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21 años después de la

21 años después de la guerra, ¿qué paso con los gobiernos anteriores?, no lo hicieron y si hoy nos dan un título, ¿por qué no nos dan un financiamiento para poder aprovechar la tierra? Entonces nosotros tenemos y no tenemos. Ahora somos ciudadanos comunes y corrientes, en eso nos convirtieron. Así como fuimos caballeros de guerra en la guerra, lo seguimos siendo a pesar que ya estamos bastante macizos. Mantenemos siempre nuestra palabra y nuestra posición. Pero nos siguen ninguneando y eso es doloroso. Si me preguntas si la guerra me aportó algo positivo, en lo personal, yo te respondo a secas: nada. Yo creo que ninguna guerra aporta nada positivo a nadie, ninguna”. Roger, 44 años: “Nací en Matagalpa en el 67. Me involucré voluntariamente al Ejército Popular Sandinista (EPS) cuando tenía 16 años. Lo hice siguiendo ese sentimiento revolucionario que inspiró a tantos guerrilleros luego del triunfo de 1979. Era un proyecto que favorecía a la mayoría de los desposeídos y más pobres de Nicaragua, por eso lo hice. Mi primera impresión de la guerra fue la crueldad de los combates donde murieron los primeros compañeros. Ver tanta sangre, ver tanto muerto y ver tanto herido, me impactó muchísimo. Sin embargo, esas mismas imágenes fueron las que me llenaron de coraje para luego seguir librando la batalla por una Nicaragua libre. Yo solo me sentía dentro de esas películas norteamericanas sobre la guerra en Vietnam; uno desde la montaña se traslada y te metes en un mundo diferentísimo al mundo tranquilo de la ciudad. Era una cosa totalmente nueva para mí. Estuve involucrado en el batallón de lucha irregular “Farabundo Martí”, esa fue mi primera experiencia mili- 48

tar. Era un enfrentamiento cuerpo a cuerpo ante la Contra. Desde muy chavalo me incorporé al movimiento “Luis Alfonso Velázquez Flores” y después formé parte de la juventud sandinista. Pertenecí también, años anteriores, a los cortes de café donde nos movilizábamos y nos habíamos comprometido a defender la revolución. Hubo momentos tristes y momentos alegres. Cuando descansábamos, por ejemplo, hacíamos chistes y nos acordábamos de las novias que habíamos dejado en la ciudad; de las anécdotas de los chavalos de las fiestas; y luego hablábamos sobre lo que íbamos hacer si salíamos vivos de esa guerra. Hoy recuerdo todo eso con nostalgia, pero también con alivio. Un alivio porque salí vivo de la guerra y la guerra me aportó muchas cosas positivas en la parte humana. Aprendí a valorar más la vida y a tenerles amor a las personas y sí, es cierto, éramos chavalitos los que andábamos allí, pero andar allí a esa edad te hacía madurar mucho más rápido. La relación entre los jefes y nosotros era muy fraterna. Había una comunicación total y esa era la base para la subsistencia en la montaña. Además de estar bien preparado física y mentalmente, tenías que estar bien informado. Fue duro. A veces nos tocaba dormir sin cambiarnos la ropa ni bañarnos por semanas, dormíamos con las botas puestas y el animalero de la selva encima, eso te hacia sobrevivir y salir adelante en la lucha por tus propios principios. La relación entre nosotros, “los compas”, era cordial. Allí el que no cooperaba se moría de hambre; era por eso tan necesario el espíritu de unidad total entre nosotros. Dormíamos a la intemperie y una vez al año, nos daban 15 días para visitar a la familia, eran 15 días que se sentían como 15 años. Han pasado ya 21 años desde que los nicas nos andábamos matando en la montaña cada quien defendiendo lo que creía 49

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