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Comenzaron los problemas

Comenzaron los problemas de tipo económico y se planteó la posibilidad de hacer cobros y aranceles para extranjeros. En el caso de nosotros, hubo una especie de limpieza étnica. Presionaron a los estudiantes que no podían pagar y había dos nicas en ese grupo. Uno de ellos era yo. Era prácticamente imposible para nuestras familias costear ese gasto. Entonces perdimos el interés en seguir estudiando, decidimos abandonar la carrera y regresarnos. Yo vine en el 89 a caer en el desempleo”. María Dolores, 52 años: “Nací en Toluca, ciudad de México, en el 59. La primera vez que vine a Nicaragua tenía 6 o 7 años de edad. Tengo la nacionalidad bajo la ley que nos declara nicaragüenses nacidos en el extranjero. Fui a Alemania en el año 85, cuando tenía sólo 23 años, casada y con dos hijos. Un niño de menos de un año y una niña de 5. Logré salir del país por medio de una beca. Todo fue gracias a un convenio de gobierno a gobierno entre Nicaragua y la República Democrática Alemana (RDA). Fui a estudiar Economía y Ciencias Sociales en Berlín, en el Instituto Karl Marx. Se trataba de la Escuela Superior del Partido del PSUV, de Erick Honecker. La primera dificultad que tuve fue el cambio de clima. Los fríos alemanes son muy duros. Lo segundo fue el idioma, ya que nosotros no contábamos con una educación previa. Sabíamos decir “si”, “no”, “agua” y unas dos o tres palabras más. Eso era todo. Entonces nos tocó aprender sobre la marcha. La tercera dificultad fue la comunicación desde Alemania. En aquel tiempo nos daban una llamada al mes, la cual duraba apenas 10 minutos. Yo hice 12 llamadas en el año y sentía que esos minutos eran infinitos porque yo quería hablar con mis niños sobre la muñeca que le habían regalado a mi hija o el perrito querido de mi hijo. En diez minutos no se podía. Así que fue un año duro. Recibí un estipendio de 600 marcos alemanes, patrocinado 74

por la RDA. Era más que suficiente para sobrevivir durante un mes. De los 600, me sobraban 400 o más, y yo aprovechaba para comprar cosas y llevarlas luego a mi familia en Nicaragua. Ser mujer extranjera en Alemania era difícil. En Nicaragua teníamos muy poca noción de género. La revolución nunca hizo un esfuerzo importante en el trabajo de género para nosotras. Éramos nicaragüenses a secas y, además, mujeres. Los alemanes pensaron que “las nicas” llegábamos a Europa sólo a buscar marido, relaciones amorosas temporales o casuales. Entonces hubo cierto acoso en ese sentido. Sin embargo, como yo tenía un profundo sentido de mí misma, no permití que ocurriera nada conmigo. Otras compañeras que venían de una formación familiar más débil o fracturada, sí fueron lastimadas. Hubo otras que usaron sus becas como trampolines para quedarse y finalmente se establecieron allá. Eso fue algo que nunca se manejó entre las altas esferas del poder, sino en la calle con otros iguales, en el supermercado, el parque, etc. Lo que más rescato de aquella experiencia, es la formación académica. La disciplina, la organización y la manera de pensar que ellos te incorporaban para administrar tu tiempo, era algo muy valioso. Se trataba de una estructura para que vos organizaras tu vida y tus acciones. Nos enseñaron el mérito de ser puntuales y metódicos en todo lo que hacíamos. A mi regreso a Nicaragua, yo seguí trabajando como oficial en el Ministerio del Interior (MINT) y me sentí mucho más preparada. Luego de la derrota del FSLN, en el año 90, perdí mi trabajo, pero no me sentí desamparada. La Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) reconoció mis estudios para continuar mi carrera y me convalidaron dos años en Ciencias Sociales. Me gradué en el 91. No todos se quedaron sin trabajo. Entré a ser instructora y hoy soy docente titular en la Facul- 75

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