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4 months ago

inminente muestra

Novela de aventuras en muchos sentidos, las páginas de este libro construyen un espacio narrativo muy vasto donde aparecen grandes capitales del mundo, aviones, viajes, llanadas internacionales, hasta que su agitada acción se concentra en una ciudad mexicana donde viven su vida intensa un puñado de personajes en cuya esfera hay grandes fortunas, un núcleo familiar complicadísimo y en el epicentro un trauma de infancia que impulsa el inicio de un rutilante imperio de finanzas y bienes raíces.

L. Bustillos –Algo.

L. Bustillos –Algo. Pero más intrigado. Siempre que me buscas es porque quieres problemas. –Hoy no es la excepción. Pero no son problemas lo que busco, son soluciones. –Solo asegúrate que la pantera que tienes por mujer no se entere en esta ocasión. Recuerda cómo me fue en la última. Y eso que yo ni la debo ni la temo. No puedo evitar reirme al recordar la última vez que salí con Aldo. Fue una buena fiesta, hasta que Giulia la terminó con semejante escándalo. No sé cómo supo en dónde encontrarme, pero se apareció en el privado y pues… en realidad fue gracioso ver como lanzaba a las chicas que me acompañaban. Terminó completamente rasguñada, pero a las otras dos les fue peor. La comparación que hace Aldo de Giulia con una pantera no puede ser más acertada. Y si tomamos en cuenta cómo le fue cuando Giulia lo vió, se desquitó con él más que conmigo. Lo culpó de sonsacador, mala influencia, le propinó un par de bofetadas y bueno… A pesar de lo buenos clientes que éramos del lugar, nos prohibieron la entrada de por vida. Lo cual ha sido una pena, las mejores hembras las encontrábamos ahí. –Lo siento. No te puedo prometer que no volverá a pasar. Pero hoy no lo creo. Tú sabes si te arriesgas. –Todo sea por los amigos. –Esa voz me agrada. Un par de horas más tarde estábamos rodeados de bellezas europeas, en esta ocasión me decido por una pelirroja y una morena. Me gustan dos a la vez, cuando no estoy con Giulia. Sus nombres no son importantes, igual son falsos. Lo que importa son los placeres que en esos momentos me provocan y satisfacen a la vez. Transcurren algunas horas antes de que me sienta satisfecho. Alrededor de la media noche Aldo y yo estamos abandonando el lugar. Cuando el valet parking nos trae el coche de Aldo, éste me incita a continuar con la juerga. 14

I n m i n e n t e –¿Le seguimos?, conozco un lugar que… –Mi pantera tiene razón. Eres una mala influencia. –Le respondo sarcástico, a la vez que echo un vistazo a mi celular. –¿Pasa algo? –Ya dentro de su coche Aldo se percata de mi gesto preocupado. –Había olvidado que Amanda me estaba buscando. Tengo 10 llamadas suyas. También tengo seis de Giulia. Pero las de Amanda son las que me comienzan a preocupar. Creo que ya es hora de averiguar la razón de sus llamadas. Allá deben ser pasadas las cuatro de la tarde. Pulso el número 6, el acceso rápido correspondiente a Amanda. Contesta antes de que finalice el segundo timbre. –Maximiliano. Por fin te dignas. –El tono de voz refleja más angustia que enojo. –¿Cuál es la urgencia? –Tu padre. –Comienza a sollozar, intenta continuar, pero difícilmente se le entiende. –Anoche… –¿Anoche qué? Tranquilízate Amanda. ¡Enfócate! Aldo me observa atentamente al reparar mi cambio de expresión. Me pregunta en voz baja –¿Qué pasa? Le respondo con ademanes y un –No lo sé. También en voz baja. Amanda suelta el llanto incontrolable. Por mi cabeza pasan un millón de ideas que me aterran. –¿Cómo está Carlos?, ¿Le ha pasado algo? Amanda intenta calmarse, y articula dos palabras. Dos simples palabras que resuenan en mi interior con un eco incesante. –Lo secuestraron. Intento conservar la calma, necesito tener la cabeza fría para confrontar la situación. Aldo continúa observándome. Tomo un respiro profundo. –¿Se han comunicado contigo? –Sí. Lo único que me han pedido es que no de aviso a nadie, ni policía ni amigos, a nadie. Más tarde se vuelven a comunicar para darme instrucciones. 15