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6 months ago

inminente muestra

Novela de aventuras en muchos sentidos, las páginas de este libro construyen un espacio narrativo muy vasto donde aparecen grandes capitales del mundo, aviones, viajes, llanadas internacionales, hasta que su agitada acción se concentra en una ciudad mexicana donde viven su vida intensa un puñado de personajes en cuya esfera hay grandes fortunas, un núcleo familiar complicadísimo y en el epicentro un trauma de infancia que impulsa el inicio de un rutilante imperio de finanzas y bienes raíces.

L. Bustillos –Vaya

L. Bustillos –Vaya festejo. –Digo en voz alta un tanto frustrado. –Creo que es hora de llamar a mi amigo Aldo. Aldo es la compañía perfecta cuando de fiesta se trata. Se podría decir que es uno de mis dos amigos, no es precisamente el santo de devoción de Giulia. Lo conocí en Cambridge, mientras estudiábamos ingeniería civil en el MIT 2 . Trabaja en el negocio familiar, una cadena de restaurantes muy importante de Sudamérica, la cual está intentando expandirse a Europa, comenzando por España. Él se encarga básicamente del diseño, mantenimiento y acondicionamiento de las instalaciones. Es un gigoló, nació y creció en Argentina y presume de ser un conquistador. No sé si es guapo o feo, eso no me corresponde y no me interesa, pero por lo que he escuchado a las mujeres encanta con su cuerpo atlético, practica soccer desde niño y se podría decir que tiene buena figura. En lugar de describirlo sería mejor si menciono que en algunas ocasiones lo han confundido con Enrique Iglesias 3 por la calle, me parece un tanto exagerado, pero le da un cierto aire al famoso cantante. Asegura que nunca se va a casar. No lo culpo, le tocó ser el intermediario de las constantes guerras campales entre sus padres, fervientes religiosos que hipócritamente juraron amor y fidelidad hasta que la muerte los separe. ¡Sí cómo no! El amor eterno no existe. Solo el de los padres a hijos, y eso a veces. Es por esa misma razón que no tengo contemplada la palabra matrimonio o hijos en mi futuro. Quizás por eso Aldo y yo nos entendemos tan bien, a pesar de que no siempre fue de esa manera. Hablamos el mismo idioma. Ambos abandonados por sus padres, por distintas circunstancias, pero ambos aprendimos a vivir solos; con dinero, pero solos. Busco mi Smartphone dentro de mi saco para comunicarme con Aldo y advierto que tengo seis llamadas perdidas y dos mensajes de texto, lo había mantenido en silencio para que 2 Massachusetts Institute of Technology. 3 Cantante y compositor español de música pop. 12

I n m i n e n t e no interfiriera en la firma. Todas corresponden al número de Amanda, la segunda esposa de mi padre. Observo mi reloj, marca las 13:53 horas de Madrid, lo que significa que son las 5:53 horas en Chihuahua, México. Las seis llamadas se han realizado en un lapso de dos horas y la última fue hace 15 minutos. Miro los mensajes, son demasiado cortos: Mensaje 1: “Comunícate a mi celular, no llames a la casa. Amanda”. Mensaje 2: “Llámame por favor al celular en cuanto veas esto. ¡Urgente!!” Me encuentro relativamente contento por lo cual no estoy muy seguro de contestar a sus “apuros”, no es la primera vez que me hace esto. Usualmente es porque no puede disciplinar a mis hermanos adolescentes, y por extraño que se escuche, a mi me obedecen y respetan, a pesar de la distancia. Mi padre trabaja 18 horas al día, y no me extraña que Amanda acuda a mi en lugar de buscar a Carlos. Su familia nunca ha sido su prioridad. Ya es ganancia que mis hermanos crezcan con su madre y no en colegios privados en el extranjero, como yo. Todavía no son las seis de la mañana en Chihuahua, seguramente Amanda se cansó de esperar, y ya ha de estar dormida. Trato de convencerme de ello para no sentirme culpable por no devolver sus llamadas. Decido esperar quince minutos, si se intenta comunicar conmigo le contesto, de lo contrario lo haré en un par de horas. Miro mi reloj de nuevo 14:15 horas, y no he recibido nueva llamada de Amanda, entonces presiono el número 5, la marcación rápida que corresponde a Aldo, al cabo de tres timbres escucho respuesta. –¿Maximiliano? –Responde Aldo. –Sí. ¿Ocupado? 13