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malakitA

6_5/7 INVESTIGACIÓN

6_5/7 INVESTIGACIÓN #malakita CJ Pascoe menciona que en las interacciones entre adolescentes hombres resulta común que se hable de sexo. Sin embargo, las prácticas sexuales a las que se refieren los muchachos se convierten en una narración épica en la que cada uno compite por demostrar dialécticamente su capacidad de controlar el cuerpo femenino. Un ejemplo demasiado rústico de este tipo de estrategia discursiva es la infame conversación “Grab’em by the pussy” que Donald Trump sostuvo con un presentador de un programa de televisión. En la conversación Trump legitima su masculinidad afirmando que las mujeres no pueden resistirse a él y que, además, debido a su poder y fama permiten que maneje sus cuerpos como se le antoje. Un elemento claro de heterosexualidad compulsiva: acceso a los cuerpos femeninos y el capital social que lo hace “irresistible” para las mujeres. Porque en este tipo de ficciones el cuerpo femenino es objetivado como un mecanismo que valida la masculinidad. La infame conversación detonó una serie de manifestaciones en contra del entonces candidato presidencial que terminó por dibujarse como un espejo que representa los peores ideales de occidente. Cuando se le interpeló públicamente por esa conversación él la banalizó aduciendo que simplemente era una “locker room talk”. Resulta grotesco escuchar a un candidato a la presidencia hablar de esa forma, sin embargo, en su rústica lectura de la realidad, dijo algo cierto. Este tipo de conversaciones, quizá no tan obscenas pero de la misma naturaleza, son una práctica común entre los grupos de hombres. ¡MANO, NO SEAS HUECO! Es una forma de garantizar estatus alineándose con el discurso hegemónico. Sin embargo, las implicaciones que tiene respecto a la violencia que se ejerce sobre las mujeres y el colectivo LGTBIQ son terribles, porque se normaliza las actitudes predatorias para “obtener” mujeres que, la mayoría del tiempo, resultan en violencia sexual.

6_6/7 INVESTIGACIÓN #malakita Las estadísticas son alarmantes, de acuerdo con ONU Mujeres, más del 35% de las mujeres en todo el mundo han sufrido algún tipo de violencia por parte de un compañero sentimental. Algunos estudios en países específicos afirman que la cifra se eleva hasta un 70%. En promedio, una de cada cuatro mujeres ha sufrido acoso sexual en la calle. Una de cada diez niñas en el mundo ha sido víctima de coito forzado, la mayoría por parte de un familiar cercano. Cada diecinueve horas se comete asesinato contra alguien perteneciente a la comunidad LGTBIQ o se suicida por ser víctima de acoso sistematizado. ¡MANO, NO El modelo de masculinidad hegemónica es violento. No es necesario que participemos en un asesinato para ser cómplices de una estructura simbólica diseñada para violentar y marginalizar otras identidades. Es necesario repensar la masculinidad a partir de otros paradigmas, la empatía, el cariño, la posibilidad de ser vulnerables, amorosos, cuidadosos, rechazar los discursos que cosifican a las mujeres y reproducen la homofobia. Dejar de competir por demostrar nuestra virilidad o nuestra capacidad por capitalizar experiencias sexuales extraordinarias. Poder demostrar afecto entre hombres, más allá de la heterosexualidad compulsiva, como un acto de rebelión contra las etiquetas enajenantes que se establecen sobre nuestros cuerpos. SEAS HUECO!