Views
2 weeks ago

Libro

o de la dirección

o de la dirección nacional, para decirme que ahora se llamaba AMLAE (Asociación de Mujeres Luisa Amanda Espinoza). Así pues, se da por concluida aquella primera etapa de nuestro movimiento y de repente entramos a otro capítulo de la historia. Mi estancia en AMLAE no duró mucho. Los dirigentes del frente sandinista empezaron a descabezar varios liderazgos y a nombrar gente por línea y por mandato, en vez de hacerlo por voluntad. Hubo gente designada que no tenía ningún amor, interés, trayectoria, relación ni comprensión de por qué iban a estar en la organización de mujeres y algunas de ellas pensaban incluso lo mismo que muchos otros líderes. Tenían la concepción de que una organización de mujeres era diversionista y nos vieron con poca seriedad. En 1981, tres años después de haber sido secretaria general de AMLAE, el Frente decide sacarme de la institución por no seguir las líneas de la dirección nacional. Ese fue un parte aguas en mi vida, un antes y un después que me marcó para siempre. Después de ese año yo me fui a trabajar en el campo y tomé distancia del partido que se instalaba en el poder”. Luz Marina, 56 años: “Nací en la Comunidad del Portón, en el municipio de Esquipulas, Matagalpa. Yo creo que en los años ochenta hubo muchas feministas, pero fueron pocas las que tenían claro lo que significaba ser feminista en ese entonces. Hace poco, otras compañeras y yo, hacíamos memoria de tantas cosas que pasaron en esos años y cómo fueron desapercibidas por nosotras mismas ya que nuestro feminismo nacía entre la inmadurez y la sorpresa de la revolución. Por ejemplo, AMPRONAC, era una organización que estaba luchando por muchas reivindicaciones de la mujer y tenía todo un programa de lucha muy valioso, pero al mismo tiempo estaban algo desorientadas ya que la revolución era muy nueva en 82

este país. Era una cosa muy exitosa en tan poco tiempo y todo lo que surgía de ella era más un resultado de los apasionamientos, antes que de planificaciones estratégicas bien planteadas. Las feministas nos formamos en ese andar de los años ochenta y entramos (muy ingenuas, por supuesto) en un proceso de emancipación de la mujer donde primaban los derechos de la igualdad que tratábamos que se vieran reflejados en la constitución política de nuestro país. Pero hoy recordamos muy bien que Daniel Ortega, en uno de sus discursos durante un gran congreso de mujeres, dijo que nosotras teníamos que reponer a los jóvenes muertos por la guerra. En pocas palabras, nos mandó a parir por la patria. Y nosotras no dijimos nada. Y fue nuestro gran error. Los militantes con poderes pasaron por encima del criterio de las feministas y pasaron también muchos maltratos y abusos de poder contra nuestras compañeras. Hubo violaciones a nuestros derechos, hubo violencia, pero yo no me acuerdo que eso haya salido a la luz pública desde la boca de las mismas feministas y, por lo tanto, hoy nos cuestionamos profundamente si nosotras cumplimos con nuestra tarea de reivindicar a la mujer. A pesar de las cosas que callamos, hubo otras cosas que sí dijimos y que sí produjeron cambios en nuestra sociedad. En los ochenta, nuestro feminismo contribuyó a la transformación pública de las oficinas de la mujer en la ATC (Asociación de Trabajadoras del Campo) y en la CST (Central Sandinista de Trabajadores) porque allí hubo aportaciones grandísimas, allí muchas feministas como María Teresa Blandón, por ejemplo, estuvieron dirigiendo las oficinas de la mujer, donde todas ellas se metieron a un serio conflicto con los hombres de poder. En la década revolucionaria hubo dos etapas diferentes para la mujer nicaragüense: una del 80 al 87 y otra del 87 al 90. Las mujeres fuimos mucho más activas y beligerantes en la 83

LIBRE
libro
libro
libre
libro
libro
libro
libre
LIBRO
libro
libro
libro
libro
Libro
libro
libre
Libro
libros
libres
libro
libro
libro
libro
libro
libro
libre
Libro
libro
Libro
libro