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en aquellas zonas y se

en aquellas zonas y se manejaba de manera extraoficial, es decir, no se tocaba entre las altas esferas del partido comunista. A pesar de todo, la experiencia fue buena. Yo soy franco. A veces echaba mis lágrimas por mi esposa y mis tres hijos. Luego de 3 o 4 meses ya no recordaba la cara de mis hijos y le pedí a mi esposa que me mandara fotos de ellos. Mis compañeros chilenos me consolaban con cierto sentido del humor, pero en el fondo me entristecían. Ellos estaban entrampados en la URSS ya que se quedaron allá cuando ocurrió la caída de Allende y no pudieron regresar a Chile. Me decían que no me preocupara, que a los 6 meses me iba a olvidar de mi esposa, me iba a casar con una rusa y me quedaría viviendo allá. Lejos de hacerme reír, eso me afligía. Regresé a Nicaragua con mi especialidad en cultivo de peces. Fui con mis documentos al Instituto de Pesca (INPES- CA) esperando una oportunidad laboral. Cuando llegué con aquella alegría luego de graduarme en la URSS, me recibió una “compita” vestida de verde olivo y traje militar. Le mostré mis papeles y ella sólo me quedó viendo y me dijo que dejara los documentos y llegara otro día. Me sentí menospreciado. Le pedí por favor hablar con el ministro o con alguien encargado de recursos humanos para ver mi caso. Ella se negó y me atendió hasta una semana después. Sólo fue para negarme cualquier chance de trabajo. Imagínate, eso fue en el 82, cuando apenas empezaba la revolución. ¿Qué podía esperarse de los años siguientes?”. Bertha, 47 años: “Nací en Managua, en 1965 y tenía 19 años cuando salí del país. Estudié en la Academia Agrícola de Ucrania en Kiev, la capital. Lo logré por medio de una beca, producto de un convenio entre el gobierno sandinista y la Unión Soviética en el sector de la educación. En el caso de quienes estudiábamos Medicina Veterina- 58

ia, nuestra beca era financiada por la UNICEF. Dicha institución le daba los fondos a la unión soviética y luego ella miraba los países del tercer mundo, escogía y ofrecía becas. Los bachilleres que optaban para dicha beca, hacíamos exámenes psicométricos, físicos, de coeficiente intelectual, etcétera. Luego publicaban la lista de los seleccionados y lo invitaban a uno para solicitar de manera formal la beca. Nosotros (los becados de entonces) vivimos momentos históricos al llegar a la URSS. Fue asombroso cuando, durante las primeras reuniones o charlas políticas a las cuales nos convocaron, los profesores nos hablaron de “la perestroika”, la “glásnot” y la reestructuración del sistema socialista ruso. Fuimos la generación de estudiantes que vivimos la apertura y el cambio de la sociedad soviética hacia el mundo. La URSS, por medio de los cambios que intentaba aplicar Gorbachov, era como una flor que quería abrirse y todavía tenía su mallita que no le permitía liberarse y dar todo su esplendor. Del 85 al 88, fueron 3 años dramáticos para la URSS. Fue el rompimiento de viejos paradigmas en cuanto a la apertura de fronteras, el acceso a ciertas tecnologías y los cambios en la política económica. Hubo un momento que, por los drásticos cambios de moneda que vivíamos, en vez de darnos el estipendio normal, nos daban cupones impresos en unas ristras de cartón que parecían billetes postizos. Ser mujer en ucrania tenía muchas ventajas. Había muchas oportunidades y pocos límites y mucho respeto. Eso lo sentí y lo viví muy de cerca. Sin embargo, como mujer extranjera, era otra cosa. Había mucha discriminación segmentada, pero no se podía negar. Como nos tocó trabajar en el campo por el perfil de la carrera, tuvimos que lidiar con gente más conservadora. Era difícil que aceptaran tu color de piel morena y tu pelo murruco. 59

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