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segunda etapa; entramos

segunda etapa; entramos en procesos de diálogos con una situación ideológica de cambio. Del 87 para atrás la cosa más importante que hicimos fue el cuestionamiento de cómo se hablaba de reivindicaciones de la mujer. A las mujeres nos pusieron por años a limpiar los barrios, en las jornadas de vacunación, en las jornadas de limpieza de los causes y muchas cosas que eran indudablemente de bien social, pero que tenían una connotación política para el partido. El ser partícipes de eso nos despertó un feminismo más profundo y crítico. Los logros más importantes fueron, por un lado, la denuncia pública contra militantes sandinistas maltratadores de mujeres, y eso me consta, por eso lo digo; también logramos la autonomía de algunos grupos de mujeres organizados en AMLAE, exigiéndole al partido un desprendimiento del mismo. Ese fue un gran logro en el sentido que muchas personas dentro de AMLAE dimos una pelea muy importante y muy política para que el FSLN dejase de bajarles la línea a las mujeres. En ese momento, AMLAE no entendió muy bien el mensaje, desafortunadamente creyó que esas feministas estábamos siendo desleales con el FSLN. Entonces AMLAE se dividió y eso obstaculizó nuestra lucha. Pero al mismo tiempo, esa decisión de nosotras de cuestionar la matriz del gobierno, logró despegar un ombligo entre algunas mujeres con el frente sandinista, y allí nacieron principios de autonomía de algunas compañeras, incluyéndome. Otra de las peleas era que mientras las mujeres trabajaban en los barrios, los militantes hombres daban los informes al partido y eso no nos parecía justo. El gran obstáculo fue el mismo partido. Tampoco hubo ninguna posibilidad en ese entonces de debatir el tema del patriarcado y del machismo. Durante toda esa década no recuerdo en ningún comité de base ninguna discusión política sobre el machismo. 84

Yo pienso que, si sos feminista es porque sos de izquierda, no al revés. Porque entonces tenes un pensamiento de igualdad social, donde se incluyen mejores condiciones para la sociedad en general. La izquierda es un pensamiento de oportunidades distintas, de dialogo, de una democracia correcta y coherente, una persona de la derecha no puede ser feminista”. Martha, 50 años: “Nací en Granada, pero mi identidad es de la isla de Ometepe. Para mí fue muy importante la apertura que hubo durante la revolución en cuanto a la participación de las mujeres, aunque la guerra haya manchado con sangre esa apertura. Recuerdo mucho que buscábamos la igualdad de trato, la igualdad de salarios, la igualdad de tareas y queríamos maternidad responsable donde también existiera la participación del hombre. Levantamos temas álgidos como el aborto inseguro que provoca las muertes en las mujeres y luchamos por ser escuchadas y respetadas para que nuestros planteamientos tuvieran eco en nuestra sociedad y en nuestras instituciones. Todo eso me hizo sentir que la revolución también era para mí. Cuando yo entré al proceso revolucionario, lo hice por mis convicciones cristianas. Y ese fue otro gran acierto de la insurrección. Yo venía de comunidades juveniles cristianas donde habíamos dialogado mucho sobre la tarea de construir una sociedad más justa, donde hombres y mujeres fueran capaces de edificar el Reino de Dios en la Tierra. Ese reino, para nosotras, no era un lugar que viene sólo después de la muerte. Entonces la revolución habló de hacer justicia y de distribuir de manera equitativa los recursos en la sociedad, lo cual era totalmente compatible con el cristianismo y con nuestra idea de Dios. Todo eso también me fue comprometiendo más en el proceso y las mujeres cristianas nos sentimos incluidas en el proyecto revolucionario. La revolución fue un despertar para la conciencia ya que las mujeres veníamos de una dic- 85