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mañana) para hacer

mañana) para hacer filas de 3 o 4 cuadras para abrir la jodida pulpería donde repartían el café, el gas y el jabón. Yo pertenecí a la ANS (Asociación de Niños Sandinistas). Teníamos nuestras pañoletas, nuestros broches y todos esos símbolos de la época. Entré a la ANS por obligación, no porque me preguntaran o me dieran otras opciones. La idea de los adultos era adoctrinar a los niños con una ideología de izquierda. También tuve los cuadernos que se llamaban “Carlitos”, lo recuerdo perfectamente porque todavía recuerdo que te educaban y te decían: “un fusil mas dos fusiles, ¡tres fusiles!” Y aparecía la imagen del fusil en el cuaderno. Nuestros juegos de pelota eran con un calcetín amarrado a una piedra y jugábamos mucho beisbol. Recuerdo el famoso “kit bol” a la patada que era como un béisbol, pero a la patada. Y el que tenía una pelota, mejor que la cuidara porque valía oro y no se compraban pelotas en tiendas de deporte como ahora. Cuando había una piñata en el barrio todos los cipotes te caían encima, aunque no te invitaran. Uno siempre iba entusiasmado. Había un espíritu nato de unidad. En esas piñatas se regalaba jabón, Ase, riales, los caramelos “Chipirul” con el icono de la abejita en el centro y demás cosas sencillas. Mi primera mochila impermeable que tuve fue un pedazo de paracaídas que se le jodió a mi papa. Se lo encontró en una bodega y luego se lo llevo a una costurera y la señora sacó dos mochilas de allí. Nosotras, mis hermanas y yo, nos sentíamos tuani con dos mochilas impermeables de paracaídas. Era la creatividad de la época. Nuestros programas favoritos eran: “El chocoyito chimbaron”, “El chavo del ocho” (¡un clásico!), todo refrito “Bugs Bunny”, “La vida es así”, “El osito micha”, “Marino boy”, “Candy”, 8

“Popeye el marino” y el inolvidable “Matatiru-tiru-la”. Si pudiera resumir la revolución, en una palabra, diría Sueño, un sueño inconcluso. Nosotros somos la generación de jóvenes resentidos porque no somos ni completamente revolucionarios, ni completamente apáticos como los jóvenes de ahora. Nosotros quedamos en el medio, entre la justicia y el hambre, en el Limbo”. MARTIN, 31 AÑOS “Nací en el 79, en el mero-mero año del triunfo y por eso tengo la edad de la revolución. Mi mamá dice que estaba embarazada cuando fue a la plaza a celebrar el triunfo. Luego se tuvo que salir ya que, en medio de la algarabía, la estaban aplastando, se sintió mal y yo de alguna manera me siento ligado a ese hecho histórico ya que estuve presente, aunque sea desde el vientre de mi madre, entre la celebración. Me gustaba la simplicidad de las cosas y todo el rollo de que los programas empezaban a las 3 de la tarde, es decir, teníamos una gran nostalgia por los muñequitos y éramos capaces de esperar largo rato por los programas de televisión que daban a cierta hora. Recuerdo también que no todo el mundo tenía televisión en los ochentas. Yo viví cerca del cerro Motastepe donde estaban las iniciales del FSLN que se alcanzaban a ver desde varios puntos de la capital. Mi infancia la viví por allí y no todos los vecinos tenían tv; entonces nosotros los invitábamos a ver tele por la tarde, era muy bonito todo eso. También estuve mucho tiempo cercano a las estructuras de poder. Estuve en el colegio Centroamérica y allí estaban todos los hijos de los comandantes conmigo con excepción 9

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