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Revista Hegemonía. Año I Nº. 2

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 41-2008 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

call centres orientados

call centres orientados a una sola actividad: trollear los comentarios en las redes sociales, pero también en los demás foros de conversación virtual y hasta en los comentarios de los portales de noticias. Al escuchar la palabra troll, el sentido común de los que hemos nacido en el siglo XX hace la imagen de un pibe encerrado con una laptop en su cuarto y, desde allí, provocando gente con sus comentarios estúpidos de púber imberbe. Esa imagen está muy disociada de la realidad, por cierto, ya que los trolls no son púberes y ni siquiera son humanos en un sentido estricto, sino más bien robots programados para publicar automáticamente determinado contenido en los comentarios mediante perfiles que no se corresponden con ningún individuo de carne y hueso, es decir, perfiles falsos. El trolleo hoy es una técnica de comunicación muy bien utilizada por la derecha en América Latina y ya empieza a mover el amperímetro en la política. ¿Por qué?, se preguntará el atento lector, con nosotros. ¿Por qué los comentarios y por qué eso termina moviendo el amperímetro? Según nuestra teoría, elaborada a partir de muchos años en el oficio de producir contenido y publicarlo exclusivamente en las redes sociales, las publicaciones continúan en los comentarios. Esto es así porque el lector o el consumidor de información promedio en las redes tiene el hábito de “chequear” los comentarios a ver qué dice “la gente” respecto a lo que acaba de ver o leer. Buena parte y quizá toda la opinión que el individuo tendrá sobre un determinado contenido va a formarse a partir de lo que digan los demás en los comentarios al pie de la nota o del video. La publicación en las redes sociales continúa en los comentarios, he ahí toda la teoría que hemos desarrollado y corroborado en estos años. Las buenas publicaciones, las que tienen más impacto y más “llegada” son aquellas que tienen gran cantidad de comentarios. Y la fuerza de persuasión del contenido de dicha publicación va a determinarse por las opiniones de sus comentaristas. Es como la vida misma, pero trasladada a un ambiente virtual, a un espacio que el poderoso ya ocupó. Por lo tanto, lo que para nosotros es una teoría, hace mucho que es la verdad para el poder, que actúa en consecuencia. El laburo troll Decíamos que los foros de discusión en las redes sociales y en los portales de noticias son como la vida misma, y no se trataba de una expresión retórica. También en la realidad “real” solemos buscar confirmación en la opinión de otros respecto a lo que tenemos delante de nuestros ojos. Los nietzscheanos dirían que un hecho será positivo o negativo según la valoración que haga la mayoría de él, lo que sería otra manera de negar la existencia de los hechos en sí a la moda nihilista. Lo cierto es que si vemos por la calle a una multitud aplaudiendo una barbaridad, lo más probable es que también nos pongamos a aplaudirla y así es la lógica del trolleo en las redes sociales y demás foros. Los ejemplos para ilustrar estas afirmaciones son inagotables. La peor noticia compartida en Facebook, la baja en las jubilaciones, por ejemplo, puede 22 HEGEMONIA - MARZO DE 2018

transformarse en una buena noticia para el sentido común si decenas de trolls instalan en los comentarios la “tremenda injusticia” que supone el haberse jubilado sin aportes previos; un tarifazo en los servicios puede relativizarse si en los comentarios hay muchos repitiendo que “era muy poco lo que se pagaba” o que en el interior del país las tarifas siempre fueron elevadas y no subsidiadas como en Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Como el sentido común no posee los elementos ideológicos de referencia para determinar si es bueno o malo lo que recibe como noticia, es entonces susceptible a la opinión de la mayoría “mejor informada” al respecto. Y resulta que esa mayoría no está mejor informada y ni siquiera es mayoría, sino una enorme cantidad de cuentas falsas operadas todas por el mismo individuo desde un call centre y muy bien coordinadas para instalar agenda. Otra función que realizan los trolls de modo muy efectivo es la destrucción de consenso sobre un determinado asunto. Cuando en las redes sociales empieza a formarse la organización alrededor de una idea, el troll es utilizado para “embarrar la cancha” y desviar el eje de la discusión, hacer enojar a quienes participan legítimamente del debate y hacer río revuelto. Con chicanas no relacionadas con lo que se está discutiendo, el troll logra captar la atención y desviarla hacia cualquier lado menos adonde debió realmente ir. El despliegue y la aplicación práctica de la teoría de los trolls y los comentarios es lo que orienta el trabajo de difusión en nuestros espacios en las redes sociales, sobre todo en Facebook. La Batalla Cultural se ocupa mucho de las respuestas y de perseguir a los trolls, de no permitir que causen el daño que es su objetivo en nuestras publicaciones. No hay en el Facebook de Argentina una comunidad más activa en los comentarios que la nuestra y alrededor de la prisión de Lula en Brasil —al igual que en las demás coyunturas similares— esa actividad se intensificó hasta llegar a los niveles más altos. En una palabra, tuvo lugar una invasión troll pocas veces verificada. El poderoso puede hacer muchas cosas, pero no puede hacer cualquier cosa. La comprensión de que la causa armada contra Lula está muy “floja de papeles” y de que los jueces involucrados en dicha farsa tienen los días contados indica que desde los call centre del poder fáctico la instrucción a los trolls fue la de meter más confusión. Para evitar que la discusión llegara a lo obvio ululante, que es la total ausencia de pruebas contra Lula da Silva en el juicio que lo condenó El jefe de gabinete de la Nación, Marcos Peña, señalado por diversas fuentes como el jefe del ejército de trolls que el gobierno neoliberal mantiene para operar en las redes sociales. por tener un inmueble que no es ni nunca fue suyo, un departamento donde jamás ni siquiera ha estado, la estrategia de “embarrar la cancha” incluyó acusaciones a los familiares de Lula, todas igualmente falsas, pirotecnia variopinta sobre características personales de Lula y mucho de “son lo mismo”. El comentario más repetido de los robots en las publicaciones sobre Lula fue “ni derecha ni izquierda, pero que vayan presos todos los corruptos”. Sin lugar a dudas, desde un punto de vista racional y equilibrado, nada más justo que exigir el castigo a la corrupción sin importar el color político del corrupto en cuestión. Pero la estrategia troll es sutil y esconde sus verdaderas intenciones: en este caso, 23 HEGEMONIA - MARZO DE 2018

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