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15-Ponsati-Murla-Oriol-San-Agustin

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Fi rnw nriM iPM Tn r c ii i im ik ía o ^ n H7 ojo no hace sino recoger de forma perfectamente fidedigna una información compleja: la distinta densidad del aire y del agua, que provoca una refracción desigual de la luz. Agustín, naturalmente, no lo expresa de esta forma, sino afirmando que lo que el ojo capta es que «el remo se siente de forma distinta dentro y fuera del agua». Si tuviésemos la posibilidad de preguntar directamente al ojo qué ve (es decir, si los datos que nos proporciona la vista no fuesen filtrados por nuestra razón) no obtendríamos en ningún Dios, padre de la luz inteligible, en ti, de ti y por ti se hacen comprensibles las cosas que echan rayos de claridad. caso una respuesta del tipo «el remo se ha roto al sumergirlo en el agua». El ojo nos respondería que ve una secuencia de procesos físicos que implican al remo y al agua y que la luz que incide sobre el remo sumergido le es refractada de forma discinta que la luz que incide sobre el segmento de remo que queda sobre la superficie. Una interpretación como «el remo se ha roto» no puede ser en ningún caso consecuencia de un error sensorial sino que es fruto de la intromisión de la mente en un ámbito que no le es propio, el de los sentidos. Claro está, para san Agustín, que no es posible dejar, como hacen los animales, la gestión de los datos sensoriales exclusivamente a los sentidos, porque en este caso se cerraría la posibilidad de conocer verdaderamente el mundo. Un conocimiento que no es en absoluto prescindible porque la intelección de las rationes aerternae no procede de la nada, sino que parte siempre de la experiencia sensorial. Allí donde los sentidos captan diversidad y multiplicidad, la razón ve la unidad de fondo. Generalmente, la adecuación entre el pensamiento o lenguaje y la realidad es satisfactoria, pero casos como el del remo que aparentemente se rompe muestran que el fundamento de la verdad de los juicios no puede S oliloquios

EL PERRO DE ULISES En L a d im e n sió n d e l a lm a , una obra en forma de diálogo, Agustín se plantea la cuestión de hasta qué punto los anim ales conocen. Y lo hace rememorando un episodio de la O d ise a de Homero: el del reconocim iento de Ulises, a su llegada a (taca, por su perro A rg o s. Efectivam ente, a pesar del disfraz que lleva y de que han transcurrido veinte años desde que abandonó su hogar, A rg o s lo reconoce tan pronto como lo ve. Para el interlocutor de Agustín, casos como este suponen una forma de conocim iento. Y aunque el de Tagaste responde que los anim ales, efectivam ente, muestran una capacidad sensitiva que va muy por delante de la capacidad humana (baste pensar en el olfato o el oído de muchos anim ales), añade que esta superioridad sensitiva es consecuencia, justam ente, de su falta de facultades racionales. Más que conocimiento, reconocimiento En los animales se establece una suerte de alianza estratégica entre el alma (no racional) y el cuerpo. Es decir, que existe muy poca distancia entre alma y cuerpo: «El sentido, reforzado por la repetición, que tiene grande poder, puede hacer discernir a las almas de las bestias las cosas que les agradan, y esto tanto más fácilm ente cuanto que el alma de los animales está más ligada al cuerpo, al cual pertenecen los sentidos. El alma se sirve de ellos para el alim ento y placer que saca de ese mismo cuerpo», dice Agustín. Sin embargo, el hombre está muy por encima de las bestias, puesto que posee inteligencia (m e n s), razón (ra tio ) y conocim iento {sc ie n tia ). El perro de Ulises, por lo tanto, más bien lo re-conoció que lo conoció. Es decir, en el instante de verlo, sus sentidos rememoraron las muchas veces que lo había visto y así A rg o s pudo reconocer a su amo. Decir que lo conoció, y no que lo reconoció, equivaldría a otorgar potencial de conocim iento a los sentidos por sí mismos. Los sentidos actúan, según Agustín, como meros receptores de datos sensitivos, no elaboran la información, por lo que los anim ales no van más allá del dato sensorial. La mente hum ana, por el contrario, recoge los datos que le proporciona la experiencia mediante los sentidos, pero los elabora m ediante su razón inferior y obtiene conocim iento.

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