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se podían estudiar en

se podían estudiar en los países del bloque socialista. Yo fui precoz y me bachilleré a los 13 años. A los 14 ya estaba estudiando Física en la UNAN-Managua. Mi fuerte eran las matemáticas. A pesar de mi juventud, mi papá me motivó, apliqué y fui aceptado entre los mejores. Al llegar allá hicimos un examen para ubicarnos. Me dejaron en la mejor universidad de la Unión Soviética: Lomonosov, en Moscú. Llegué en un momento en que estaba empezándose a hablar de la “perestroika” y de la reforma al sistema socialista ruso. Era el año 86. Había cierta agitación social, pero en ese preciso momento, nada grave. Había también ciertas discusiones en la planta alta del poder, pero como es de costumbre, en la planta baja la información no se manejaba completa. No había sospecha de que se desplomaría el sistema ni nada de eso. Las clases continuaron normales. Yo estudiaba matemáticas. Debí estar cinco años allá, pero sólo llegué hasta tercer año de la carrera. Incluso tuve problemas para quedarme en la sede central y gracias al doctor Luis Gámez, recientemente fallecido, logré quedarme más tiempo. Existía un bloqueo mental de ciertos profesores que nos discriminaban. Al venir de un país subdesarrollado, no nos consideraban aptos para estudiar asignaturas de alto nivel intelectual. Luis Gámez era una lumbrera, un tipo excepcional. Estudiante ejemplar para nosotros los nicas, llegó a sacar su doctorado e hizo correcciones metodológicas a un autor ruso sobre un libro de matemáticas. En su momento, fue invitado a ser miembro de la academia de ciencias de la URSS. Sin embargo, rechazó la invitación porque era un tipo muy humilde y no le interesaban los puestos importantes. Gracias a él yo pude alargar mi estadía. En verano los rusos se iban a trabajar a diferentes brigadas para ganar dinero y ayudarse un poco. En el caso de nosotros, 72

organizamos brigadas de apoyo y solidaridad para mandar fondos a Nicaragua por medio de la juventud sandinista. En la medida que fue avanzando el tiempo y se dieron los movimientos sociales más críticos, empezó a haber presión hacia el estudiantado extranjero. Me trasladaron a una filial de la universidad de Moscú, en una ciudad retirada a 8 horas en tren. Me tocó aprender en dos fines de semana, dos años de secundaria rusa. Sólo así podía aprobar el examen de admisión. Luis Gámez me ayudó mucho. Con esa suerte me mandaron a esa filial y yo podía volver a la sede central si mantenía un gran rendimiento. Sin embargo, en esa ciudad pequeña empecé a tener problemas con la gente. Se hablaba demasiado de política y se dejaban fuera temas importantes como la religión. A pesar de eso, yo aprendí a pensar estando allí. Desde los 3 meses ya hablaba el ruso. Un idioma muy complejo porque no se parece a las lenguas romances a las cuales estamos acostumbrados: español, alemán, inglés, etcétera. Pero cuando logras entrar en el esquema de aprendizaje, no es tan difícil. Allá todo era en ruso y yo me esforcé mucho por ingresar en los grupos donde no hablaban mi idioma. Esto me causaba problema porque la juventud sandinista estaba encima de vos, vigilando tus pasos. Me estigmatizaron. Allí fue la primera vez que mire que a todos los muchachos becados eran “carnetizados” y vigilados por el partido de gobierno. El discurso oficial decía que nos mandaban a Rusia para aprender cómo funcionaba el sistema socialista. Se suponía que Nicaragua iba en la misma dirección. Sin embargo, la práctica de las personas de los niveles superiores era divorciada de ese mismo discurso. Vos mirabas las grandes bacanales que se armaban en la embajada y los grandes “bisnes” que hacían con la compra-venta de dólares de la delegación nacional. Yo como estaba muy chavalo, me lo tomé muy a pecho y me sentí traicionado. 73

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