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El sábado 12 de mayo

El sábado 12 de mayo voy a cumplir 23 años de casada, soy una madre realizada y todo esto no lo cambio por nada”. Carlos, 49 años: “Nací en Mina de Limón. Un pueblito que pertenece al municipio de Malpaisillo, León. Tuve la oportunidad de viajar en el 84 a Alemania Oriental para estudiar una maestría en Química. En la época de los ochenta hubo fuertes lazos de amistad entre el partido sandinista y el gobierno del partido socialista unificado de Alemania. En ese momento yo estaba en la preparatoria de León y era de la juventud sandinista. Alemania ofertó 50 cupos anuales a Nicaragua para asistir a sus universidades; yo apliqué a uno y fui aceptado. Tenía 19 años. Previamente, recibí un curso preparatorio de alemán en la UNAN-Managua. Eso nos permitía irnos familiarizando con el idioma, ya que son dos culturas muy diferentes y nos costó adaptarnos al inicio de nuestra llegada. El idioma era un verdadero dolor de cabeza. Era tan difícil que una vez un nica compró en vez de aceite, jabón líquido para cocinar. Y otro, en vez de comprar pasta de diente, compró crema para rasurarse. Cosas cómicas nos pasaban a los nicas allá en Alemania. La situación política estaba a favor nuestro. Éramos bien recibidos porque sabían que veníamos de una revolución joven que había destronado a una dictadura. Me consta que, a pesar de la bienvenida, hubo xenofobia, pero oficialmente esa xenofobia era reprimida. Era un país totalmente seguro cuando yo tuve la oportunidad de visitarlo, eso ha ido cambiando un poco. Tuve la oportunidad de venir a mi país mientras estudiaba allá, en medio del segundo quinquenio de la revolución. La experiencia fue chocante. Recuerdo que cuando iba a mi pueblo, los del Ejército Popular Sandinista (EPS), me bajaron del bus y me querían llevar al servicio militar patriótico. Tuve que presentarles un carnet diciendo que estaba estudiando fuera. Casi me agarran. Pero logré regresar a Alemania. 66

Estudié en una escuela técnica superior llamada Loina Mercel, la cual, después de la unificación alemana, desapareció. Quedaba en Halle, a 200km de Berlín. El muro cayó en el 89 y yo me quedé todavía después ya que no había terminado mi carrera. La ventaja que tuve fue que Alemania Federal adoptó a todos los becarios nicaragüenses que había allá y les siguió dando estipendio. No obstante, los cubanos desertaron, así como también los coreanos y los estudiantes de otros países por el cambio de sistema. Nosotros los nicas nos quedamos gracias al Servicio Alemán de Intercambio Académico (SAIA), el cual asumió los estipendios y luego nos dio el pasaje de regreso a pesar de que el gobierno sandinista ya no estaba en el poder. Se nos asignaron 320 marcos y con eso daba para comer durante un mes. Era el equivalente (aproximado) a 30 dólares, lo cual era mucho en el mercado negro de esa época. Se debía más que todo al déficit cambiario. Comprábamos libros e incluso tomábamos una cervecita de vez en cuando. El problema es que muchos nicas agarraban el estipendio y se lo bebían en guaro y andaban de cuarto en cuarto buscando borrachos que les hicieran compañía. El nica siempre ha sido bacanalero y tocadito al mal. En Alemania no fue la excepción. Muchos se hacían los disimulados a la hora de comer y luego se iban a beber guaro. Esto no lo controlaba el gobierno alemán, de haberlo hecho, seguramente muchos hubieran sido devueltos antes de tiempo. El nivel de vida de los alemanes era el mejor de todos los países socialistas. Alemania era el símbolo del socialismo a nivel mundial y tenía que dar una apariencia de desarrollo y progreso. Su fuerte era la industria liviana. La parte de la industria pesada siempre fue el fuerte de la URSS. Cada país tenía su fuerte y se complementaba. En ese tiempo existía el CAME (Consejo de Ayuda Mutua Eco- 67

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