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6 months ago

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la posibilidad de

la posibilidad de realizar nivelaciones a un kilómetro de distancia, ignorando, en efecto, el error ocasionado por la esfericidad de la tierra. Sin embargo, la consideración del error de esfericidad, tiene aún otras aplicaciones muy interesantes que trataremos someramente aquí. Por ejemplo, la posibilidad de realizar nivelaciones de itinerario en tramos enormes entre uno y tres kilómetros, usando el sistema de faroles de señales luminosas en la noche y aplicando después el error de esfericidad correspondiente para fijar la cota correcta en esos puntos. Luego, puede utilizarse la referencia así colocada para la valoración de los errores de estacionamiento acumulados en la nivelación fina del itinerario, en distancias cortas, no mayores de 70 metros. Otro supuesto muy interesante es la determinación del nivel exacto en los largos sifones que en tantas ocasiones se realizaron 77 . Nivelar con precisión itinerando a lo largo del valle, descendiendo notablemente para volver a ascender, puede ser una labor muy compleja, acompañada de otras muy costosas como la deforestación, etc. El número de estacionamientos puede ser tan grande que haga inasumible el error provocado por esta cuestión. Una sola visual nocturna, aplicando el error de esfericidad, nos dará la cota más precisa de entre las que se pueden obtener por traslación desde el otro extremo. Para todas estas operaciones es necesario calcular la distancia horizontal a la que se halla el punto de la cota trasladada. Para ello, es necesario poner en juego otras operaciones de topografía que determinen esta distancia. Por ejemplo la sencilla medición, desde una base auxiliar con estaciones en sus extremos, de los ángulos que forman las visuales de la base con el punto lejano, forzando a que uno de estos ángulos sea el recto. Los romanos, en su labor de replanteo de la conducción del agua, darían una última nivelación de precisión al canal, la que sirve para el refino final. Fuera el canal excavado sobre el terreno, en el interior de una galería, instalado sobre arquerías o sobre muros de sostenimiento, esta última nivelación se realizaba con el corobate siguiendo el itinerario sobre la propia caja del canal ya construido, en el sentido de avance, desde donde es muy ventajoso trabajar con el aparato y realizar comprobaciones iterativas del desnivel acumulado en los diversos tramos, dejando entonces referencias permanentes sobre el propio canal. 77 En los sifones muy largos, aunque el técnico romano pudiera saber con la mayor precisión la cota idéntica en los dos extremos, realmente dejaban intencionadamente una caída del agua muy notable, de hasta varios metros, entre ambos extremos ya que las pérdidas de carga eran muy importantes y a lo largo de la vida del sifón las fugas las incrementaban aún más. 74

Hay que suponer que, dadas las enormes distancias en las que se mantenía la pendiente constante y previamente determinada para cada tramo, se reservaban en el perfil longitudinal pequeñas caídas de nivel de resguardo para posibilitar correcciones en esta última fase de nivelación. Si no fuese necesario el empleo de estos resguardos, estos pequeñísimos saltos se absorbían en los pozos de registro, creándose en ellos un pequeño salto hidráulico. Estos pozos, reservados en principio a facilitar la construcción y el mantenimiento, servían finalmente para varias funciones simultáneamente. Al producirse en ellos un ensanchamiento de la sección, la velocidad disminuía de todas formas para recuperarse de nuevo a la salida. Precisamente disponían en ocasiones de areneros para recoger la sedimentación que se producía por este motivo. Además de la función hidráulica evidente, constituían la mejor vía de conexión del acueducto con el exterior, marcando en superficie la situación de la canalización subterránea. 4.5 Perforación de galerías La construcción de túneles era muy frecuente en las obras públicas romanas. Probablemente la que más dificultad revestía era la de las galerías destinadas a la conducción de agua, que además eran numerosísimas. Tengamos en cuenta que habitualmente en un acueducto la conducción subterránea constituía el mayor porcentaje de la conducción, con mucha diferencia sobre los tramos construidos en superficie o sobre arquerías. La estrechez y las reducidas dimensiones de la galería dificultaban mucho su construcción pero también su replanteo tanto en planta como en alzado. El trazado de estas galerías dependía en muchos casos del terreno que tenían encima. Trazar la galería como proyección de la planta establecida en superficie era lo más habitual. La galería podía ser recta o ir describiendo quiebros, normalmente en los pozos de registro, que siempre se promediaban a cierta distancia. El replanteo de la galería se trasladaba desde la superficie al canal a través de los pozos. Estos eran construidos siempre antes que la canalización, fijando en su fondo la cota de la canalización y la dirección que debía llevar mediante la ayuda de hilos con plomadas. 75