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agua, en aquella

agua, en aquella histórica etapa de nuestra convulsa memoria nacional, se entregó intelectual y activamente en una lucha que todavía no termina, en una lucha que empezó con los ideales de Arlen Siu y otras tantas jóvenes que murieron en nombre de un proceso que prometía darles el espacio que se merecían. Son mujeres que lucharon por la Mujer Nueva mientras los hombres luchaban por el Hombre Nuevo. Son mujeres que dejaron atrás los complejos de antaño y salieron de sus casas para hacer historia en las calles. Unas tardías, otras prematuras. Fueron campesinas, obreras, intelectuales, internacionalistas, bachilleras, universitarias y entusiastas que, poco a poco, formaron una nueva Matria para Nicaragua. Todas ellas, cobijadas por su bandera feminista en el quirófano de la guerra, pujaron aquel feto esperanzador que representó la Revolución Popular Sandinista en Nicaragua. Todas ellas, como en su momento lo hizo Rosa Luxemburgo contra el imperialismo alemán, pujaron por una sociedad más justa, diferente y definitivamente integral. ¿Y cómo se libró esta batalla por la igualdad de género? ¿Cuáles fueron las trincheras? ¿Cuáles fueron los grandes logros y los grandes obstáculos enfrentados? ¿En que se avanzó y en qué se retrocedió en aquella década de los 80? Tomando en cuenta los principios revolucionarios de todas ellas, ¿se puede ser de izquierda sin ser feminista? Estas son las respuestas de ocho mujeres que conflagraron por una sociedad que tomara en cuenta sus derechos y que repensara el concepto de mujer. Ellas pelearon también por una sociedad que respetara sus diversas opciones sexuales, por una sociedad que rompiera los tabúes de la época y que saliera de su cuadratura provinciana. Todas ellas se sublevaron por una causa común. Aquí está la Utopía. 78

Gloria, 58 años: “Nací en 1954, en Managua. Me involucré a finales de los 70 en la lucha sandinista por el sueño de alcanzar un país nuevo, donde nos librásemos del yugo somocista de una vez por todas. Mi involucramiento no fue explícitamente pensado como lucha feminista, sino más bien como una lucha por los derechos humanos. En primer lugar, empecé una colaboración con una de las tendencias del frente (la Proletaria) y la idea original era que se creara un comité de familiares de reos políticos para la denuncia de los abusos en las cárceles somocistas. Queríamos evitar el asesinato masivo y reducir la violación a los derechos fundamentales de los y las reas políticas de entonces. Un poco inspirados en la experiencia de la Plaza de Mayo en Argentina, esta corriente pensó en la conveniencia de organizar un grupo de familiares acá en Nicaragua, para llevarles provisiones a muchas mujeres guerrilleras que habían sido encarceladas por la guardia nacional. Visitamos entonces a Ana Julia Guido, Marta Cranshaw, Gloria Campos, entre otras valientes mujeres de aquel entonces. Nuestro movimiento nació en el 76, cuando empezamos a buscar mujeres que no fueran fácilmente reprimibles por la dictadura. Reclutamos a muchas humanistas que no fueran asociadas al comunismo que era el “uyuyuy” del momento. Las encontramos, las agrupamos, las organizamos a todas. Fue una experiencia única, inolvidable. El grupo fue transformándose y buscamos un nombre apropiado para el mismo. Entonces realizamos una junta directiva con simpatizantes de la lucha feminista, pero motivadas por el humanismo y el cristianismo que también impregnaba la ideología sandinista. Nuestra ambición trascendió a ser un comité de denuncia y bautizamos nuestro movimiento como Asociación de Mujeres ante la Problemática Nacional (AMPRONAC). 79