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Las mujeres éramos una

Las mujeres éramos una auténtica mayoría en el país durante los años 70. Nosotras éramos más del 50% de la población y por tanto teníamos un poder político que en realidad no se ejercía. Llegamos a la conclusión de que teníamos un estatus de ciudadanía política del segundo grado cuando en realidad teníamos el peso para ser decisorias. Entonces comenzamos a movilizar a las mujeres ante la problemática nacional y poco a poco fuimos creciendo en participación, en aceptación y en popularidad. Venimos en una dinámica de gestión propia que fue creciendo espontáneamente; los focos de denunciantes nos llamaban de los departamentos y ellos mismos se auto-organizaban. Nosotras no teníamos relaciones verticales ni jerárquicas, pero sí, en Managua hacíamos los planes y proponíamos actividades para los departamentos que nos pedían apoyo. Poco a poco, los municipios se fueron sumando y nos pedían conformar capítulos del movimiento en los sectores gremiales. Nos llamaron de León, Boaco, Jinotega, Matagalpa y luego comenzamos a hacer algunas asambleas nacionales para ratificar los compromisos de nuestra lucha. Lo que fue sucediendo en términos feministas fue una discusión sobre nuestros derechos. Las mujeres éramos también ciudadanas y estábamos muy pasivas ante la realidad de ese entonces. Las esposas no hablaban mucho sobre política ya que se suponía que sólo el marido podía hacerlo y estaba informado al respecto. En la medida que las mujeres se fueron metiendo en la discusión de la realidad nacional y saliendo a las calles para expresarse, entonces (sin proponérselo) fue surgiendo otra agenda que trataba los conflictos que se generaban cuando las mujeres tomaban la batuta en sus casas. AMPRONAC fue un movimiento autónomo y auténticamente democrático, pluralista y simpatizante de la lucha anti-somocista, un movimiento social verdadero. No éramos para- 80

militares, no éramos para-frentistas como otros movimientos del FSLN (como el Frente Amplio Opositor/ FAO) que hacían actividades orientadas por sus líderes, los cuales casi siempre terminaban en algún tipo de confrontación armada contra la guardia. En cambio, nosotras nacimos por una iniciativa de una corriente del frente, pero lográbamos actuar como un movimiento social con sus propias reflexiones, capacidad de decisión y de adaptación propia. Fue algo único. Cuando triunfó la revolución en 1979, la primera cosa que ocurrió fue que el FSLN se tomó militar y territorialmente al país. El Estado Mayor de león se tomó León, el de Matagalpa se tomó Matagalpa, el de Masaya se tomó Masaya y no todo necesariamente a la misma vez, pero además los jefes que quedaron al frente de lugares como Jinotega, se convirtieron en los jefes únicos y totales de esa región. Ellos tenían capacidad para dar órdenes y decidir sobre el patrimonio de cosas que tenían en sus manos. Entonces así mismo ocurrió con los movimientos de masa que ya estaban organizados. Hubo lugares donde el jefe que estuvo al frente del territorio, pensaba que la existencia de planteamientos de mujeres feministas era algo divisionista que fraccionaba la lucha obrera y la lucha de clases, incluyendo la de los campesinos. Por lo tanto, organizaciones como AMPRONAC no eran muy bien vistas en ese sentido, había un recelo revolucionario ya que los dirigentes nos consideraban un grupo de pequeño burguesas. De tal manera que, en 1979, el FSLN por medio de la secretaría de masas, tomó decisiones sobre todas las organizaciones existentes y estipularon que Lea Guido (quien trabajaba con nosotras) se convirtiera en Ministra de Bienestar Social. Luego Salvador Mayorga (otro de nuestros fundadores) fue designado para trabajar el frente de la Reforma Agraria y finalmente, yo quedo como Secretaria General de AMPRONAC. Sin embargo, dos meses después recibí la visita de Carlos Núñez, miem- 81

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