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mos, custodiar a los

mos, custodiar a los ancianos y hacer las tareas domésticas. Otro aspecto que no fue tocado durante la revolución fue el tema de la sexualidad, no hubo un debate sobre la forma en que se entendía la sexualidad, sobre el derecho de las mujeres al placer, a transformar su propio cuerpo, el lesbianismo, el transexualismo, etcétera. Nunca se llegó al tema de la planificación familiar ni a la capacidad de las mujeres de decidir sobre su maternidad, eso no fue desarrollado a profundidad y solo se discutió a medias tintas. Era un obstáculo de fondo porque si las mujeres no tienen control sobre su propio cuerpo ni sobre su propia capacidad reproductiva, entonces cómo lograr cambios trascendentales en la sociedad. Luego estaba el controversial tema de la violencia. Sí, se cuestionaba la violencia hacia la mujer y se creó la oficina legal de la mujer, pero no se enfrentó nunca la violencia como un problema de relaciones de poder entre hombres y mujeres. Había hombres malvados, hombres enfermos que le pegaban a las mujeres, pero no se planteó la raíz del problema para erradicarlo, por eso todavía seguimos viendo ese problema en Nicaragua. El tema del abuso sexual dentro de la familia era un tema totalmente tabú a inicios de los 80. Algo que no se mencionaba ni existía entre los medios de comunicación del país. Gracias a la lucha feminista de aquella época, hoy por lo menos esos temas se denuncian en los diarios. Pero en ese entonces no se tocaba como un problema de machismo. Era muy difícil erradicar la violencia hacia las mujeres si no se transformaba esa relación de subordinación hacia los hombres. Ahora, ¿se puede ser de izquierda sin ser feminista?, bueno, depende de lo que llamas izquierda. No pienso que se puede ser humanista sin ser feminista. Si la izquierda es nada más la lucha por los derechos de los trabajadores y de los campesinos, sin distinguir entre hombres y mujeres, entonces sí se puede 92

ser de izquierda sin ser feminista; pero si la izquierda es un cambio social profundo de justicia para todos los seres humanos, entonces uno no puede ser de izquierda sin ser feminista”. María Teresa, 50 años: “Yo nací en el municipio de Matiguás del departamento de Matagalpa, el 18 de mayo de 1961. Lo más relevante que recuerdo de la lucha feminista en los años 80 fue la pelea de algunas mujeres que no se definían a sí mismas como feministas y que en realidad trataban de serlo. Esa definición vino después. Ser feminista era mala palabra en la revolución ya que eras revolucionaria o no eras revolucionaria. “Feminista” no era la palabra políticamente correcta. Lo más importante que yo recuerdo tiene que ver con dos cosas: primero que nos permitieran a las mujeres tener una organización propia por medio de AMLAE, y después surgieron colectivos que actuaban de manera distinta a los lineamientos de su dirigencia. Entonces recuerdo la pelea por lograr que el FSLN no desapareciera a la organización solamente porque algunas queríamos la independencia del partido. Fue una lucha tenaz desde el comienzo. Lo otro importante que recuerdo es el empeño de las mujeres sandinistas por convencer a otras que el sandinismo representaba una alternativa de emancipación para nuestros derechos, pero que esto no era tan cierto. En algún momento quisimos articular una especie de propuesta totalizante donde la revolución también pretendía ser la vanguardia de la lucha de las mujeres por la igualdad social. Esta fue la fuerza que más nos movió a las mujeres organizadas de los años 80. Yo creo que los logros más importantes tienen que ver con la reivindicación de la mujer en los espacios públicos. A pesar del sexismo imperante en la vanguardia revolucionaria de aquella época, el hecho de que las mujeres hayamos salido al espacio público fue para mí el logro más relevante. 93