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I MEMORIAS DE LA

I MEMORIAS DE LA GENERACIÓN PERDIDA (2011) Estamos a las puertas del treintaidosavo aniversario de la Revolución Popular Sandinista que alguna vez inspiró a nuestros padres y los comprometió con una causa común, cuya bandera rojinegra representó la libertad, la solidaridad, la lucha por un país nuevo, por un pueblo empoderado que regó con sangre la vitalidad de sus campos, por una nueva generación de nicaragüenses que acabarían con una de las dictaduras más atroces del siglo pasado. Hoy, treinta y dos años después de aquella epopeya nicaragüense, reflexiono y me detengo a pensar en mi niñez, en los escasos, pero intensos recuerdos que preservo de los primeros cinco años de mi vida; y trato de aferrarme con los dientes de la memoria a cada instante que llenó mi infancia de vivencias memorables en los últimos cinco años del proyecto sandinista. Aún preservo con intacto pavor los vientos peligrosos del huracán Juana que sumió al país en inundaciones repentinas en el 88. Así también aquel bombazo inesperado sobre la tumba (Mausoleo) de Carlos Fonseca Amador, en la antigua plaza revolucionaria, donde el mártir de gafas gruesas está sepultado con una llama flameante en la cúspide. También conservo intacto el silbido metálico del “pájaro negro” que partía en dos el cielo nicaragüense para buscar las bases estratégicas que le sirvieran de apoyo logístico a la contrarrevolución financiada por Reagan. El temblor de las persianas, ese tric-trac-tric, me yace inamovible en el oído. 6

No puedo olvidar el parque “Las piedrecitas”, cerca del Reparto Motastepe, donde mis hermanos y yo andábamos en bicicleta para recrear nuestra niñez, cuando era seguro andar en bicicleta, cuando los niños podíamos jugar en los parques sin que nos atacara un delincuente al otro lado de la esquina. Esos son, entre otros, algunos “flashbacks” e instantáneas de aquellos años tiernos y al mismo tiempo, difíciles, que viví mientras mis padres formaban parte del proyecto común que trajo al país a tantos internacionalistas y le dio la vuelta al mundo por su carácter único y entrañable. ¿Pero qué fue de mi “generación perdida”, de esa generación hija de un proyecto inconcluso, de los demás jóvenes como yo que vivieron su infancia también en esa década histórica de alfabetizaciones, guerrillas y consignas populares? ¿Qué recuerdan hoy, treinta y dos años después? ¿Cuáles fueron las ventajas y las desventajas de ser un niño o niña en esa época? ¿Cómo la definen? ¿A qué le temían? Para saberlo, me aventuré a buscarlos dentro y fuera de la ciudad, salté hacia atrás en el calendario de mi vida y los entrevisté para que iluminaran este artículo con los destellos de sus memorias, breves pero intensas, como las balas de un fusil. ADELAYDE, 32 AÑOS “Viví mi infancia en el barrio Altagracia, un barrio bastante popular y tradicionalista. Contrario a lo que mucha gente recuerda, en mi infancia sí hubo carencia en el sentido que no tuvimos un periodo de abundancia como si tuvimos en los 90s. Recuerdo que mis papas trabajaban duro, y a pesar de su trabajo muchas veces nos tocó hacer filas enormes para obtener el gas, el café y el jabón en la casa. Mi mamá nos levantaba tempranito a mis hermanos y a mí (a las 4 de la 7

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