”, 60 años: “Nací en Managua, en el 51. La mayor parte de nuestra gente se involucró voluntariamente a la Resistencia ya que, de todas maneras, ninguno devengaba un salario a menos que sean las personas que estaban en los directorios y en los altos mandos, esos sí, esos sí devengaban un salario. Cuando nos desmovilizaron (en 1990), simplemente nos dieron un pantalón y una camisa y hasta allí; entregamos las armas sin ninguna seguridad y la prueba está en que luego de la desmovilización, en el campo había rencillas y se dieron algunos acontecimientos bastantes feos. No tuvimos entonces ninguna seguridad. Recuerdo con mucho dramatismo la primera incursión militar que hicimos el 2 de enero del 83. No había reabastecimiento en ese tiempo. El comandante Renato nos dijo: “vamos sin regreso”, es decir, el ejército sandinista era demasiado grande y nosotros éramos unos pocos, en otras palabras, nos estaban probando para ver si nos podían dar la ayuda que nos dieron después. En esa época eran dos fuerzas principales las que entraron, 45

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