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Panorama histórico del

Panorama histórico del siglo XIX Los primeros años del siglo XIX se caracterizaron por el imperialismo de Napoleón (1799-1814). La Revolución francesa ocasionó un caos social en toda Francia: nobles sentenciados en la guillotina, turbas iracundas e incontrolables, bandolerismo, saqueos y oportunismo. En consecuencia, como suele ocurrir en las épocas de caos social, surgió una dictadura militar dispuesta a restablecer el orden a como diera lugar. Napoleón, después llegar al poder mediante un golpe de Estado, restableció el orden, centralizó el poder y reorganizó la economía. Posteriormente, emprendió una serie de conquistas militares, invadiendo Portugal, España, los Países Bajos, parte de Alemania e Italia, Polonia y Austria. Para principios del siglo XIX, Napoleón era emperador de toda Europa Continental. Sin embargo, Rusia e Inglaterra se mantenían como potencias capaces de hacer frente a Napoleón. Éste, decide invadir primero Rusia, pero es derrotado en la famosa batalla de Waterloo, derrota que marcaría la caída del imperio francés. La trascendencia del imperio Napoleónica fue difundir los ideales antimonárquicos de la Revolución francesa, causando estragos en todas las monarquías del continente; además, la invasión de países colonizadores como España y Portugal, facilitó la independencia de las colonias americanas La revolución industrial también mejoró la tecnología militar, por lo que para el siglo XIX, ya no existían ninguna potencia capaz de hacer frente a los europeos. En consecuencia, las principales potencias del continente, Inglaterra y Francia, colonizaron los vastos territorios de África y Asia, lo cual redundó en grandes ganancias comerciales. Sin embargo, los territorios coloniales enfrentaron a las potencias, tanto en Europa como

en las colonias, por lo que en los últimos años del siglo XIX, potencias como Alemania, Italia, Inglaterra, Francia y EUA se vieron obligados a firmar una serie de pactos y tratados de no agresión para evitar guerras por territorio. Este escenario caótico de relaciones diplomáticas, serviría de antesala para las guerras mundiales del siglo XX. Educación y revolución industrial La revolución industrial no sólo ocasionó una transformación tecnológica y económica, sino también social y cultural. El éxito de la revolución industrial se debía en buena medida a la capacidad de producir mucho más con menos trabajadores. Una máquina, por lo tanto, era más eficiente que un 114 taller artesanal de 50 personas. En consecuencia, los países industrializados invirtieron en la ciencia y en la tecnología para mejorar su industria y la producción de sus productos. Sin embargo, era difícil para los hombres del siglo XIX preveer los trastornos sociales que la industrialización ocasionó. Por un lado, el artesano se convirtió en un “engrane viviente” de las fábricas. No es gratuito que en el siglo XIX surgiera el término “autómata”, que se refiere a una persona que actúa como si fuera una máquina. El trabajo industrial del obrero o proletario pasó de ser un trabajo artesanal y relativamente creativo a un trabajo monótono, desmoralizante, desgastante y poco remunerado. El proletario moderno “ya no posee nada: ni el lugar de trabajo, ni la materia prima, ni los instrumentos de producción, ni la capacidad de desarrollar el entero proceso laboral, ni el producto de su trabajo, ni la posibilidad de venderlo en el mercado. Precisamente al entrar en aquella fábrica, que tiene su mayor fuerza productiva en la gran ciencia moderna, ha sido expropiado también de la pequeña ciencia inherente a su trabajo; ésta pertenece a otros y

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