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Edición 10 de Abril de 2018

Opinión 12 Martes

Opinión 12 Martes 10 de abril de 2018 Diario Co Latino OCURRENCIAS RECARGADAS 2018 Ética y Política Yo soy del 7% 2 a Parte Léelo.......Es genial! No todas las personas llegan a los 90 años para poder hacer estas reflexiones. Aprovechemos el regalo que nos hace la Sra. Brett con sus reflexiones. Escrito por Regina Brett, 90 años, The Plain Dealer, Cleveland, Ohio. (Para celebrar la llegada a mi avanzada edad escribí unas lecciones que me ha enseñado la vida). * El tiempo lo cura todo. * Por más buena o mala que sea una situación... algún día cambiará!!! * No te tomes nada demasiado en serio. * No cuestiones la vida. Solo vívela y aprovéchala al máximo hoy. * Llegar a viejo es mejor que la alternativa... “morir joven”. * Todo lo que realmente importa al final es que hayas amado. * Sal cada día. Los milagros se esperan por todas partes. * Si juntásemos nuestros problemas y viésemos los de los otros, querríamos los nuestros. * La envidia es una pérdida de tiempo. Tú ya tienes todo lo que necesitas. * Lo mejor está aún por llegar... ten fe y adelante. * No importa cómo te sientas... arréglate y preséntate. * Cede. * La vida no está envuelta con un lazo pero sigue siendo un regalo. * Se cree que el 93% de las personas no reenviará estas reflexiones. Si eres uno de los del 7% que lo hará, reenvíalo con el título: Yo soy del 7%. “Los Amigos son la familia que nosotros mismos escogemos”. Publicación de la Cooperativa de Empleados de Diario Co Latino de R. L. 23 Avenida Sur No. 225 San Salvador www.diariocolatino.com facebook.com/diariocolatinoderl @DiarioColatino Director: Jefe de Prensa: Coordinadora de Redacción: Francisco Elías Valencia Nelson López Patricia Meza Teléfonos: 2222-1009, 2271-0671, 2271,0971 Fax: 2271-0822 127 AÑOS INFORMÁNDOTE CON CREDIBILIDAD Ausencia de pensamiento José M. Tojeira Cuando hay problemas graves y no hay un debate adecuado, lo obvio es pensar que los intereses privados han sustituido al pensamiento. Un ejemplo claro son las elecciones primarias del partido ARENA. Por los problemas reales del país se pasa como gato sobre ascuas. No se mencionan algunos problemas como el de la pobreza y la desigualdad. Sobre otros temas se habla muy superficialmente. Y al final quedamos todos con la impresión de que se trata más de organizar un “show” propagandístico que de un ejercicio democrático interno en un partido. El mismo debate entre los tres candidatos de ARENA estuvo más orientado a ensalzar la unidad del partido que a discutir temas o revisar diferencias entre los candidatos. Las mismas preguntas a los candidatos eran, sin lugar a dudas, preguntas pactadas con ellos y conocidas previamente por los mismos. Todo un ejercicio para las cámaras sin más intención que la de crear una imagen mediática supuestamente positiva, aunque claramente vacía. Y dada la riqueza económica de los candidatos, no es extraño que los intereses sustituyan al pensamiento. El FMLN, al tener de momento un solo candidato a primarias, no se le conoce mayor debate preelectoral. Pero respecto al debate interno en torno al fracaso electoral en las últimas elecciones, puede apreciarse de nuevo que no se entra a fondo en la problemática. Algunos de los líderes han dicho con razón que no han sabido escuchar adecuadamente al pueblo salvadoreño y a sus propios partidarios. Pero no han profundizado, al menos públicamente, en lo que el pueblo salvadoreño necesita Es inconcebible que lo que se recoge en el impuesto de la renta empresarial sea inferior a la que se recoge en el impuesto personal de la renta. Como es plenamente injusto que el IVA produzca mayores entradas al Gobierno que el impuesto sobre la renta. de un partido de izquierda. Lo real es que se esperaba más de este partido, y que aunque no se pueden negar esfuerzos positivos en algunos campos, lo cierto es que la población esperaba algo de lo que comúnmente se llama reforma estructural en campos como la educación, la salud y la inversión social. Y aunque se han dado algunos pasos en esa dirección durante los últimos diez años, la gente partidaria del FMLN esperaba una velocidad al respecto mucho mayor y una profundidad en las reformas más radicales. La desigualdad hay que pensarla en El Salvador. Si la pobreza ha disminuido, ha sido más por el aporte de los migrantes y sus remesas que por los esfuerzos gubernamentales. Los más ricos tienen unas enormes prerrogativas en el campo impositivo. Es inconcebible que lo que se recoge en el impuesto de la renta empresarial sea inferior a la que se recoge en el impuesto personal de la renta. Como es plenamente injusto que el IVA produzca mayores entradas al Gobierno que el impuesto sobre la renta. Es intolerable que los ricos de El Salvador puedan evadir impuestos sin ninguna consecuencia a través de sus manejos de empresas fantasmas en paraísos fiscales. Y más intolerable todavía que incluso centros de pensamiento económico defiendan este modo de proceder de nuestros empresarios. Desligar la irresponsabilidad social de los ricos del clima de violencia existente es también un error intelectual. No en vano nuestro arzobispo pedía a los económicamente poderosos, en su carta pastoral sobre la violencia, que impulsaran una “economía más solidaria”. Pensar El Salvador en todos los aspectos en los que tiene problemas serios, desde la economía hasta la observancia de los derechos humanos, es tarea de todos, pero muy especialmente de los políticos. La Asamblea Legislativa existente está ya de despedida, y lo único significativo que ha llevado a cabo durante sus tres años de legislación ha sido la prohibición de la minería metálica en El Salvador. La nueva Asamblea es demasiado más de lo mismo. E incluso se podría decir que se ve de peor calidad dada la desaparición de algunos de los diputados que aportaban algo de pensamiento independiente. Le queda a la sociedad civil la tarea de insistir, y de un modo beligerante, en todos aquellos temas que necesitan pensamiento; desde el agua a la pobreza, desde la educación a la desigualdad socioeconómica, las reformas son tan necesarias como urgentes. Insistir más en la crítica, la única arma de la sociedad civil, resulta indispensable frente a la falta de pensamiento de los políticos o de los ricos de este país.

Diario Co Latino Opinión Martes 10 de abril de 2018 13 Monseñor Romero, profeta, pastor y mártir Juan José Tamayo Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III y autor de San Romero de América, mártir de la justicia (Tirant Lo Blanch, 2015). Recientemente he vuelto a El Salvador, CA, invitado por la Asociación COOPESA, que preside el teólogo Luis Alonso Coto, para impartir un curso de formación teológica a los sacerdotes del país y de Guatemala. La invitación me vino del teólogo Juan Vicente Chopin, director de la Escuela de Teología y del Doctorado en Teología de la Universidad Don Bosco y autor de un magnífico libro sobre Teología del martirio cristiano. Implicaciones socio- Eclesiales, que ofrece un riguroso estudio históricoteológico sobre el martirio en América Latina. En total participaron 80 sacerdotes salvadoreños y guatemaltecos de cuatro generaciones que trabajan pastoral y socialmente en zonas rurales y urbanas. Me ha producido una profunda tristeza la noticia del asesinato, la tarde del Jueves Santo, del padre Walter Osmir Vásquez Jiménez, que participó en el curso de reflexión teológica. Tenía el sacerdote 36 y pertenecía a la diócesis de Santiago de María, de la que fue obispo monseñor Romero. Durante esos días fui invitado por el Departamento de Filosofía de la UCA a presentar mi libro Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta, Madrid, 2017), tuvo lugar en el auditorio Elba y Celina, madre e hija asesinadas el 16 de noviembre de 1989 junto a seis jesuitas, y contó con la asistencia de cerca de 70 personas y una excelente acogida. La presentación corrió a cargo de Héctor Samour, quien ofreció las claves de lectura del libro e hizo un detallado recorrido por sus diferentes capítulos destacando el cambio de paradigma que el libro supone en el relato teológico de la liberación. El curso de formación teológica tuvo lugar en la residencia “La Brisa del Carmelo” durante una semana en la que reflexionamos cordialmente sobre “Fe y política. Reino de Dios y evangelización liberadora en América Latina”, que intentó responder a tres preguntas en la relación entre fe y política: “¿de dónde venimos?, ¿dónde estamos?, ¿hacia dónde vamos?”, vinculadas las tres con la realidad de El Salvador, que en esas fechas estaba viviendo una intensa campaña electoral para los comicios legislativos y municipales. La reflexión teológica se vio enriquecida con relatos de experiencias de resistencia durante la guerra civil y de compromiso por los derechos humanos. Escuchamos los dramáticos testimonios de supervivientes de las terribles matanzas de poblaciones enteras –verdaderas masacres-. Algunos políticos expusieron sus programas ante las elecciones legislativas y municipales y contamos con rigurosos análisis de prestigiosos sociólogos sobre la situación de El Salvador. Aprecié un cambio muy importante en los sacerdotes en relación con mis viajes anteriores a la beatificación de Monseñor Romero. Ya lo había notado en mi estancia del año pasado, invitado por la Universidad Don Bosco y la UCA. Un ejemplo de dicho cambio fue la invitación a impartir una conferencia en el seminario “Monseñor Romero”, en el que estudian seminaristas de cuatro diócesis que lo han creado con una orientación claramente “romeriana”, como el propio nombre del seminario indica. A la conferencia asistió monseñor Elías Bolaños, obispo de Zacatecoluca. El clima que se respiraba en el curso fue “romeriano”. Tuve la oportunidad de dialogar con sacerdotes que me contaron su compromiso político con la guerrilla y de escuchar los testimonios de sacerdotes que colaboraron pastoralmente con Monseñor Romero, obligados a exiliarse tras su asesinato y hoy marginados de la actividad pastoral por la jerarquía. Algunos testimonios me produjeron una profunda tristeza por el trato poco respetuoso dado a quienes en medio de situaciones políticas represivas estuvieron cerca del pueblo sufriente y hoy son memoria vida de una Iglesia liberadora. Me resultó especialmente impactante el relato de un sacerdote que, siendo seminarista, acompañó a Monseñor Romero el 23 de marzo, tras el memorable sermón, en la visita a dos comunidades que habían sufrido una brutal represión del Ejército. Durante el camino el coche en el que viajaban sufrió dos registros en busca de armas y los ocupantes fueron sacados del coche y arrojados al suelo. Llegaron con más de dos horas de retraso y la gente de las comunidades se había dispersado. Pero cuando se corrió la voz de que había llegado Monseñor Romero se concentraron cerca de 500 personas. ¿Qué sucedió realmente el domingo 23 de marzo de 1980? Monseñor Oscar Arnulfo Romero pronunció una dolorida, dramática y casi desesperada homilía en la Catedral de la capital de El Salvador. Estas fueron sus palabras: “yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del Ejército y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la Policía, de los cuarteles. ¡Hermanos! ¡Son de nuestro pueblo! ¡Matan a sus mismos hermanos campesinos![...]. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios[…]. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!”. Fue su última homilía. Con ella Monseñor Romero había firmado su sentencia de muerte. Los jefes militares interpretaron sus palabras como una llamada a los soldados a la desobediencia y a la insumisión y prometieron vengarse. Y la venganza no tardó en llegar. El 24 de marzo, a las seis y veinte de la tarde, monseñor Romero era asesinado por un francotirador a las órdenes del mayor Roberto d’Abuisson, mientras celebraba la eucaristía en la capilla del hospital de la Divina Providencia. Cuando esto sucedía, los Estados Unidos apoyaban con ingentes sumas de dólares al Gobierno salvadoreño y a su Ejército, en alianza con la oligarquía, para atentar contra la ciudadanía indefensa y terminar con la Iglesia de los pobres y con la teología de la liberación, que ejercían la denuncia profética y luchaban pacíficamente por la liberación de las mayorías populares. Durante esos años la Iglesia salvadoreña sufrió una terrible y sangrienta represión, que costó la vida a numerosos sacerdotes, religiosos, religiosas, líderes de comunidades, catequistas, al grito “Haga patria, mate un cura”. Mientras arreciaba la represión contra el pueblo y contra la propia Iglesia, buena parte de la jerarquía y del clero salvadoreño guardó un silencio cómplice. Peor aún, algunos de sus compañeros en el episcopado lo acusaron de subversivo. Tras su asesinato martirial, se hizo un largo silencio –en muchos casos acusatorio- sobre Monseñor Romero en la Iglesia institucional salvadoreña, el Vaticano y los sectores políticos conservadores del país. Silencio que contrastó con el reconocimiento de su compromiso con los pobres y de su santidad martirial por parte del pueblo salvadoreño, de las comunidades de base y de la teología de la liberación. Pedro Casaldàliga se hizo eco de ese sentir en un bellísimo poema titulado “San Romero de América, Pastor y Mártir”: “¡Pobre pastor glorioso,/asesinado a sueldo,/ a dólar,/a divisa,/ como Jesús, por orden del Imperio./Pobre pastor glorioso,/ abandonado/ por tus propios hermanos de báculo y de Mesa…!/ San Romero de América,/ Pastor y Mártir nuestro:/nadie podrá callar/ tu última homilía”. Sensible a ese sentimiento, Francisco, recién elegido Papa, activó el proceso de beatificación de Monseñor Romero, paralizado por sus predecesores, que culminó con una solemne ceremonia celebrada en la Plaza Salvador del Mundo de San Salvador el día 23 de mayo de 2015 con la participación de unas 300,000 personas de 57 países. Coincidiendo con el quinto aniversario de su elección papal, Francisco ha anunciado la canonización de Romero, que, según las informaciones que acabo de recibir, parece que tendrá lugar el 21 de octubre del presente año en Roma (me pregunto por qué no en San Salvador, ciudad donde ejerció el pastorado profético y liberador durante tres años y donde fue asesinado). La canonización puede ser un momento oportuno para el reconocimiento del profeta, pastor y mártir no como santo milagrero u obispo piadoso y fiel a Roma, sino como referente de un cristianismo liberador, ejemplo de ciudadanía activa, conciencia crítica del poder, de todos los poderes, pedagogo popular, defensor de los derechos humanos y comprometido en la lucha por la paz y justicia –ambas inseparables- desde la no violencia activa. ¿Fue asesinado Monseñor Romero por odio a la fe, como se argumentó para declararlo beato? Yo creo que no. Lo fue por su defensa de la justicia en un clima de injusticia estructural, de la paz en un clima de violencia del sistema y contra la vida de los pobres, amenazada a diario por los poderes oligárquicos, militares y paramilitares coaligados. La verdadera explicación del martirio de Monseñor Romero se encuentra en las bienaventuranzas, que son la Carta Magna del cristianismo: “Bienaventurados los constructores de la paz… Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia”. Es a ellas a las que hay que apelar para justificar la beatitud de Monseñor Romero. Es en la práctica de las bienaventuranzas donde, a mi juicio, debe basarse la próxima canonización de Monseñor Romero.