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mañana y salí de allí

mañana y salí de allí como a las 6 de la tarde. Logré escapar del anillo donde yo estaba metido, logré salir gracias a Dios, pero allí perdí, eso sí, los tres hombres que me mataron en el puesto, dos que me mataron en el asalto y como 3 heridos que luego tuvimos que llevar a curar al campamento. Claro que en la montaña también hubo momentos alegres. Nosotros, cuando estábamos en la base, andábamos alegres y aquí también a lo interno, porque pues, nosotros caminábamos una grabadora y cuando llegábamos a tierra pacífica nos poníamos a bailar y llegábamos a la casa y nos poníamos a bailar de nuevo. Luego matábamos una vaca y nos la comíamos. Uno armaba su propia jodedera para no sufrir tanto la guerra. Andábamos conscientes de lo que andábamos metidos y eso elevó nuestra moral, nosotros no habíamos sido reclutados, sino que andábamos con nuestros propios gustos. A pesar de que los muchachos y yo, hicimos todo lo posible por tener ratos alegres, yo pienso que la guerra no me aportó nada positivo. Los nicas nos matamos entre nosotros mismos y hubo un montón de muertos solo por defender a 4 u 8 individuos que estaban en el poder para ese entonces. Tanto por parte del FSLN como por parte de nosotros, los Contras, pusimos muertos a cambio de nada. Nosotros, los combatientes, teníamos una buena relación entre nosotros y yo siempre le decía mi gente que tuviéramos mucho cuidado porque esta guerra iba para largo. Entonces teníamos que ser más tácticos en nuestro lugar de combate. Nuestra relación era magnifica, buena, muy buena. Fíjese que a veces me acuesto y hago memoria por todos los lugares que anduvimos y pienso en cuántos hermanos quedaron abonando la tierra con su sangre y el día de hoy, aquellos jefes que dijeron que eran jefes, no se acuerdan de nadie. Fíjese que definitivamente, soy franco y se lo digo, yo me siento traiciona- 52

do, se lo digo claro y pelado, pues la negociación y la desmovilización que nos hicieron a los Contras, fue a cambio de nada. Sí, nuestra desmovilización fue vergonzosa. Mandarnos con un par de botas de hule con un uniforme que parecía que veníamos saliendo de un hospital de guerra, fue vergonzoso. Hubo dinero para financiar la guerra, pero no hubo dinero para lo que pasó con nosotros después de ella. Nuestra desmovilización pudo hacer sido mucho más decente, pero así nos despacharon: con un par de botas de hule y una gabacha que parecía que veníamos saliendo del hospital, no fue justo ni fue honroso para nosotros terminar de esa manera. Por eso me siento traicionado, no me da miedo decirlo”. LA GENERACIÓN TRAICIONADA Como podemos palpar en los testimonios aquí reunidos, el miedo no tenía nombre ni bando específico, tanto los Contras como los Sandinistas, sintieron miedo en los adentros de las montañas que respiraron y sudaron con su sangre, donde se jugaron la vida y se jugaron la muerte, unos a la fuerza, otros bajo su propio consentimiento, pero todos con el deseo de sobrevivir a esta cruel y descarnada guerra que gracias a Dios, a las negociaciones, a la tolerancia entre los dos bandos y a la intensa virtud de sus protagonistas, terminó en una Paz necesaria, aunque no definitiva, ya que son muchas las cuentas pendientes que tienen los exjefes de estos valientes guerreros que protagonizaron una de las páginas más oscuras de la Historia Nacional. La lucha sigue, su reivindicación continúa, sus familias exclaman y aclaman por ayuda y por el respeto a sus derechos. Mientras tanto, a mí, como joven y testigo tardío de estos testimonios desgarradores, solo me queda plasmar aquí lo que estos hermanos nicaragüenses vivieron. Me queda hablar por ellos a través de este artículo, hablar, sobretodo 53

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