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Edición 12 de abril de 2018

Opinión 14 Jueves

Opinión 14 Jueves 12 de abril de 2018 Diario Co Latino Al encuentro del ciudadano Lula en la cárcel César Ramírez @caralvasalvador Es significativo después del 04MAR018 una reflexión sobre los motivos políticos dentro del modelo capitalista y las posibilidades concretas de los partidos, situación que refleja en última instancia la “salud” democrática nacional. El panorama puede ser muy emoti- vo por una catastrófica imagen de algunos personajes de la clase política, capaces de hacer pactos con el diablo, recursos constitucionales (no escritos), alianzas con el narcotráfico (casos de alcaldías), obstrucción y coacción al voto, el 4 de febrero de 2018 el obispo de San Vicente participa en concentración a favor del partido ARENA, cuando el artículo 82 constitucional lo prohíbe expresamente, etc., hasta “extraños” crímenes que más parecen mensajes a la clase política: el asesinato del sacerdote Walter Osmir Vásquez y la concejal electa en Ilopango de GANA Claudia Patricia Guillén de Gudiel. Es necesario considerar que un ciudadano “no vive de la política” sino de su empleo, la movilidad social que implica mejor calidad de vida e ingresos es mínima, no obstante el ciudadano requiere de servicios sociales factibles, un ciudadano requiere de la promoción individual o comercial con su propio esfuerzo, pero la diferencia con los miembros de la clase política es abismal, es una desigualdad legal, la cual crece con el tiempo en lugar de disminuir en cada administración; ese es uno de los abismos, otro, la falta de comunicación con los gobernantes o sus representantes, al igual que la falta de entendimiento entre los institutos políticos para encontrar soluciones nacionales en lugar de promover sus intereses particulares: pensiones (que han afectado a sectores nacionales con la reforma), transporte colectivo, aborto (que condena a morir a las madres por presumirlas culpables), recursos hídricos, la corrupción, financiamiento del Estado, Seguridad Nacional, etc. Los partidos políticos deben regresar a su esencia ciudadana, llamar a la participación, abrir sus foros, escuchar a los trabajadores, reconocer a los intelectuales en lugar de excluirles, aceptar las críticas, premiar la excelencia académica, industrial, científica, cultural, con instrumentos democráticos teóricos, crear movimientos sociales. En el modelo capitalista, el cual no cambiará en esta generación y la siguiente, la fuerza reside en la movilidad social, el ascenso económico de la base social, si algo enseñó la guerra civil fue la capacidad de objetivos comunes con muchas fuerzas democráticas, lo cual fue un encuentro exitoso. La unidad nacional debe prevenir las crisis sociales. www.cesarramirezcaralva.com Publicación de la Cooperativa de Empleados de Diario Co Latino de R. L. 23 Avenida Sur No. 225 San Salvador www.diariocolatino.com facebook.com/diariocolatinoderl @DiarioColatino Director: Francisco Elías Valencia Jefe de Prensa: Nelson López Coordinadora de Redacción: Patricia Meza Teléfonos: 2222-1009, 2271-0671, 2271,0971 Fax: 2271-0822 127 AÑOS INFORMÁNDOTE CON CREDIBILIDAD Isaac Bigio* El 7 de abril el expresidente brasilero Luiz Inácio Lula da Silva se entregó a las autoridades para acatar la orden judicial que le ha condenado a 12 años tras las rejas. Lula se entregó luego que sus partidarios organizaron un acto masivo con miles de personas que le fueron a respaldar al local del Sindicato de los Metalúrgicos de São Bernardo do Campo donde él estaba. En marzo 2016 su casa fue allanada pues se le acusaba de haberse lucrado con 8 millones de dólares, con dádivas entregadas por corporaciones que se beneficiaron con su gobierno. Luego en julio 2017 fue condenado a 9 ½ años de cárcel por corrupción, plazo que aumentó 2 ½ años más en la fallida apelación. Él es el primer exgobernante brasilero que es sentenciado y encarcelado por corrupción, pese a que gran parte de los grandes políticos y de los congresistas de dicho país han estado implicados en acusaciones de tal índole, incluso de mucho mayor envergadura. Hay dos cosas que llaman la atención: 1) Hay varias corporaciones brasileras implicadas en decenas de actos de corrupción en todo ese país y Latinoamérica, pero no hay muchos escándalos que envuelvan a corporaciones norteamericanas, muchas de las cuales buscan utilizar estos procesos legales para contrarrestar el crecimiento que sus rivales comerciales sudamericanos habían venido haciendo en este siglo. 2) Si bien es innegable que hay muchos casos de corrupción en los cuales han estado envueltos varios dirigentes del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, hay decenas de congresistas y dirigentes importantes de otros partidos que están envueltos en mayores casos de corrupción que no vienen siendo procesados, incluyendo el actual presidente Temer y su partido, el PMDB, la fuerza que en más gobiernos ha participado en el último cuarto de siglo. A Lula se le acusa de estar viviendo en un departamento dado por una corporación a cambio de favores políticos. Él aduce que él no es propietario de este y que se le está haciendo una persecución política por haber ayudado a disminuir las graves diferencias sociales durante su gobierno. El Partido de los Trabajadores (PT) ha ganado todas las 4 elecciones presidenciales que se han dado en Brasil en este milenio (2002, 2006, 2010 y 2014) y, según las encuestas Lula es el favorito para ganar las de octubre 2018. Toda la estrategia lulista consiste en demostrar, acatar la ley y en aprovechar la cárcel a Lula como arma electoral para ganar simpatía popular. Lula aduce que es hoy un héroe perseguido y el PT va a querer seguir creciendo en las encuestas tratando de inscribirlo como su candidato presidencial y, en caso de no poderse concretar ello, nominar a una figura que debiera ganar los comicios bajo la promesa de liberarlo. La justicia brasilera ha sido acusada de estar parcializada y que está bajo la presión de la media y de las FFAA. La moralización de un país y las sanciones a todos los corruptos requieren de un sistema judicial independiente. El encarcelamiento de Lula se da casi al mismo tiempo que en Perú se libera a Fujimori, quien sí tiene graves casos de corrupción y violación de derechos humanos. La Central Única de los Trabajadores (CUT) que dicho sindicato y que Lula fundaron sigue siendo la más poderosa confederación laboral de Latinoamérica. Esta bien pudo haber llamado a sus afiliados a hacer una huelga o marchas multitudinarias para evitar dicha prisión y antes, cuando Dilma estaba en la presidencia, a evitar que ella sea depuesta. Sin embargo, el propio PT fue enajenando a su base social con medidas de ajustes e implicaciones en casos de corrupción, y luego con marchas contra el alza de pasajes o las obras de construcción para las olimpiadas y el mundial. El PT fue echado del poder por el mismo partido PMDB con quien se alió y que fue uno de los dos partidos que la dictadura militar impulsó. En cierta medida Lula y el PT fueron castigados por quienes se favorecieron de ellos. Como bien dijo Lula, él es partidario de la “legalidad” y no de una “revolución” y ha preferido someterse voluntariamente a pasar condena rechazando públicamente la posibilidad de exiliarse en una embajada, tal como lo ha hecho Assange en la ecuatoriana de Londres o lo hizo Haya de la Torre en la embajada colombiana en Lima. Brasil está entrando en un proceso de seria crisis política. No se vislumbra ningún candidato que dispute en popularidad a Lula, quien va a tratar de utilizar su prisión como plataforma para que él o su partido vuelvan a la presidencia. *Analista internacional

Diario Co Latino Opinión Jueves 12 de abril de 2018 15 Bueno, pero ¿qué debe ser el socialismo hoy? Iosu Perales En Europa, en la segunda mitad del siglo XIX la confianza en el progreso era bastante general. Era la idea moderna por excelencia. La visión ascendente de la historia era optimista frente a quienes veían la historia como una repetición cíclica. La fe en la razón abundaba en la convicción de que el futuro sería necesariamente mejor. Quedaba superada una concepción según la cual el presente es repetición del pasado y todo regresa al punto de origen, el mundo se degrada y se renueva, se degrada y se renueva. No cabe duda que esta nueva visión jubilosa de la historia es hija de la cultura judeo-cristiana pues culmina en el reino feliz. La cuestión es si tras el tiempo transcurrido, las respuestas dadas a dos guerras mundiales, al genocidio nazi, al gulag, y a los actuales conflictos sangrantes que nos asolan, nos permiten mantener como verdadera la creencia laica en el progreso. El conocimiento permite prever el futuro se decía, pero si así fuera seríamos aún más responsables del fracaso de la razón. Hegel decía que la razón, la conciencia y la cultura van creciendo y perfeccionándose, pero yo no veo que la historia se mueva hacia la racionalidad y la libertad. Tal vez yo no tenga razón y me falta idealismo. Sí, creo que en la segunda mitad del siglo XIX había motivos para abrazar la modernidad. Entonces había una competencia entre sistemas de creencias en la búsqueda de una fuerza motriz de la historia. Conocer esa fuerza era tener la llave del conocimiento del futuro. Era saber lo que mueve a la historia. Se pugnaba pues en identificar un principio rector que ayuda a construir certezas. Lo que quiero decir es que había gran competencia entre corrientes de pensamiento. El socialismo encontró su fuerza en el curso de la historia y en el optimismo, al que el himno de Eugène Pottier le puso letra, La Internacional. Claro que hay que decir que los socialistas del siglo XIX y principios del siguiente no imaginaron hasta qué punto el siglo XX se convertiría en un gran matadero. No obstante, esa fe del socialismo de la época en un final victorioso, es lo que hizo posible su extensión por el mundo. A pesar de las penalidades y de luchas desiguales la historia se decantaría del lado de la clase obrera, de los pobres de la Tierra. El problema de este tipo de promesas es ¿qué pasa si los pronósticos no se cumplen? Es exactamente lo que ha ocurrido. Al hacerlo ha ido entrando en crisis su relato, su cosmovisión. Aquel socialismo que dibujaba una sociedad final, incluso al detalle, se ha ido debilitando. Por eso, frente al liberalismo, alguno de cuyos sectores predica el final de la historia, el socialismo ha ido perdiendo terreno y decayendo su influencia, y en adelante todo es más incierto y dependede su renovación, de su propio ajuste de cuentas y, sobre todo, de sus luchas. Ahora el socialismo sabe que la historia es una construcción humana, como bien dice el boliviano García Linera, no un movimiento autónomo con final feliz, no una rueda de luces desplegándose lumino- sa hacia el futuro. Pero, ¿qué deber ser el socialismo hoy? Para empezar debe liberarse de una mochila que le viene del siglo XIX y le ha proporcionado durante la mayor parte del siglo pasado un mundo subjetivo seguro, pero ineficaz para el tiempo que vivimos. En adelante deberá negociar con la incertidumbre. Sin embargo, el baño de realidad no debe conducirle a la vía muerta de la desmovilización, del descreimiento, del relativismo como sistema, de la rendición ante el capitalismo. Debe liberarse por consiguiente de los complejos que le han llevado a desentenderse de construir un modelo de vida y de economía alternativo, conformándose con ser un gestor con rostro humano del capitalismo y su corolario el neoliberalismo. En cualquier caso el socialismo no debe renunciar a la utopía en términos éticos, pues constituye una idea-fuerza que reúne a la razón y a las emociones, en torno al horizonte de un mundo mejor. El socialismo no debe ser un ideal encorsetado y administrado por los partidos políticos que actuarían como guardianes de un libreto. Solo tendrá vida presente y futura si cala en la gente y la gente lo hace suyo como posibilidad inédita, como nueva forma de vida que aborda todas las dimensiones de la vida humana y de la naturaleza. Pero para que esto ocurra es fundamental librar la batalla de las ideas, en unas sociedades donde los medios de comunicación y los mensajes diarios conforman la hegemonía de valores y proyectos opuestos al socialismo y conducentes a un pensamiento único. Esta batalla da espacio a los partidos políticos para defender ideas y propuestas que se presenten tan alternativas como posibles. Pero para que esto ocurra los partidos que dicen estar por el socialismo han de asumir que sus estrategias han de pasar por la superación del capitalismo no por gestionarlo. Paso por alto los temas que debieran centrar el socialismo de hoy, desde la redistribución de la riqueza a la economía mixta y al Estado regulador; desde la igualdad de género a la economía del cuidado; desde las libertades individuales y colectivas a la división de poderes; desde los derechos de la naturaleza al buen desarrollo de los territorios; desde el multilateralismo al desarme nuclear... Son muchos los asuntos que debe proponerse el socialismo hoy. Me limito en esta ocasión a centrarme en la democracia que se espera del socialismo. La democracia sigue en tensión con el Estado y en guerra con los grandes poderes dueños del dinero. Sus peores enemigos son los internos. Y es un hecho que su peso en la sociedad va descendiendo como consecuencia del mal hacer de partidos políticos e instituciones. El socialismo ha de proponerse su regeneración, lo que implica el rescate de la política, de su actividad e instituciones, del secuestro a que está sometida por parte de los grandes poderes globales y estatales que son la suma del Estado formal que se ve y del Estado profundo que permanece detrás de las cortinas del gran escenario. Desgraciadamente no manda la democracia, mandan poderes no votados. El socialismo debe rebelarse contra esta realidad, denunciándola y proponiendo alternativas activas que devuelvan a los parlamentos toda su capacidad de deliberación y creación de óptimas legislaciones; que terminen con la judialización de la política que en ocasiones conduce a un sutil gobierno de los jueces; que devuelvan a la sociedad, al demos, toda su capacidad de decisión en asuntos de interés general, desde políticas sociales al derecho a decidir en los territorios con sello de nacionalidad, indígena o no. Contradictoriamente, la democracia de hoy ha terminado por fabricar esferas de poder opacas, como consecuencia de su apropiación por fuerzas políticas e instituciones, también por la burocracia, que se erigen en administradores por excelencia de la democracia misma. Hay un cuerpo político por encima de la gente con escaso interés real por distribuir el poder en la sociedad. Su interés está concentrado en capturar electoralmente a la ciudadanía En sentido contrario, el socialismo de hoy debe procurar la institucionalización de mecanismos de mediación entre sociedad y política, lo que pasa por crear amplios espacios de participación ciudadana. Facilitar esta participación en la formación de voluntades de gobierno, en lo local, en lo regional y en lo estatal. Justamente, la participación ciudadana es lo que hace que cada vez más la vida política refleje los intereses, proyectos y opciones de la ciudadanía, y no de los grupos instalados en su interior, como ahora sucede. Uno de los grandes retos del socialismo es el de la relación entre leyes y democracia. Esta última, es fuente de leyes que deben ser respetadas a fin de que la sociedad funcione de acuerdo con unas reglas de juego adoptadas. Pero el Estado de Derecho debe rendir cuentas al Estado Democrático, cuando las leyes vigentes no están preparadas para resolver conflictos. Es entonces cuando la democracia debe disponer los cambios legales que se necesiten para una vida en sociedad. El socialismo no debe caer en la trampa del liberalismo de atrincherar la realidad en una camisa de fuerza tejida por leyes inmutables. Para la derecha la prioridad es lograr la obediencia de la ciudadanía, pero para el socialismo debe ser lo contrario: debe impulsar una ciudadanía crítica. El socialismo debe ser hoy una fuerza social y política por democratizar la democracia. Una democracia de ventanas abiertas, que permita una buena ventilación en la sociedad, frente a la democracia delegativa, frente a la democracia minimalista o restrictiva, frente a la democracia únicamente procedimental (para elegir gobiernos). Las preguntas del socialismo son qué comunidad queremos, qué sociedad queremos, qué mundo habitable queremos. Se trata de las grandes interrogantes que deberían mover a la pasión de pensar y actuar. Sin duda, el momento en que vivimos pide una actitud de remover las aguas, el reverso de la comodidad y del remanso intelectual. Exige aceptar que el futuro es inseguro, no comprobable, y que debemos concebir la vida como una batalla permanente superando todo pensamiento complaciente.