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Edición 11 de Abril de 2018

Opinión 16 Miércoles

Opinión 16 Miércoles 11 de abril de 2018 Diario Co Latino Editorial Sociología y otros Demonios (894) Han encarcelado a un INOCENTE La ciudadanía pensante, racional y decente debe tenerlo muy claro, y difundirlo a los cuatro vientos: Luiz Inácio Lula da Silva, expresidente de Brasil durante dos periodos, es INOCENTE. Sí, y en mayúsculas. Y es que ni la Fiscalía, ni el Juez Moro, nunca pudieron comprobar -ni podrán-, que Lula haya recibido un apartamento como soborno cuando fue presidente de Brasil. O sea, Lula ha sido condenado y encarcelado por un delito que no cometió. Entonces, ¿por qué lo acusaron, lo condenaron y encarcelaron? La respuesta es clara y sencilla. La oligarquía criolla brasileña e internacional, los sectores conservadores y el monopolio comunicacional han tratado de impedir, a como dé lugar, que Lula llegara a la Presidencia nuevamente, en primer lugar, porque no le perdonan que en sus dos periodos haya gobernado a favor de la gente pobre. Recordemos que gracias a los programas sociales de Lula en sus dos gobiernos sacó de la extrema pobreza a 35 MILLONES de brasileños. Mientras que otros que estaban en la pobreza fueron movilizados a la clase media. La oligarquía criolla e internacional ha pretendido, con la acusación falsa y encarcelamiento de Lula, arrebatarle a la izquierda latinoamericana un ícono moral, un referente, dado que, en la última década, las transnacionales, el imperialismo, han buscado sacar a todos los gobiernos de izquierda del poder, a través de diferentes formas: el desprestigio de los principales líderes de izquierda o progresistas, a través de los golpes suaves o mediante la “lawfare”. La expresidente Dilma Rousseff es un ejemplo claro, primero fue acusada de corrupción, y así lo difundieron los medios locales e internacionalmente, pero, luego, un congreso corrupto la separa del poder por haber utilizado los fondos de una partida del presupuesto de la nación para financiar otros programas de carácter social. Es decir, el golpe de Estado contra Dilma también fue un montaje, y por lo tanto injusto. Y lo más injusto es que quienes la separaron del poder hoy están presos por ladrones y corruptos, es decir, a Dilma le dieron golpe de Estado un puñado de delincuentes. Esperemos que la figura de Lula siga creciendo a escala mundial, y desde los barrotes inyecte energía a los movimientos de izquierda en América Latina, incluido El Salvador. Lula es INOCENTE, eso no debemos olvidarlo. Publicación de la Cooperativa de Empleados de Diario Co Latino de R. L. 23 Avenida Sur No. 225 San Salvador www.diariocolatino.com facebook.com/diariocolatinoderl @DiarioColatino Director: Francisco Elías Valencia Jefe de Prensa: Nelson López Coordinadora de Redacción: Patricia Meza Teléfonos: 2222-1009, 2271-0671, 2271,0971 Fax: 2271-0822 127 AÑOS INFORMÁNDOTE CON CREDIBILIDAD ¿Qué es ser de izquierda? René Martínez Pineda Director Escuela de Ciencias Sociales, UES Un día de estos -y quien dice eso dice que no recuerda la fecha exacta del evento, pero que no fue ayer- mientras, en una tertulia improvisada, discutíamos la política camaleónica y sobre cómo un individuo, enloquecido por la miel de una inmerecida autoridad burocrática, puede frenar las ilusiones de miles de personas –asesinándolas, exiliándolas, negándoles el estudio o acortándoles la juventudel señor fiscal de la UES preguntó, a quemarropa, como quien lanza una granada fragmentaria en un funeral: ¿qué es ser de izquierda? La respuesta no es simple y, a mi entender, demanda formularla de forma concreta: ¿qué es ser de izquierda o qué debería significar ser de izquierda? ¿Qué es ser de izquierda o cómo actúan los que hoy se hacen llamar de izquierda? Esas no son preguntas análogas y, por tanto, no tienen la misma respuesta. A mí me interesa, por razones utopistas que pocos entienden, responder la pregunta que se formula a sí misma otras preguntas y que hubiese querido se hiciera (¿qué debería significar ser de izquierda? ¿Cuáles adjetivos o palabras hay que usar sin ser ingenuo? ¿Hasta dónde se debe practicar ser de izquierda?), sobre la base de lo que aprendí en los años 70 y 80 como premisa del suicidio que implicaba organizarse en las estructuras revolucionarias de entonces. Después de tantos años de vivir lejos de la utopía, por abandono de los principios esenciales de quienes la representan oficialmente, puedo afirmar que vivimos en peligro, tanto como cuando los militares eran la imagen de dios aquí en la tierra; que vivimos un enorme reto ideológico y cultural que pone en entredicho las razones de la guerra civil y sus muertos como ofrenda. Yo creo que es la hora propicia para pensar en una izquierda distinta con una ideología que siendo distinta sea la misma: la lucha y entrega a la revolución sin fines de lucro, lo cual se logra cuando la ideología tiene a la base la cultura de la solidaridad, lo que obliga a preguntarme si debo usar categorías sociológicas como: movimiento estudiantil universitario y río Sumpul. No puede ser que, después de tanta sangre derramada y tanta tumba sin muerto, la utopía sea muerte, o sea vida con lucro personal o incompetente competencia que, en ambos casos, tengan como mérito tener dos nalgas en la cara que carezcan de metáforas para redactar por las noches el poema más triste sobre un país que quiere ser alegre. La utopía es felicidad compartida y entrega incondicional al interés social, con eso inicia ser de izquierda. En la actualidad (haciendo referencia al caso de muchos que se tomaron por asalto la bandera de la revolución para obtener ventajas salariales) el ser de izquierda viviendo como alguien de derecha explica el porqué del retroceso de los partidos de izquierda y de los movimientos populares que han sido cooptados (o se les ha mandado a luchar contra molinos de viento) tanto en El Salvador como en otros países de América Latina que ya no tienen canciones audaces. Cuando se es de izquierda (así, a secas, sin decir si pertenecemos a un gremio, a un partido, a un sindicato, o si somos simples militantes del tiempo que corren el riesgo de caer en el abismo de la ingenuidad) perder terreno en la vida política y social debe ser una pausa para recobrar fuerzas y volver a comenzar todo desde donde originalmente partimos: el pueblo. Si se perdió terreno es porque se mereció perderlo por dejadez propia. Ser de izquierda es una tarea vitalicia, no un pasatiempo, porque cambiar el mundo es una tarea consuetudinaria que, al final, nos puede dejar sin cambiar nada, pero el esfuerzo ha sido realizado, y ese esfuerzo sin horas de descanso es el que vaticina que la izquierda nunca está perdida del todo porque tiene hombres rojos y blancos y azules… y el cantón El Mozote. La historia de la lucha implacable es la historia de la izquierda que quiere contar la verdad, y esa lucha y esa verdad nos llevan por tiempos conservadores y tiempos progresistas como si fuera un péndulo de movimiento perpetuo. Esas dos caras del tiempo son las que, por oposición y conflicto, van deslindando qué es ser de izquierda y qué es ser derecha, y cada extremo tiene sus extremos: el de la derecha es el fascismo de las líneas del tren y el filo de las cuchillas; y el de la izquierda es el populismo de las pompas de jabón, que es cuando se confunden los deseos con la realidad que entiende de vanguardias, no de panfletos. Ambas condiciones son peligrosas por distintas razones que acaban en el mismo puerto sin muelle: el conformismo social e individual. Corriendo el peligro de caer en la ingenuidad más bestial, o más sublime, yo respondo que ser de izquierda significa luchar por que no haya niños en las calles, ni jóvenes sin escuela o desayuno; construir una sociedad en la que no haya números primos que hagan especiales a unos pocos; que la cena sea un milagroso número irracional porque tendrá infinitas raciones; luchar a diario, con uñas y libros, para que la ciencia vista ropa usada y se ponga al servicio de las necesidades prioritarias del pueblo; construir la historia como albañil en lugar de sufrirla como ladrillo; vivir en la vecindad del bien colectivo en lugar de morir en la mansión del interés individual; repartir los bienes y servicios en función del trabajo realizado y nacionalizar la risa; cambiar las camas de hoy por los sueños de mañana; nacionalizar el amor y privatizar el odio; ser intrínsecamente comunal para comprar la ropa donde la compra la mayoría, no la minoría; saber que los altos cargos pueden, por protocolo, hacernos entrar a las mansiones a discutir la vida, pero sin olvidar que esas mansiones no son nuestras; luchar por que ningún niño se acueste sin cenar y que ningún niño se levante con frío; saber cuáles fronteras respetar y cuáles saltarse derribando muros; aplicar la ley e imponer los principios usando la necesidad y la agonía como sala de lo constitucional. Ser de izquierda significa saber hasta dónde debemos practicar las verdades de la sociedad y la esperanza; es creer en la locura del bullicio y en el silencio del deseo; es creer en el sumiso demonio de los demonios de la emancipación y en el 30 de julio… porque eso es no tener miedo a perderlo todo.

Diario Co Latino Opinión Miércoles 11 de abril de 2018 17 ¿Frágil o antifrágil? LULA Luis Arnoldo Colato Hernández Francisco Javier Bautista Lara La gente solo ve lo que está preparada para ver. Ralph Waldo Emerson A simple vista el opuesto de “frágil” se define “robusto”, según la práctica común de equivocarse y provocar conclusiones y decisiones ligeras (como suelen ser muchas), a partir del mínimo esfuerzo (menor consumo de energía), según el argumento del sicólogo norteamericano Daniel Kahneman (Tel Aviv, 1934), Premio Nobel de Economía (2002), en el libro: Pensar rápido, pensar despacio (2011). Ahora, el investigador libanés norteamericano Nassim Nicholas Taleh en Antifragil. Las cosas que se benefician del desorden (2013), nos invita a no ir por el camino corto y pensar algo distinto. Según RAE, frágil, del latín fragilis: quebrar, romper; se define: “quebradizo y que con facilidad se hace pedazos. Débil, que puede deteriorarse con facilidad”. Y robusto, del latín, derivado de robur: roble: “fuerte, vigoroso, firme”. Si lo frágil es lo que se quiebra, lo robusto es lo que no se quiebra, mientras el primero es vulnerable a los impactos, el segundo los resiste sin fragmentarse ni derrumbarse. Aquí está el asunto, lo robusto es firme y sólido, pero no tiene flexibilidad ni capacidad de asimilación, de adaptación al entorno, su rígida consistencia le impide moldearse y adecuarse a la dinámica y contexto en el cual existe, por lo que parece útil referirse a otro concepto que recoja lo opuesto, entonces se sugiere: antifrágil. El ensayo es una especie de continuación lógica del libro El cisne negro. El impacto de lo altamente improbable (2007). La metáfora del Cisne Negro identifica acontecimientos inesperados, imposibles de pronosticar, que al ocurrir provocan un gran impacto en el ámbito en el que inciden, en la sociedad, la política y las ciencias, han marcado el rumbo y modificado, de manera significativa, el curso de la historia. Durante las últimas décadas, hay mayor complejidad, volatilidad, interdependencia y globalización, los riesgos son más graves, mayores o más frecuentes. Según Taled, “nos hallamos ante una fe ciega en el poder de la ciencia organizada que ha sustituido a la fe ciega en la religión organizada”. Un acontecimiento o suceso que inesperadamente ocurre, puede provocar impacto positivo o negativo, ¿de qué depende? Las personas, instituciones y sistemas humanos, políticos, económicos, sociales, científicos y naturales, pueden ser más o menos vulnerables frente al azar, ante la ocurrencia de cisnes negros, en dependencia de qué tan frágiles o antifrágiles sean, es decir, si están preparados para sacar provecho o beneficiarse del estrés, la crisis, la adversidad, la incertidumbre, los errores y el cambio. La figura de la mitología griega, la Hidra de Lerna, que generaba dos cabezas nuevas cada vez que le cortaban una, ilustra la capacidad de regenerarse y reproducirse ante la amenaza. ¿Qué es más frágil, el carro o yo? Mientras el auto se deprecia, su valor de uso llegará quizás a diez años, se desfasa la tecnología, no se modifica frente a cambios del entorno, aunque pueda ser metálico y duro, usted y yo amigo lector, tenemos algo que no tiene: capacidad de aprender, asimilar y cambiar, podemos adquirir la habilidad de aprovechar las crisis, modificarnos y adaptarnos, y salir fortalecidos después de un “cisne negro”, es decir somos menos frágiles o quizás antifrágiles. Desde el planteamiento provocador de estas teorías que obligan a mirar el mundo y la vida otra vez, el tratamiento de una enfermedad o de los problemas físicos, puede conducir al error/daño por intervención médica (iatrigenia), del mismo modo que, “el apoyo estadounidense a regímenes dictatoriales” o situaciones tensas o conflictos, por el supuesto de estabilidad, llevarán al caos. Retrasar el abordaje de un problema, contener o postergar lo necesario -procrastinación social o personal-, implica frenar el proceso que requiere fluir y, en consecuencia, acumula tensiones que desencadenarán, tarde o temprano, en un dramático colapso. Las organizaciones, instituciones, sistemas, modelos, empresas, creencias, la familia, de las que formamos parte ¿son frágiles o antifrágiles? ¿Qué tan frágil o antifrágil somos nosotros? Frente a la adversidad en la que estamos, el suceso imprevisto que ha ocurrido o está por ocurrir, ¿somos capaces de asimilarlo, salir adelante o nos derrumba? Un mismo suceso puede ser oportunidad para aprovecharla o, fracaso y frustración que destruya, todo dependede la actitud de cada quien, de la solidez emocional y la voluntad para ser capaz de sobreponerse y salir fortalecido. www.franciscobautista.com El pasado 7 del corriente se ha entregado a la fuerza policial enviada a por él, y frente a las oficinas que ocupa el sindicato de la metalurgia en Brasil que fundó 5 décadas atrás para organizar a los operarios de dicha industria cuando la dictadura militar imponía, al igual que en el resto de AL, por terror su agenda, el expresidente Lula Da Silva. En aquellos días nació el sueño de la democracia brasilera que él mismo cuajó al ser el primer presidente elegido por sufragio directo del soberano, implementando un programa económico sostenido durante sus 2 mandatos, basado en la asistencia del Estado y que sacó de la pobreza a ¡36 millones de brasileños! de acuerdo a los informes publicados por el BID y el BM, además de conducir al modernismo al Brasil, ubicándolo como referente latinoamericano en el escenario internacional. Ello ha elevado su categoría a la de uno de los políticos latinoamericanos más respaldados -y estimadospor su pueblo, con un 80% que declara su apoyo de ser candidato a un 3 er mandato en nuevas elecciones. Sin embargo, la detención de Lula es interesante no por basarse en acusaciones de corrupción comprobadas judicialmente, sino por que las tales no han sido confirmadas y menos aún admitidas procesalmente, siendo solo veraces en los medios amarillistas que conducen un juicio paralelo sobre el mismo, lo que no sorprende pues se trata de alguien incómodo a los poderes político y económico. Hay que subrayar que el caso que nos ocupa es completamente amañado, y para ilustrarlo, señalamos que su petición de habeas corpus fue denegada, a pesar de la nula posibilidad de evasión o de la carencia de pruebas en su contra, y a pesar del rechazo que 1 de los magistrados presentes hizo a la medida de captura y prisión, pues no existe más en su contra que la acusación misma y la tal medida es insustentable jurídicamente por ser un “lawfare”, juicio político. Entonces, su detención se origina en las implicaciones al poder económico, sus compromisos sociales y progresistas, y por supuesto, la democracia real y participativa, y no de cajón y sin incidencia para la ciudadanía, pues los poderes económicos latinoamericanos son ultransistas y retrógrados, y por tanto, arropados en sus intereses, de ahí que sea el poder judicial su actual ejecutor, violentando la norma cuando ello es necesario, que es el caso presente. Por ello el procedimiento se realizó con desfachatez, incluso, escuchándose amenazas de parte del ministro de Defensa y evidenciando lo primitivo del mismo, sin concluirlo, existiendo aún opciones para la defensa de Lula, las aspiraciones del soberano y, por supuesto, Latinoamérica. El caso no es paradigmático, sino la constante, por el afán de acallar y anular todo cuestionamiento al conservadurismo latinoamericano, es decir, anular todo esfuerzo que busque el progreso a través de la equidad y la igualdad en estos pueblos ajenos a la prosperidad de la que gozan solo quienes pertenecen a las élites o les son afines.